Préstamo Naranja de ING: del 5,75% al 12,34% TAE de un día para otro
El Préstamo Naranja de ING apareció en su propio simulador con un
12,34% TAE, según el usuario que abrió el hilo. El día anterior marcaba un 5,75%, el mismo tipo que había mantenido estable durante meses. Y al día siguiente, la cifra se esfumaba: el configurador volvía a ofrecer un interés por debajo del 6% y la oferta anterior desaparecía sin explicación. Si el dato se sostuviera, el producto quedaría muy por encima de cualquier umbral razonable de usura. Hubo capturas.
Durante años ese préstamo se movió en una banda cómoda:
3,82% TAE en su mejor momento,
5,75% como tipo de referencia estable. Saltar al 12,34% no es un ajuste gradual, es doblar el precio del dinero en una sola pantalla. Y ocurre en un contexto donde los productos de ahorro del mismo banco siguen pagando calderilla.
¿A cuánto ha subido el Préstamo Naranja de ING?
El salto se documenta con capturas de fechas distintas. Una del
3 de enero de 2022, con el tipo muy por debajo del actual. Otra del
2 de junio de 2023, en la que ya aparece un tramo contratado por valor de 17.000 € más. Entre medias, el interés fue escalando hasta el 12,34% que desató el asombro.
Hay un detalle que alimenta la sospecha: la oferta aparecía y desaparecía del configurador sin explicación. Otro usuario que simuló
20.000 € declarando ingresos de 10.000 € mensuales recibió también un
12% TAE. ¿Qué garantía de solvencia le falta a alguien que dice ganar eso al mes? La pregunta quedó flotando.
De ahí la lectura del usuario que abrió el hilo: los bancos empiezan a repercutir por fin las subidas de tipos en el crédito al consumo, no solo en las hipotecas.
¿Por qué el 12,34% roza la usura?
En el debate se cita la
Ley de Enjuiciamiento Civil para sostener que la tasa máxima permitida en España es del
8,25%. Cualquier interés por encima de esa cifra entra en terreno pantanoso.
Con esa vara de medir, un TAE del 12,34% no es solo caro: se sitúa por encima del límite que la propia discusión maneja como frontera legal. El cálculo que circula es contundente: 20.000 € prestados que devuelven
6.000 € en intereses en 5 años, un 30% sobre el principal. Sobre el papel, un préstamo personal puede acabar costando bastante más que el propio dinero recibido.
Y aquí entra la ironía habitual: el mismo sistema que declara la usura fuera de la ley ofrece productos que la rozan sin despeinarse.
Los depósitos siguen al 1%: el otro lado del negocio
Mientras el dinero que sale del banco se encarece al 12%, el dinero que entra apenas se remunera. La
Cuenta Naranja paga un
1,25% y los depósitos convencionales se quedan alrededor del
1,3%. Alguien lo resumió con retranca: el banco presta al 12% el dinero que le dejan sus clientes por un 1%.
La brecha es el negocio. El margen entre lo que pagan por captar ahorro y lo que cobran por prestarlo es amplio. Y esa lectura de que las subidas se repercuten por fin al crédito deja fuera la otra mitad de la ecuación: la subida equivalente en los pasivos no aparece.
Hay excepciones que se citan como munición:
Wise ofrecía un 4,13% por el efectivo parado y
MyInvestor un 2% sin condiciones. Poco, insuficiente, pero al menos es movimiento. Frente a eso, la cuenta remunerada de toda la vida se queda en la casilla de salida.
Del 17% de los años ochenta al 12% de hoy
La comparación histórica no deja de ser incómoda. Se recuerda que en los años ochenta
se pagaban hipotecas al 17%. Visto así, un 12% parece un alivio. Pero el paralelismo se rompe en cuanto se mira el otro lado: entonces el dinero perdía valor a marchas forzadas, la inflación corría desbocada y los salarios se revalorizaban con subidas anuales de dos dígitos que hoy nadie imagina. Un tipo del 17% con esas reglas del juego no es lo mismo que un 12% con salarios congelados.
Otra corriente apunta al fin de una anomalía: el dinero gratis durante una década. El precio del crédito era tan artificialmente bajo que permitió financiar compras que no se necesitaban. Que ahora se encarezca se interpreta como una vuelta a la economía real, aunque quien lo defiende raramente necesita pedir prestado.
El consejo que más se repite es el de siempre: si se puede evitar, no endeudarse. La anécdota que resume la idea es la de quien se paseaba por el mercado de Atenas no por lo que veía, sino por todo lo que descubría que no necesitaba.
Qué cambia para quien pide un préstamo al consumo hoy
Las condiciones del préstamo personal dependen de la simulación de cada cliente: ingresos declarados, historial y perfil. El 12,34% no es una tarifa única, sino el resultado del configurador para un caso concreto. Pero la foto general es la misma: el crédito rápido se ha encarecido y el ahorro sigue sin premiar.
La moraleja que sobrevuela todo es incómoda: quien tiene el dinero y quien lo necesita son dos personas distintas, y el sistema vive del diferencial.
Con estas cifras, la tentación de tirar de financiación para comprar un coche o un móvil debería haberse esfumado. ¿De verdad alguien que simula ingresos de 10.000 € al mes firma un préstamo personal al 12,34%?