Por qué el ADN fetal en vacunas vuelve a encender las alarmas
Un documento académico de título inquietante —"Insertional Mutagenesis and Autoimmunity Induced Disease Caused by Human Fetal and Retroviral Residual Toxins in Vaccines"— ha reabierto la vieja pregunta de si los restos de ADN fetal humano presentes en ciertas vacunas pueden provocar autismo o cáncer. Lo firman Peter Jarzyna, Ngoc V. Doan y Theresa A. Deisher, vinculados al Sound Choice Pharmaceutical Institute.
Qué sostiene el estudio
El resumen que circula repasa los puntos de siempre: que el ADN procede de líneas celulares fetales usadas en la producción de vacunas, que las cantidades superarían los límites recomendados y que la fragmentación del material genético, lejos de resolver el problema, podría haberlo empeorado al facilitar la mutagénesis insercional. La autoinmunidad aparece como segundo frente.
El escepticismo, mayoritario
La reacción de la comunidad científica y de una parte considerable del público es de escepticismo frontal. El argumento más repetido no es técnico, sino metodológico: cuando no se entiende la causa de algo, se inventa una explicación. Y en esto de las vacunas, la explicación conspiracionista tiene tirón. "¿Puede ser la causa algo tan simple como que hay diferentes seres humanos?", plantea una de las intervenciones más sensatas, en referencia a la heterogeneidad genética real.
También asoma la analogía con la encefalopatía espongiforme bovina: si dar piensos con restos de carne a animales herbívoros desató la crisis de las vacas locas, ¿no sería imprudente inyectar ADN extraño en el cuerpo humano? La pregunta suena razonable hasta que se recuerda que la comunidad científica lleva décadas examinando los residuos de ADN sin encontrar un mecanismo causal demostrado.
La cuestión queda, por tanto, donde ya estaba: un estudio con conclusiones provocadoras, una mayoría escéptica y la evidencia, por ahora, en el mismo sitio. Mientras no se publiquen datos empíricos que vayan más allá de la hipótesis, la alarma seguirá siendo eso: una alarma sin incendiarse.