Batería virtual: el negocio de comprar a 8 y vender a 15
La batería eléctrica virtual no existe. No hay una pila gigante en la nube donde se guarden los kilovatios que viertes a la red. Lo que hay es una hucha: la comercializadora te abona un importe por tus excedentes y luego te lo descuenta cuando consumes. El problema es el diferencial. Según un cálculo que circula en el debate, te pagan a 8 céntimos y te cobran a 15. Ese margen, que varía según la comercializadora, el momento y el lugar, es el negocio. Y explica por qué la batería virtual, tal y como se vende, está condenada a ser un espejismo.
La trampa del diferencial
El mecanismo es simple. Viertes a la red cuando tus placas producen y no consumes. La comercializadora te lo compensa en la factura, pero a un precio inferior al que te cobrará cuando necesites tirar de la red. «Vuelvas a la red a 8 y cuando pides a la red te lo pasan a 15», resume el planteamiento inicial. Ese diferencial no es un error del sistema: es su esencia. La eléctrica de turno jamás te dará los kWh que vuelcas; te da un dinero inferior al que te cobra cuando vayas a cubrir la no generación.
La cosa se complica cuando llega el invierno. En diciembre y enero la producción fotovoltaica se desploma. Un participante con aerotermia y 18 placas de 550 W reporta unos 400 kWh producidos en diciembre, de los que unos 100 se autoconsumen y el resto va a la red. Su consumo invernal ronda los 700-1000 kWh mensuales. La hucha acumulada en verano se agota, y a partir de ahí todo se paga a precio de red. El cálculo completo, con los meses de déficit y superávit, da una diferencia que sorprende.
El espejismo de la independencia
Hay quien sostiene que la solución pasa por baterías físicas. Un participante afirma tener una batería de 15 kW y propone cargarla de noche en horario valle para descargarla de día, aprovechando la tarifa de vehículo eléctrico. «Habría que hacer números porque no estoy totalmente seguro de que esto sea amortizable con el precio de las baterías», admite. La idea es atractiva, pero choca con la realidad: las baterías siguen siendo caras y limitadas en su uso en el tiempo.
Otro participante desglosa su caso: instalación de 8.200 euros, subvencionada hasta 4.500, con 1.500 de ahorro en IBI en cinco años y 1.200 de desgravación. Total: 1.800 euros. «De momento he pagado 0 euros de luz desde que lo instalé», dice. Pero su caso es excepcional: tiene más de 400 euros acumulados en la batería virtual y afronta los meses de invierno con déficit. La rentabilidad depende del consumo, la ubicación y la generación.
El papel de las subvenciones
Las ayudas distorsionan el mercado. «Todo el chorro de ayudas que están metiendo en todas las capas del sector desvirtúa totalmente los números», se argumenta. Las grandes suministradoras también quieren su parte. Si algo se sustenta a base de ayudas y regulaciones, está condenado. La crítica es clara: si la tecnología es tan rentable, deberían dejar de subvencionarla y que la oferta y la demanda regulen.
El problema es que sin ayudas, los números no salen. Las baterías físicas son caras, y las virtuales dependen de un diferencial que siempre favorece a la comercializadora. La tendencia, además, es a pagar menos por los excedentes. «Poner placas para consumir sí, poner placas solo para generar excedentes es una gilipollez», sentencia un participante.
El futuro: penalizar el volcado
La cosa puede ir a peor. «Acabarán penalizando económicamente volcar a la red por falta de posibilidad/capacidad de almacenamiento», vaticina un participante. Ya no es necesaria más producción en horas de irradiación solar, sino en otros momentos. La energía solar es abundante y barata en las horas centrales del día, pero escasea cuando no hay sol. Eso presiona a la baja el precio de los excedentes y encarece el consumo nocturno.
La solución técnica existe: almacenamiento a gran escala, como compresión mecánica de aire o baterías de estado sólido. Pero eso no resuelve el problema del particular. Si se generalizan las baterías domésticas, el Estado perderá ingresos fiscales. «Pagarás por el almacenamiento particular porque no van a permitir renunciar a decenas de miles de euros en impuestos», advierte un participante. La pregunta es obligada: si la tecnología avanza y permite la autosuficiencia, ¿cómo evitará el sistema seguir cobrando?