Pío Moa y el choque Israel-Hamás: el análisis que divide
La afirmación de Pío Moa de que «Israel no es un peligro para España, el
islam sí» ha reabierto un debate que va mucho más allá del historiador. En el centro de la discusión no está solo la figura de Moa, sino una pregunta incómoda: ¿puede analizarse el siglo XX sin anteojeras ideológicas? El texto que originó el intercambio sostenía que Moa es incapaz de desprenderse de las ideologías y que analiza el siglo pasado priorizándolas. A partir de ahí, la conversación derivó hacia terrenos mucho más ásperos.
Lo que empezó como una crítica al método analítico de Moa terminó convertido en un campo de batalla sobre el islam, el judaísmo, Israel y la política exterior española. La cita del historiador —que sostiene que Hamás proyecta arrasar Israel y que eso contenta a quienes compran el relato del «monstruo sionista»— sirvió de detonante para que las posiciones se radicalizaran en apenas unas horas.
La tesis de Moa y su contexto
Pío Moa, historiador conocido por sus trabajos sobre la Guerra Civil y el franquismo, es descrito en el material como «el mejor historiador contemporáneo en español» por algunos y como «un langosto en chándal mientras lee el Marca» por otros. La discrepancia sobre su figura es tan amplia como la que genera su tesis sobre Oriente Medio.
El núcleo de su argumento es que Israel no representa una amenaza para España, mientras que el islam sí. Para respaldarlo, se citan datos concretos: Israel ha colaborado en materia de inteligencia con las fuerzas del Estado español y se han evitado atentados gracias a esa cooperación. Frente a eso, se recuerda que el islam ha protagonizado atentados terroristas en España y los judíos nunca.
La defensa de Moa no se limita a lo factual. Se argumenta que Israel es un país occidental y socio de Estados Unidos en Oriente Medio, y que los judíos constituyen buena parte de la élite intelectual, científica y económica de Occidente. Desde esa óptica, el antisemitismo que recorre ciertos sectores sería, cuando menos, sospechoso de estar financiado por intereses ajenos.
El contraataque: Israel como amenaza para España
La respuesta no se hizo esperar. Una parte de los intervinientes sostiene que Israel sí es un peligro para España, y no precisamente por razones religiosas. Se afirma que Israel está armando a Marruecos para que pueda recuperar Ceuta y Melilla, y que espía a los políticos españoles. Son dos enemigos, se concluye, no uno.
Ese argumento se apoya en datos comerciales. Según las cifras que se manejan, Israel vende material militar a todo el mundo y España es su cuarto comprador. Marruecos no aparece en esa lista principal, aunque sí recibe armamento israelí: en concreto, el 11% de lo que compra. El principal exportador de armas a Marruecos es Estados Unidos con mucha diferencia. Y España también le vende armas a Marruecos.
La conclusión que se extrae de esos datos es que la tesis del «Israel nos protege» se sostiene mal cuando el mismo país que colabora en inteligencia vende armas a quien reclama dos ciudades españolas. La contradicción, señalan, es evidente.
El eje del 7 de octubre y la memoria del terror
El ataque del 7 de octubre funciona como referencia constante. Se advierte de que «el día de mañana podríais ser los protagonistas de una historia similar a la del 7 de octubre, pero vosotros en lugar de los colonos». La advertencia no es baladí: sitúa el conflicto como una amenaza que puede trasladarse a Europa.
En paralelo, se menciona que Netanyahu reconoce el tongo y afirma que «Hamás es el ISIS». El dato se utiliza para reforzar la tesis de que el grupo islamista no es un actor racional con demandas políticas, sino una organización con vocación genocida. Quienes defienden esa posición consideran que Hamás y no solo Hamás proyecta arrasar Israel y a sus habitantes.
La discusión deriva hacia la cuestión de los dos Estados. Se plantea que la solución más justa y racional, a falta de un Estado único secular, es la de los dos Estados, uno judío y otro islámico. Pero se añade que el sionismo religioso no está por la labor de retirarse de los territorios ocupados porque un libro revelado pone que son suyos por derecho propio, y tienen armas nucleares. La consecuencia, se augura, es que seis millones de palestinos van a ser dispersados por el mundo en los próximos años.
El islam como amenaza y la respuesta de los que no eligen bando
Una parte del debate sostiene que el islam es peligroso y que España es, para los musulmanes, otro lugar a recuperar. Se recuerda que los que invadieron durante siete siglos fueron los musulmanes. Y se añade que Israel enviará a los que queden en Gaza a Europa, porque ninguno de los vecinos de Palestina puede soportar el cambio demográfico: Egipto puede asimilar a pocos miles, El Líbano está a punto de desmoronarse, y en Jordania un tercio de la población ya es palestina.
Frente a esa posición, hay quien rechaza elegir bando entre dos facciones que considera criminales. Se argumenta que el islam y el judaísmo son dos religiones fanatizadas con patrones comunes de criminalidad, que ambas son semitas y están hermanadas, y que por eso se odian y son tan parecidas en sus ambiciones genocidas. El único bando que se escoge, se dice, es el propio.
La discusión sobre el poder judío también aparece. Se afirma que los judíos no quieren que nadie se convierta, porque solo se puede ser judío de nacimiento, y que son «el pueblo elegido», de modo que los no judíos solo existirían para servirles. Esa visión, que roza la teoría conspirativa clásica, es contestada con datos: entre los más poderosos del mundo hay algunos judíos, pero el porcentaje es pequeño, y muchos de ellos no tienen más vínculo con el judaísmo que Ted Cruz con España.
La cuestión de la culpa colectiva
El debate deriva hacia una pregunta incómoda: ¿son los judíos culpables? La respuesta que se da desde una de las posiciones es que el nivel de odio inmerecido que ha recibido esa gente, y sí, todos y cada uno de ellos, les da muchos puntos en la clasificación de inocentes que se defienden. No se trata de decir que sean moralmente todos buenos, se matiza, sino de reconocer que han sido objeto de un odio desproporcionado.
La contraargumentación es que no se conoce a todos los judíos ni a todos los antisemitas para enjuiciar si son inocentes o no, pero que se puede observar los hechos y atar cabos. Se rechaza la idea de declarar a los judíos «los buenos» de cualquier conflicto en el que se vean involucrados, pero tampoco «los malos» por defecto. Se apunta que demasiados poderosos con capacidad para decidir el curso de nuestras vidas son casualmente judíos.
La discusión se encona cuando se afirma que los judíos no quieren que nadie se haga judío, y que los no judíos solo existen para servirles. Esa afirmación, que reproduce el estereotipo clásico, es respondida con el argumento de que los judíos simplemente han pervivido donde otros no, y que los lugares de los que no han sido expulsados son los prósperos: la Venecia medieval, la Holanda del 1600, el París del XIX o el Nueva York del siglo XX.
El patriotismo europeo y el daño del nazismo
Una de las intervenciones más citadas sostiene que nada ha hecho más daño al patriotismo europeo que el nazismo, y que no hacían falta los supervivientes judíos para hacerlo ver. Se añade que quien lo aprovechó no fue Israel, que solo quiere vivir en paz, sino la URSS y ahora el islam. Los únicos amigos en ese delirio, se concluye, serían los propios judíos.
La respuesta es que el nacionalismo europeo no es lo mismo que el patriotismo, y que la legislación contra el racismo y el antisemitismo en toda Europa ha sido promovida por organizaciones judías. Se afirma que el asesinato de Duprat fue reivindicado por un grupo terrorista judío y ejecutado por el Mossad. Y se sostiene que a Hamás lo ha apoyado Israel.
El intercambio se vuelve más agrio cuando se acusa a un interviniente de ser «una perra judía» o de oler a «culo de moro». Son insultos que no aportan nada al análisis, pero que reflejan el clima en que se desarrolló la discusión. La moderación brilló por su ausencia.
El papel de España y la utilidad de Israel
En el terreno práctico, se plantea que Israel ha colaborado con España en materia de inteligencia y que se han evitado muchos atentados gracias a esa cooperación. Se añade que, después del posicionamiento del Gobierno español, España merecería que Israel la dejara tirada. La conclusión es que Israel es un socio útil y que el islam es el verdadero problema.
La contraposición es que Israel destruiría España sin dudarlo si le conviniera. Se recuerda que apoyó a los independentistas catalanes y que está apoyando a Marruecos. No hay aprecio, se dice, solo intereses. Y en esa lógica, España debería mirar por los suyos y no elegir bando entre dos potencias que no le deben nada.
La discusión sobre las armas vuelve a aparecer. Se insiste en que Israel vende material militar a todo el mundo y que España es su cuarto comprador, mientras que Marruecos recibe el 11% de lo que compra. El principal exportador a Marruecos es Estados Unidos, y España también le vende armas. La conclusión es que el farsante manipulador es quien presenta a Israel como una amenaza para España mientras le compra armamento.
El cierre: predicción con reservas
El debate no se cierra. Las posiciones siguen enfrentadas y no hay indicios de que vayan a converger. La predicción más plausible es que la discusión se recrudezca a medida que avance el conflicto en Gaza y que la cuestión de los dos Estados siga sin resolverse. Los palestinos, mientras tanto, siguen siendo el peor parado de cualquier escenario.
Lo que sí queda claro es que la figura de Pío Moa actúa como catalizador de una discusión que trasciende su persona. Su tesis sobre Israel y el islam conecta con una corriente de opinión que ve en el islam una amenaza existencial para Europa y en Israel un aliado natural. Frente a ella, otra corriente sostiene que Israel es un actor más en el tablero y que España no debe elegir bando. El choque no tiene visos de resolverse.
Datos clave del debate
- Israel vende material militar a todo el mundo y España es su cuarto comprador.
- Marruecos recibe el 11% de lo que compra en armamento israelí.
- El principal exportador de armas a Marruecos es Estados Unidos con mucha diferencia.
- España también le vende armas a Marruecos.
- Un tercio de la población de Jordania ya es palestina.
- Se augura que seis millones de palestinos serán dispersados por el mundo.