Rallo a Podemos: recortar gastos también en las empresas
El economista Juan Ramón Rallo ha convertido el despido de la mitad de la plantilla de Podemos en un caso práctico de su propio manual. «Ahora entienden que a veces hay que recortar gastos en las empresas», vino a decir, y la frase ha incendiado el subforo de Economía. La formación morada, que lleva años exigiendo a las grandes compañías que no dejen tirados a sus trabajadores, aplica ahora el ajuste en casa. La noticia, publicada por
Okdiario, cifra el recorte en la mitad de la plantilla después de haber recibido 107 millones de euros de dinero público.
El detalle que más ha escocido no es el despido en sí, sino la coherencia. Belarra atacó a las empresas que «dejan tirados a los trabajadores» con los ERE. Meses después, su propio partido ejecuta uno. La hemeroteca es implacable y el personal no perdona.
De los 107 millones públicos al ERE interno
La cifra que ordena todo el debate es esa:
107 millones de euros de dinero público recibidos por Podemos antes de despedir a la mitad de su plantilla. El dato, difundido por Okdiario, convierte la crítica a las empresas en un boomerang. Si el dinero venía de los presupuestos, el ajuste no es una decisión de mercado: es una decisión política con dinero ajeno.
Hay quien sostiene que una organización que predica la redistribución debería empezar por no destruir empleo propio. En contra pesa el argumento de que cualquier estructura sobredimensionada termina ajustando, sea del color que sea. La diferencia es que unos lo hacen con capital riesgo y otros con subvención.
Qué dijo Rallo y qué le atribuyen
El núcleo del rifirrafe está en una cita que nadie termina de reproducir entera. Un sector del análisis sostiene que Rallo afirmó que la inflación erosionaba los beneficios de la gran distribución y puso a Carrefour como exponente. Otro sector responde que lo que dijo fue lo contrario: que los supermercados no se están forrando con la inflación, y que lo demostró con el margen por euro vendido.
El resultado es un duelo de hemerotecas donde cada bando cita al mismo economista para decir cosas opuestas. La cita completa, con el contexto exacto y el enlace original, es lo que nadie termina de aportar. Ahí está el anzuelo.
El margen por euro vendido: el dato que nadie discute
El argumento técnico que sí aparece es el
margen por euro vendido. La tesis es que una subida de precios no implica automáticamente más beneficio si el coste de la cesta también sube. Carrefour, con una cuota de mercado muy inferior a la de Mercadona, difícilmente puede imponer precios a sus proveedores, según este razonamiento.
La contra es sencilla: una
empresa que gana
1.400 millones de euros de beneficio mientras al cliente le cuesta 40 euros más al mes la compra genera una pregunta incómoda. ¿Con lo fácil que sería repartir esos 40 euros entre los clientes y quedarse igual? La respuesta técnica existe, pero no cabe en un tuit.
El mundo académico contra Rallo
La crítica más dura no va contra sus ideas, sino contra su estatus. Se le acusa de divulgar pseudociencia, de repetir que la culpa es de los impuestos y las regulaciones, y de mencionar Singapur como solución universal. La comparación con Sala i Martín o con Bernanke aparece como argumento de autoridad.
La defensa es igual de contundente: que te repudie el mundo académico no implica que te equivoques. En muchos casos implica lo contrario. Las universidades fabrican ideas, y las buenas ideas son escasas. Quien no se vende al poder político se queda fuera del circuito de subvenciones y premios. Los celos corporativos explican más de lo que parece.
Lo que el ajuste dice de la política económica
El despido de la mitad de la plantilla de Podemos no es una anécdota contable. Es la demostración de que las estructuras políticas también tienen costes fijos, también se sobredimensionan y también ajustan cuando el dinero se acaba. La diferencia con una empresa privada es que aquí el dinero que se acaba era público.
La pregunta que queda en el aire no es si Podemos tenía razón al criticar los ERE ajenos. Es si ahora aplicará a su propio ajuste el mismo rasero que exigía a los demás. La respuesta, a la fecha de esta discusión, sigue pendiente.
Predicción con reservas: si el patrón se repite, el próximo ERE de una formación política se justificará como «reestructuración necesaria» y nadie recordará esta hemeroteca. La probabilidad es alta. La certeza, ninguna.