Rusia ofrece 3.000 € al mes a mercenarios de Oriente Medio
Tres mil euros al mes. Ese es el precio que se atribuye a Rusia por cada combatiente extranjero dispuesto a empuñar un fusil en Ucrania, según la información que procede de una pieza publicada por
businessinsider.mx y que se ha dado por buena en buena parte del análisis: hasta
16.000 personas procedentes de Siria, Irak y otros países de la zona estarían en camino hacia territorio ruso. Confirmación oficial, ninguna. Ni el Kremlin ni ningún ministerio han avalado la cifra. Lo que hay es un número redondo, un sueldo llamativo y una guerra que, a estas alturas, sigue necesitando gente.
¿Cuánto se dice que paga Rusia a los combatientes extranjeros?
La referencia que ha circulado es de
3.000 euros mensuales por hombre. En el mismo tramo de la conversación aparece otra cantidad casi idéntica: los 3.000 dólares que se atribuyen al bando contrario. La simetría invita a desconfiar de las dos, y eso es lo que hace una parte del público: sospechar del relato que llega desde cualquiera de los dos lados. Hay además un detalle práctico que suele omitirse. El pago no es limpio desde el primer día: antes hay que adelantar equipo, uniforme y casco, y solo si vuelves entero y devuelves el material se recupera lo puesto. La letra pequeña del contrato no la ha leído nadie.
¿Por qué 3.000 euros parecen una fortuna al otro lado del Mediterráneo?
Porque la comparación se hace con los sueldos de origen. En Siria el salario medio mensual se sitúa en torno a los
200 euros, según el cálculo que circula entre quienes siguen el asunto, de modo que el salto equivaldría, para un asalariado español, a cobrar unos 28.000 euros al mes. Ese mismo cálculo explica mejor que cualquier discurso por qué aparece gente dispuesta a firmar. El contraste con lo que ofrece Europa tampoco ayuda, según los comentarios:
400 euros más vivienda por no hacer nada frente a 3.000 por jugarse el tipo, o los 1.200 euros mensuales que se citan como prestación por hijos en España. Puestos a elegir, muchos elegirían lo segundo. Otros, no.
El doble rasero que indigna a una parte del público
Aquí el asunto se envenena. Una parte sostiene que el escándalo no es el reclutamiento, sino a quién le molesta. Se argumenta que si quien contrata es occidental, el combatiente extranjero es un
héroe; si quien contrata es ruso, es un mercenario. La misma cifra, el mismo oficio, dos valoraciones opuestas. La respuesta más repetida a esa objeción es que la nación que se presenta como defensora de los valores cristianos está trasladando a suelo europeo a miles de hombres que no comparten esos valores, y que la contradicción no está en el observador, sino en el discurso. Al margen se señala que Rusia ya tiene una población musulmana relevante —se llega a hablar de
cuatro millones solo en Moscú y de la mayor mezquita de Europa—, lo que a juicio de quienes lo mencionan debilita el argumento identitario.
El miedo a que la factura la pague la población civil
El temor más repetido no es militar, es doméstico. Se especula con que los contingentes se usarían para lo más sucio: abrir paso barrio a barrio en las ciudades, los puntos donde la probabilidad de baja es mayor. Por eso las cifras importan menos que lo que dicen del ejército propio: si hay que importar hombres para no movilizar más tropas, la lectura inmediata es que el reclutamiento interno se ha quedado corto y que el mensaje a la población civil es pésimo. El efecto colateral apuntado es la moral ucraniana, que podría empezar a pedir una rendición antes que la llegada de las unidades extranjeras. El precedente histórico que se invoca es el de las tropas norteafricanas enviadas a la Península durante la Guerra Civil, episodio que tampoco fue pacífico. En el plano estratégico se especula con un guion por fases —primero la costa sur, después la capital—, pero son escenarios, no hechos. Y como no está respaldada por ninguna prueba que se cite, también queda fuera la vieja acusación de laboratorios de guerra biológica en Ucrania, repetida desde el arranque del conflicto.
Lo que se puede vigilar y lo que no
Ninguna de estas cantidades está verificada por una fuente independiente y no hay documento que las respalde, así que conviene tratarlas como lo que son: cifras atribuidas y cifras cruzadas. Una de ellas, además, ya se ha movido sola: según la información publicada, el reclutamiento se dirige a países de la zona señalada, lo que deja fuera a otros candidatos y alimenta la sospecha de que el anuncio sea en realidad un mensaje para consumo interno. Del otro lado del tablero, la pregunta que se hacen algunos es cuánto se ofrecerá a los combatientes de otras regiones y si alguien acabará pagando más por la misma tarea.
Si el flujo se confirma, lo probable es un conflicto más largo y con más actores extranjeros sobre el terreno. No es una predicción cómoda: la mayoría de los indicios disponibles procede de una sola pieza periodística, sin confirmación oficial, y sobre una guerra en la que casi todo lo que se publica llega filtrado. Con esa cautela —y con la certeza de que el precio de la carne de cañón sube con la demanda— hay que leer el resto.