El Gran Apagón como aviso: la secuencia de 13 pasos hacia la guerra nuclear
Un mensaje abrió el debate con una tesis incómoda: los apagones no son accidentes, son avisos. A partir de ahí, un relato en trece pasos que va del ataque «inesperado» de Putin a Ucrania hasta el gobierno mundial tras un intercambio de misiles intercontinentales. La cifra que sobrevuela toda la discusión:
1.500 millones de muertos entre directos e indirectos, y una economía mundial que retrocede cien años. El autor lo llama su «cuñadez». Otros lo llaman guion.
La secuencia, paso a paso
El planteamiento arranca con un ataque «inesperado» —Putin contra Ucrania—, sigue con sanciones brutales y escalada retórica, y continúa con el uso de bases de la OTAN para que un país proxy golpee al enemigo. Después llega el «pepinazo» del enemigo contra una instalación aliada, el pretexto para la respuesta en masa y el rechazo ruso. A partir de ahí, el relato se vuelve apocalíptico: los rusos se abren paso por Europa, alguien suelta una bomba nuclear táctica antes de que crucen Alemania, y empieza el intercambio.
Nueve de los trece pasos son escalada militar pura. Los cuatro últimos son el alto el fuego, el gobierno mundial, la prohibición de las armas de destrucción masiva y el recuento de cadáveres.
La reacción no fue unánime. Hay quien sostiene que es «una opción posible» y quien responde con un «no te doy la razón, pero tampoco te la quito». La crítica más repetida no es moral, es técnica: la radiación. La respuesta del autor es que
Hiroshima y Nagasaki se recuperaron en menos de 25 años, que la mayor parte del fallout caería en el hemisferio norte —«es lo que quieren los del NWO», dice— y que
500 bombas no son las 16.000 que existen. No lo van a lanzar todo. Está calculado.
¿Es comparable Hiroshima con un arsenal moderno?
No. Es el argumento más sólido contra la tesis del «vergel radiactivo». Las bombas de 1945 eran de fisión y del orden de
15 kilotones; las tácticas actuales rondan los
340 kilotones y las estratégicas se miden en megatones. La diferencia no es lineal, es exponencial. A eso se suma el armamento de radiación intensificada —las llamadas bombas de neutrones— y las que no detonan correctamente y funcionan como bombas sucias. El escenario resultante, según este cálculo, no deja «un par de millones viviendo en la Patagonia en taparrabos», sino algo bastante peor.
El autor contraataca con Chernóbil: en la zona de exclusión hay manadas de lobos y de alces, un vergel. Cierto. Pero la zona de exclusión no es lo mismo que cien ciudades arrasadas simultáneamente, con la infraestructura sanitaria, logística y alimentaria colapsada. Ahí el problema no es la radiación: es el hambre, el cólera y el invierno sin calefacción.
El PEM, la alternativa que algunos ven más plausible
Frente al escenario nuclear, emerge otro: el pulso electromagnético. Un buen zambombazo EM fríe la electrónica sin dejar radiación persistente. El primer día ya habría miles de muertos por caos, anarquía, aviones cayendo del cielo e incendios. La ventaja narrativa es que no requiere que nadie se crea un intercambio de misiles «y a casita». La pega, señalan desde el otro lado, es que después de un PEM suele venir un lanzamiento masivo de misiles. Sería muy descarado.
Hay una tercera vía que aparece en la discusión: la explosión de un buque metanero en una gran ciudad europea. Conllevaría la prohibición de estos buques por peligrosidad, el estrangulamiento energético del continente y la excusa perfecta para implantar el pase digital europeo «por seguridad», no por covid. Encaja mejor con la línea de los últimos años, admiten, que un holocausto nuclear.
China, los recursos y el hemisferio sur
El papel de China también se discute. Unos sostienen que sin Occidente no es nadie: depende de todo el mundo para mantener sus fábricas funcionando y alimentar a su población. Otros recuerdan que el objetivo declarado es el mercado interno. En el escenario nuclear, China entra «de lleno en la fiesta» porque no va a dejar Siberia en manos de la OTAN. Y el hemisferio sur no se libra: si no puede desarrollarse sin la maquinaria del norte, «también tendrán su regalito en forma de arma bacteriológica».
La pregunta de fondo es si todo esto es un plan o un guion. La respuesta más honesta que aparece es que nadie lo sabe. Pero el calendario, dicen, ya está marcado.
¿Y si el apagón solo era el aviso de que el siguiente paso ya está en marcha?