Isa Serra visita Senegal mientras la flota española sigue amarrada
La eurodiputada de Podemos Isa Serra aterrizó en Senegal para reunirse con pescadores locales y escuchar cómo los acuerdos de pesca con la Unión Europea han deteriorado su situación laboral. Lo anunció su propio partido en redes sociales, con foto incluida: segundo día en el país, encuentro con representantes del sector y mensaje de denuncia contra Bruselas. La reacción no se hizo esperar. Buena parte del público español, que lleva años viendo cómo la flota de Barbate, Algeciras, La Línea o Estepona se pudre amarrada a puerto por los acuerdos con terceros países, no entendió el viaje. La pregunta que se repite es sencilla: ¿por qué defender a los pescadores senegaleses y no a los españoles?
Qué hace una eurodiputada española en Senegal
El gesto tiene una lógica política que sus críticos no le niegan: los acuerdos de pesca de la UE con países africanos son un asunto competencia del Parlamento Europeo, y una eurodiputada puede perfectamente fiscalizarlos sobre el terreno. El problema es el marco. En España, esos mismos acuerdos han reducido las posibilidades de pesca de la flota nacional, y la sensación dominante es que Bruselas protege el caladero ajeno antes que el propio.
Hay quien sostiene que la visita es puro marketing ideológico: una puesta en escena para consumo interno de la militancia. Otros ven simplemente una incoherencia. La eurodiputada denuncia que los pescadores senegaleses se ven obligados a emigrar mientras los pescadores españoles no pueden faenar por las mismas políticas que ella critica desde dentro de las instituciones europeas. El círculo no cierra.
El coste del viaje y quién lo paga
El viaje no es gratuito. Se financia con cargo al presupuesto público, como cualquier desplazamiento de un representante institucional, y eso es precisamente lo que ha encendido el debate. La cifra exacta del desplazamiento no trasciende, pero el argumento se repite: si el objetivo es denunciar los acuerdos pesqueros, el mismo resultado se obtiene desde un escaño en Bruselas o Estrasburgo.
La comparación que más circula es la de la flota gallega: la que había en los años ochenta antes de entrar en la UE y la que queda hoy. El contraste se usa como prueba de que las políticas comunitarias de pesca han vaciado el sector en España. Que una representante española dedique su agenda a los afectados del otro lado del Atlántico, y no a los de casa, es lo que muchos no digieren.
Por qué el debate deriva hacia el gasto público
El asunto ha derivado rápidamente hacia el uso de recursos públicos y la percepción de que ciertos cargos viven muy bien a costa del contribuyente. La eurodiputada cobra su salario y sus dietas, y el viaje se enmarca en su actividad oficial. Nada de eso es irregular. Pero la política es también percepción, y la percepción dominante es la de un viaje innecesario.
El argumento de fondo es más serio de lo que parece: si los acuerdos de pesca con la UE perjudican simultáneamente a los pescadores senegaleses y a los españoles, la crítica debería ser al diseño de esos acuerdos, no a una de las partes. La visita, en cambio, se lee como una toma de partido por un lado del conflicto y un silencio sobre el otro.
Qué se juega Podemos con este tipo de gestos
Podemos lleva años en caída electoral y este tipo de iniciativas no parecen frenarla. El gesto internacionalista conecta con su base más fiel, pero aleja al votante medio, que ve en estas salidas un ejercicio de postureo pagado con dinero ajeno. La formación lo sabe y aun así insiste: es parte de su identidad.
El problema es que el marco de fondo —los acuerdos pesqueros de la UE con terceros países— es un asunto real, con consecuencias medibles sobre el empleo en ambos lados del Atlántico. Reducirlo a una foto con pescadores locales empobrece el debate. Y lo deja en manos de quien sí quiere discutirlo con números.
Con la flota española todavía sin recuperar cuota y los acuerdos con terceros países intactos, es previsible que este tipo de visitas se repitan. Si servirán para cambiar algo en Bruselas, es otra cosa. Lo que sí parece claro es que la foto ya está hecha y el titular, también.