Santander a 2 euros: la apuesta que divide a los inversores
Hay una escena que se repite cada vez que un banco español se acerca a un número redondo en bolsa: alguien decide que ese es el suelo, que a partir de ahí solo puede ir hacia arriba, y que la ocasión merece jugarse el patrimonio entero. La tesis que abre esta discusión es exactamente esa: si el Santander vuelve a tocar los 2 euros, entrar con todo. La idea, formulada sin matices, es que en las caídas más brutales del año —la del 12 de marzo, cuando el valor apenas bajó de los 2,1 y 1,9 euros— los grandes bancos españoles no se dejaron caer del todo porque hay manos que no quieren que caigan. El autor de la propuesta lo resume así:
«los buque insignia lo van a pasar mal, pero no los van a dejar caer», citando expresamente a BBVA y Santander.
La respuesta no se hizo esperar. Y no fue amable.
¿Es el Santander una inversión o un cuchillo cayendo?
El primer contraargumento que aparece es el más obvio y el más demoledor: el Santander lleva tres años en caída continua antes de la pandemia. Un valor que arrastra ese historial no es una oportunidad, es una trampa. La metáfora que se repite es la del cuchillo:
«nunca se le echa la mano a un cuchillo que cae», y menos aún se sale a navegar con tormenta. La referencia al Popular es constante: sus últimos accionistas pensaban exactamente lo mismo, que el banco era demasiado grande para caer, y acabaron con las acciones a cero.
Hay quien va más allá y señala el problema estructural del sector: la
banca opera con tipos de interés nulos, lo que deja poco margen. Y el Santander, además, tiene un historial de dilución del accionista que no invita al optimismo.
En 2020 el banco canceló todos sus dividendos, mientras BBVA no lo hizo. Para un inversor de largo plazo que busca rentas, esa diferencia pesa.
La ironía recorre buena parte de las respuestas. Se sugiere pedir un préstamo al propio Santander para invertir en el Santander, porque así, si el banco quiebra, ya no hay a quién devolverle el dinero.
Un win-win de libro. Otros proponen directamente meter la mitad en Liberbank y la otra mitad en el Popular, dos entidades que a la fecha de esta discusión ya no existían como tales.
El precedente de General Motors y otras quiebras que nadie vio venir
La comparación más instructiva que aparece en la discusión es la de General Motors. En 2009, GM había caído desde los 70 dólares hasta rondar los 9. Parecía demasiado grande para quebrar. De un día para otro, la cotización se paralizó y la empresa se declaró en bancarrota. Poco después se emitieron nuevas acciones que se vendieron a buen precio, dejando a los antiguos propietarios con nada. El paralelismo con el Popular es evidente: nadie pensaba que fuera a quebrar, era considerado el banco más saneado de España, sin crédito promotor. Y quebró.
La conclusión que extraen varios participantes es que la bolsa es impredecible.
Lo que hoy parece un suelo mañana es un precipicio. Y añaden un matiz psicológico: cuando se gana un 20%, nadie se manifiesta; cuando se pierde, se montan comités de accionistas, demandas grupales y plataformas de afectados. La asimetría entre ganancias y pérdidas es total.
La alternativa: diversificar en lugar de apostar todo a una carta
Frente al todo o nada, surge la propuesta de construir una cartera diversificada. Varios montones: uno a Telefónica, otro a Santander, otro a BBVA, Mapfre, Repsol, AT&T. Hasta treinta o cuarenta posiciones distintas. La idea es que si una se va a cero, las demás compensan. También se menciona la opción de un ETF, que permite dormir tranquilo esperando un suelo fiable:
los 6.000 puntos del Ibex o los 15.000-18.000 del Dow Jones son los niveles que se barajan como referencia para entrar.
Para quienes operan a corto plazo, el consejo es distinto: elegir empresas que a largo plazo vayan hacia arriba, para que si te quedas atrapado tengas posibilidades de recuperar lo invertido. Y si se opera en bancos, hacerlo con la conciencia de que no tienen suelo. El mínimo del Santander en esa época estaba en 1,77 euros, y algunos esperaban a que lo rompiera para buscar un rebote entre 1,60 y 1,70. La estrategia del casino, pero sabiendo que el valor es una ruina.
Los analistas también entran en la ecuación
En medio del pesimismo generalizado, aparecen las notas de los grandes bancos de inversión. Goldman Sachs recomienda comprar Boeing con un precio objetivo de 238 dólares, lo que provoca un repunte del 12% en el Dow Jones. Morgan Stanley se muestra optimista con Santander, con un potencial del 69%, y con BBVA, del 20%. La reacción del foro es de escepticismo absoluto:
«no me fiaría un pelo». Se recuerda que estos analistas son marketmakers, que pueden estar calentando el valor para provocar un rebote en el que ya están dentro. La desconfianza hacia el relato oficial de los grandes bancos es total.
La discusión deriva hacia el recuerdo de los directores de sucursal que recomendaban comprar BBVA a 9 euros.
La acción hoy cotiza a una fracción de ese precio. La anécdota sirve para ilustrar por qué muchos inversores desconfían de los consejos bancarios.
El cierre: el dato que descoloca
La discusión no llega a ninguna conclusión. Unos esperan a que el Santander baje de 1 euro para entrar. Otros planean comprar a 1,86 y vender a 1,96. Alguien bromea con que si el banco llega a 0,0000001 euros después de infinitos contrasplits, todavía habrá quien diga que no puede bajar más y que es la oportunidad de su vida. Y en medio de todo, un dato que nadie discute: el Santander cotiza a 1,83 euros, BBVA a 2,53, y el Ibex sigue haciendo aguas por todos los lados. La pregunta no es si el banco es una buena inversión. La pregunta es si alguien sabe realmente dónde está el suelo.