Histórico o no: la decisión que divide a los dueños de coches clásicos
Un Lada Niva de 1985, con más de tres décadas a la espalda, sigue siendo el coche favorito de su dueño. Pero la duda le corroe: ¿lo pasa a histórico y se ahorra un dineral en impuestos e ITV, o se arriesga a que la normativa cambie y le limiten el uso a 96 días al año? La decisión no es trivial, y cada vez más propietarios de coches clásicos se enfrentan a ella.
Las ventajas que empujan a dar el paso
El principal atractivo es económico. Un vehículo histórico se beneficia de una periodicidad de ITV más laxa: cada dos años hasta los 40 de antigüedad, cada tres hasta los 45 y cada cuatro a partir de los 60. Además, el seguro puede ser considerablemente más barato: algunas aseguradoras especializadas ofrecen pólizas de coche clásico desde los 25 años, con condiciones ventajosas. Y en muchos municipios, la exención del impuesto de circulación (IVTM) es una realidad, previa solicitud del titular.
Otro aliciente es el acceso a las zonas de bajas emisiones (ZBE), donde los coches antiguos sin etiqueta no pueden entrar. Un histórico, con su pegatina H, sí puede hacerlo, lo que en ciudades como Madrid supone una ventaja práctica nada desdeñable.
La letra pequeña: 96 días y la inseguridad jurídica
El reverso es la limitación de circulación a 96 días al año. En teoría, un histórico solo puede rodar 96 jornadas, pero en la práctica nadie lo controla. «Somos cuatro gatos», se argumenta. Sin embargo, la desconfianza hacia el legislador es profunda: ¿qué pasa si mañana cambian la ley y obligan a llevar un GPS o reducen aún más los días? La inseguridad jurídica es el gran argumento de los que prefieren no tocar nada.
También se menciona la posibilidad de que el gobierno pueda requerir el coche para actos oficiales, algo que suena más a leyenda urbana que a amenaza real, pero que alimenta el recelo. El temor a que la normativa cambie retroactivamente, como ha ocurrido en otros ámbitos, está muy presente.
El proceso real: más fácil de lo que parece
El trámite, en realidad, es sorprendentemente sencillo. Desde la sede electrónica de la DGT (MiDGT), se presenta la solicitud con cuatro fotografías del vehículo (una por cada lado), se paga la tasa correspondiente y en pocos días se recibe la aprobación. En menos de un mes, el permiso de circulación llega con la mención «histórico» después de «particular». Si el coche tiene reformas, se necesita un informe de un club de históricos, pero en general el proceso es rápido y barato.
La ITV, además, está adaptada a las características originales del vehículo. Si el coche funciona bien, la pasa sin problemas; de hecho, suele ser más fácil que con los coches modernos, porque los baremos son más flexibles.
¿Merece la pena? El debate de fondo
Las posturas están enfrentadas. Hay quien sostiene que un coche de 30 años no es un carromato, que dinámicamente es superior a los actuales y que no distrae con pantallas y pitidos. Para ellos, el histórico es una recompensa. En el otro extremo, quienes opinan que no merece la pena porque se avería con más frecuencia y el mantenimiento es caro. La realidad, como siempre, está en el medio: depende del estado del coche y del uso que se le vaya a dar.
Un detalle curioso: la mayoría de los coches que podrían ser históricos de la segunda mitad del siglo XX no lo son. Solo los muy antiguos, diseñados antes de la Segunda Guerra Mundial, suelen tener la condición. El resto, como un SEAT 124 o un 131, se quedan fuera a pesar de tener más de 40 años.
El dato que descoloca: la limitación de 96 días no se aplica porque «somos cuatro gatos», pero con las cámaras de las ZBE cada vez más extendidas y los peajes en autovías en el horizonte, el control podría llegar. La pregunta es si el ahorro actual compensa el riesgo futuro. Mientras tanto, los propietarios de clásicos siguen haciendo números.