Empatía selectiva: el debate sobre Gaza que no cesa
Un hilo de 182 respuestas en el subforo de III Guerra Mundial arranca con una pregunta incómoda: ¿de verdad esa gente no tiene empatía? La respuesta que da el propio autor del mensaje inicial es tan categórica como discutible: haber abandonado a Dios y brindar cultos a demonios y ángeles caídos. A partir de ahí, el debate deriva hacia un terreno más reconocible: la supuesta ausencia de empatía como rasgo cultural, la instrumentalización del sufrimiento ajeno y la imposibilidad de sostener un juicio moral cuando ambas partes del conflicto tienen las manos manchadas.
El rescate de Nuseirat y la contabilidad de los muertos
El punto de inflexión del hilo es el rescate de cuatro rehenes israelíes en Nuseirat, operación en la que, según los mensajes, murieron 210 gazatíes, en su mayoría niños. La cifra se repite como un martillo:
210 muertos para recuperar a cuatro personas. Hay quien lo presenta como la prueba definitiva de que el Estado israelí no distingue entre combatientes y civiles, y quien responde que Hamás usa a la población como escudo humano y que las víctimas son, en última instancia, responsabilidad de quienes dispararon primero el 7 de octubre.
La discusión se encona cuando se introduce el caso del periodista de Al Jazeera
Abdallah Aljamal, fallecido en el mismo ataque y que, según se afirma en el hilo, custodiaba a dos de los rehenes en su domicilio. El detalle se lanza como un golpe bajo: si un colaborador de un medio internacional escondía secuestrados en su casa, ¿qué credibilidad tiene el relato periodístico sobre
Gaza? La respuesta, por el otro lado, es que un caso individual no invalida el sufrimiento colectivo.
La empatía como marcador cultural
El hilo se bifurca hacia una discusión más abstracta: ¿es la empatía universal o tribal? Una corriente sostiene que el cristianismo es la única religión que extiende la solidaridad más allá del grupo étnico y religioso propio, y que el islam, en cambio, exalta la supremacía árabe. Otra voz responde que el judaísmo es un plagio del mazdeísmo persa y que los argumentos usados para atacar al cristianismo son idénticos a los que usaría un sionista. El intercambio se vuelve teológico y, por momentos, bizantino.
Hay quien zanja la cuestión con una frase que resume el cansancio de buena parte del público español:
«hay mucha gente que pasamos de esa mierda de judíos vs musulmanes, que nos dan igual las cifras de muertos y los horrores, que ambos bandos nos caen mal porque somos conscientes de que nos odian y celebrarían nuestras desgracias». Es la postura del espectador que no quiere que el conflicto le salpique.
El 7-O como coartada moral
La matanza del 7 de octubre planea sobre todo el hilo. Para unos, es el pecado original que justifica cualquier respuesta posterior:
«los palestinos cosechan lo que sembraron». Para otros, es la coartada que permite a Israel hacer lo que ningún Estado democrático debería hacer:
bombardear una ciudad entera para castigar a unos terroristas. La comparación con ETA se usa en ambos sentidos: si España hubiera bombardeado Bilbao tras un atentado, el mundo habría gritado genocidio.
La cuestión de fondo es si un Estado puede hacer lo mismo que un grupo terrorista. La respuesta mayoritaria en el hilo es que no, pero con matices: se argumenta que Hamás es responsable de las muertes civiles por operar desde zonas pobladas, y se responde que eso no exime a quien lanza la bomba de distinguir entre objetivos militares y niños.
El Vaticano, el tercer templo y el fin de los tiempos
En la parte final del hilo, la discusión deriva hacia terrenos escatológicos. Se afirma que el Vaticano quiere que los judíos levanten el Tercer Templo en Jerusalén, que el Papa de turno moverá su sede allí y gobernará como sumo sacerdote junto al anticristo, y que todo tiene que estar listo para
2030. La especulación se mezcla con citas bíblicas y con la idea de que los protestantes estadounidenses terminarán con la primera enmienda de su Constitución.
Es el punto en que el hilo pierde cualquier anclaje en los hechos y se convierte en una profecía autoalimentada. Pero incluso ahí hay quien mantiene la cabeza fría:
«haz el bien y no mires a quién. Ya está. Todo lo otro es superfluo».
¿Qué queda de todo esto?
El hilo no resuelve nada, porque no hay nada que resolver. Lo que queda es la constatación de que el conflicto de Gaza ha roto los marcos morales de buena parte de la opinión pública española. Ya no se discute quién tiene razón, sino quién es menos malo. Y en ese terreno, todos pierden.