El ejército español ante Ucrania: dudas sobre su preparación real
¿Tiene sentido enviar a
Ucrania a un ejército que, según algunos participantes, no controla las fronteras nacionales y cuya intervención en la DANA de Valencia fue tardía? La pregunta, lanzada en un contexto de debate sobre un posible envío de tropas europeas a Ucrania, ha derivado en un análisis descarnado sobre la verdadera capacidad militar española. Las respuestas no se centran en la oportunidad política, sino en algo más incómodo: la preparación real de las Fuerzas Armadas y su dependencia de la OTAN.
El punto de partida es una contradicción que muchos consideran insalvable. Se argumenta que el ejército no puede defender la frontera terrestre española, que no se movilizó con la celeridad esperada tras la catástrofe de Valencia y que, sin embargo, sería enviado a un conflicto de alta intensidad en el este de Europa. La discusión deriva rápidamente hacia el papel de España en la OTAN y la Unión Europea, donde se percibe una soberanía limitada para decidir sobre el uso de las fuerzas armadas.
¿Está el ejército español preparado para una guerra contra Rusia?
La respuesta que domina el análisis es un no rotundo. Se sostiene que los batallones españoles no están preparados para una guerra de drones, artillería y posiciones como la que se libra en Ucrania. Se describe a la tropa como funcionarios con uniforme, y se critica la falta de medios: se menciona que los carros Leopard tienen problemas de mantenimiento y que los misiles Hawk son de la época de Vietnam. La conclusión es que los ejércitos europeos, en su conjunto, son una entelequia incapaz de reponer obuses de artillería.
Esta falta de preparación se atribuye a una combinación de factores. Por un lado, la dependencia de la OTAN, que convierte al ejército español en una pieza de un dispositivo mayor controlado desde Bruselas y Washington. Por otro, la propia evolución social y política de España, que habría priorizado otras agendas. Se menciona la supuesta feminización, la inclusión de cuotas y la burocracia como elementos que habrían minado la capacidad de combate. Es una visión crítica con la deriva de las instituciones, que se presenta como una fuerza del Estado más que como un instrumento de defensa nacional.
La DANA de Valencia y la gestión de catástrofes
Uno de los argumentos más repetidos es la comparación con la DANA de Valencia. Se afirma que la Unidad Militar de Emergencias (UME) no actuó con la rapidez necesaria, y que su función, según se entiende, no es el campo de batalla sino las catástrofes. La contradicción es evidente: si no se despliega con eficacia en una emergencia nacional, ¿cómo se va a integrar en una guerra convencional en Ucrania? La discusión también recuerda el terremoto de Marruecos, donde se argumenta que el ejército español actuó con rapidez tras la petición del país vecino, lo que algunos interpretan como una prueba de que la prioridad no es España.
La gestión de la DANA se convierte así en un termómetro de la eficacia militar. No se trata solo de si el ejército puede luchar, sino de si el Estado en su conjunto responde a las necesidades de los ciudadanos. La conclusión que se extrae es que existe una brecha entre el relato oficial de unas fuerzas armadas modernas y la realidad de una institución lastrada por la burocracia y la falta de medios.
El papel de la OTAN y la soberanía española
La discusión deriva hacia la geopolítica. Se sostiene que España es un país ocupado, sin soberanía real más allá de asuntos menores. La pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea se percibe como una cesión de soberanía que obliga a España a seguir las directrices de Washington y Bruselas. Se menciona que Estados Unidos presiona a Europa para que haga la guerra, mientras las bases americanas controlan el continente y se reparten los recursos de Ucrania.
En este contexto, se argumenta que los intereses de España no coinciden con los de sus aliados. Se recuerda que Marruecos, socio de Estados Unidos, es percibido como un enemigo en una guerra híbrida, y que en caso de conflicto serio, España podría quedar abandonada como, según se dice, ocurrió con Ucrania. La conclusión es que el ejército español sirve a intereses ajenos, y que la población española no tiene capacidad de decidir sobre su propio destino.
El coste económico y la prioridad de las fronteras
El debate también tiene una vertiente económica. Se critica que se destinen recursos a la defensa de intereses europeos mientras la economía se deteriora. Se augura que en diez años la economía estará destruida para dedicarlo todo a presupuesto militar, y que la población vivirá a base de harina de gusanos ultraviolerradiada. La prioridad, se insiste, debería ser controlar la frontera española, no enviar tropas a Ucrania.
La discusión sobre el gasto militar se entrelaza con la crítica a la clase política. Se afirma que los políticos practican el progreso progresista mientras la sociedad se empobrece. Se menciona que el ejército es un reflejo de la sociedad, y que si esta está dividida y carece de valores, la institución militar también lo estará. La conclusión es que el problema no es solo militar, sino político y social.
En definitiva, el envío de tropas a Ucrania se percibe como una locura. No por falta de voluntad, sino por falta de medios y de soberanía. El ejército español, según este análisis, no está preparado para una guerra real, y su papel en la OTAN lo convierte en una pieza de un tablero que no controla. La pregunta sigue en el aire: ¿para qué sirve un ejército que no defiende lo propio?