¿Curan los gatos la depresión? Testimonios que desafían a la ciencia
Cada año, cientos de personas afirman que su gato les ha salvado de la depresión. Un testimonio recurrente: un adulto de 35 años que asegura que cuidar a su gato lo sacó de una depresión mayor, o una madre que compró un gato a su hijo y este se curó. Sin embargo, la comunidad científica no ha respaldado estas afirmaciones con estudios sólidos, a pesar de que la terapia asistida con animales tiene décadas de evidencia, sobre todo con perros.
Más que un ronroneo: responsabilidad y rutina
Una de las explicaciones que surge del debate es que no es el gato en sí, sino la responsabilidad que implica cuidar de un ser vivo lo que ayuda. Tener que alimentar, limpiar y atender a un animal que depende de ti puede romper el ciclo de inactividad y aislamiento. “No es un PC que apagas”, resume una corriente de opinión. La rutina y el vínculo afectivo, aunque diferente al humano, proporcionan un ancla emocional.
La otra cara: escepticismo y costes
No todo son alabanzas. Hay quien señala que recurrir a un animal para paliar una depresión puede ser una “bomba de relojería emocional”. También se mencionan los costes: una factura veterinaria de 5.000 euros por un gato puede generar más ansiedad que alivio. El escepticismo se refuerza con la idea de que la depresión es un desajuste hormonal complejo que no se resuelve solo con compañía animal.
El contexto social: ¿menos tiempo para deprimirse?
Una línea argumental interesante apunta a que la depresión moderna está ligada a la inactividad y la comparación constante en redes sociales. “Antes no había tiempo para deprimirse”, se argumenta, porque las obligaciones diarias absorbían la atención. Hoy, el ocio digital y la presión por el éxito ajeno generarían un caldo de cultivo para la tristeza. En ese escenario, un gato obliga a desconectar y a centrarse en el presente.
Sin embargo, la pregunta sigue abierta: si los gatos curan la depresión, ¿por qué no hay un estudio riguroso que lo demuestre? Mientras tanto, los testimonios siguen acumulándose.