Mil millones de espermatozoides y una fuente que nadie encuentra
¿Existe una secretaria de Estado del Gobierno de España capaz de sostener que un hombre heterosexual aborta mil millones de personas cada vez que se masturba? La cita circula con una atribución muy concreta —el varón hetero estaría abortando al eyacular y luego se permitiría dar lecciones sobre los cuerpos y los fetos ajenos— y con un agujero igual de concreto: nadie ha enseñado el original. Ni el medio que la publicó. Ni el vídeo. Ni el acta.
La declaración, tal como se reproduce, habla de
mil millones de personas en forma de espermatozoides. El problema no es solo biológico. Es de trazabilidad. Quien la atribuye a una
secretaria de Estado debería poder señalar dónde se dijo; quien la niega, dónde se demostró que no. Ese paso sigue sin darse, y no porque se haya buscado poco.
¿De dónde sale la frase sobre los espermatozoides?
De una búsqueda que no encuentra nada. La petición de fuente se repite sin éxito: el texto se cita con soltura, pero el enlace que lo respaldaría no aparece por ninguna parte. En un ecosistema donde cualquier salida de tono de un cargo público se revisa al minuto, que una frase de este calibre se quede huérfana de prueba invita a dos hipótesis. Una: se dijo y no se grabó. Otra: se fabricó y a nadie le ha importado lo suficiente confirmarlo antes de difundirlo.
Hay un detalle que refuerza la segunda. Varios de los que más duro cargan contra la autora reconocen a la vez que no han localizado el origen, y aun así dan el contenido por bueno. Otros lo defienden como
broma o exageración. Hasta que aparezca la prueba —o la desmentida—, lo honesto es tratarlo como atribución no verificada y no como declaración confirmada.
¿Un espermatozoide es una persona? Lo que dice la biología
Un espermatozoide aporta la mitad de la información genética del ser humano; el óvulo, la otra mitad. No tiene tejido nervioso. No tiene consciencia. No puede desarrollarse por sí solo.
Es una célula, no un ser humano. Cualquier manual de secundaria cubre este terreno, lo que explica el estupor que genera que la frase se atribuya a alguien con responsabilidades de Estado.
La comparación con el feto tampoco se sostiene por el otro lado: un embrión de
tres meses ya presenta cabeza, brazos y piernas. El choque de relatos es evidente. Se sostiene que un puñado de células sin sistema nervioso equivaldría a una vida y que un feto formado sería material desechable, según el interés de cada cual. Esa contradicción, real o atribuida, es la que ha hecho saltar la liebre mucho más que la propia cita.
Si ovular fuera abortar: la reducción al absurdo
De
28 días es el ciclo menstrual medio. Si el criterio fuese la potencialidad biológica, cada ovulación —una célula más por ciclo— sería un homicidio mensual y toda mujer, una asesina recurrente. Quien esgrime ese argumento no busca ganar el pulso biológico: busca mostrar que llevar la tesis contraria a su extremo la derrumba sola.
No es una ocurrencia nueva. Santo Tomás de Aquino ya dedicó razonamientos a probar que el alma está en el semen —«nada vive sino por el alma, pero el semen es vivo»—. La diferencia es que él lo hacía con teología medieval y sin pretender declarar a nadie abortista.
El sueldo de 120.000 euros que se cuela en cada discusión
Al margen de la biología, hay una cifra que reaparece una y otra vez: la retribución atribuida a ese cargo,
120.000 euros anuales, que se seguirían percibiendo hasta que se forme un nuevo Gobierno. El argumento se repite: si la frase es un disparate, el disparate lo pagamos entre todos.
Detrás de ese enfado hay una discusión de fondo sobre el coste de la administración y sobre la relación entre sueldo público y calidad del debate que ese sueldo financia. No es un detalle menor en un país donde el gasto público y la retribución de los altos cargos son tema recurrente.
Ironía o tesis literal: la lectura más caritativa
Una parte del análisis sostiene que la frase no es una tesis, sino una trampa dialéctica: quien defiende que el feto es persona tendría que aceptar, por coherencia, que el espermatozoide también lo es, y así caer en su propia contradicción. Es la lectura menos mala. La más mala es que se dijo en serio y que revela un desconocimiento básico de biología.
Entre ambas posturas se mueve casi todo el mundo. Unos exigen la fuente antes de creer nada. Otros dan por hecho que el estilo encaja con el personaje. Y unos terceros, más prácticos, concluyen que da igual: si existe, confirma lo que ya pensaban; si no existe, el sector al que se atribuye tiene un problema de imagen que no se arregla con desmentidos.
Sea como fuere, mil millones de candidatos a persona caben en una servilleta de papel y ninguno tiene tejido nervioso. Cuando aparezca la fuente —si aparece—, revisamos la biología. Hasta entonces, la única célula que trabaja a destajo aquí es la del rumor.