Aulas con 2 alumnos y un máster a 12.000 €: el atasco docente
El máster que habilita para dar clase se ha convertido en un peaje de entre
5.000 y 12.000 euros en la universidad privada, porque en la pública no quedan plazas. A la vez, la natalidad se desploma, se habla de cierres de colegios y hay aulas extremeñas con
dos alumnos. Los dos datos no encajan entre sí. Esa contradicción —menos niños, más candidatos— recorre todo el asunto de arriba abajo.
De la pública sin plazas al máster de 12.000 euros
La demanda del máster de profesorado se ha disparado hasta el punto de que la universidad pública se queda corta y el aspirante acaba pagando matrícula privada. Se argumenta que buena parte de quienes entran no tienen interés real por la enseñanza: buscan
vacaciones, sueldo y condiciones, y algunos vienen de otros trabajos que quieren abandonar. Es una corriente de opinión, no un censo, pero explica la sospecha con la que se mira al colectivo. Mientras tanto, la sequía demográfica avanza: cada curso hay menos escolares y ya se oyen cosas sobre cierres de centros.
La conclusión que se extrae es que pronto habrá docentes
hasta en la sopa. Los casos extremos que circulan son difíciles de creer: un aula con dos alumnos y un centro donde, se asegura, había más profesores que alumnos. La aritmética de la pirámide de población es tozuda, y no admite interpretaciones amables.
¿Cuántos alumnos hay de verdad en cada aula?
Depende del mapa, y ahí está el malentendido de fondo. Las clases semivacías están en el interior despoblado; en la costa andaluza y en el levante hay centros con más de mil alumnos. En Aragón se sostiene que basta con firmar el examen para acabar trabajando, mientras que en Galicia y Andalucía entrar es complicado. En Castilla y León, el primer destino suele caer en la planicie soriana o salmantina. Y la radiografía interna añade otro dato incómodo: un
10% del claustro sería directamente disfuncional y otro 40% no sabría controlar un aula, según el testimonio de un jefe de estudios en activo.
2.300 euros en Navarra, 1.300 en la privada
El salario es el terreno minado. Hay quien cifra el debut en
2.300 euros netos en 14 pagas en Navarra, y quien responde que con eso no vive una familia en Madrid, Barcelona, Valencia o Baleares. El profesor desplazado por la comunidad autónoma se come buena parte del sueldo en desplazamientos y alquiler, y no puede renunciar al destino sin consecuencias. En la enseñanza privada, el punto de partida que se maneja es de
1.300 euros en 12 pagas y un solo mes de vacaciones.
La comparación europea que aparece es la francesa: retenciones del 23% para todos los salarios y un debut docente en torno al doble del SMI. Aquí el SMI no tributa y el primer sueldo docente duplica esa referencia; allí el funcionario arranca pegado al salario mínimo y suda para doblarlo. El detalle desmonta la idea de que aquí se pague poco. O la confirma, según dónde se ponga el corte.
Especialidades sin titulados y listas abiertas
Faltan profesores de tecnología, matemáticas, informática o filosofía, y sobran candidatos en otras materias. En algunas especialidades se abren listas con el único requisito de la titulación, sin oposición aprobada y a veces sin máster. Con las jubilaciones de la generación del baby boom en marcha y el sector privado absorbiendo perfiles técnicos, quien no encuentra plaza donde quiere acaba encontrándola donde no quiere. Ese es el mecanismo que sostiene el sistema y, de paso, el que explica que las plazas ofertadas queden desiertas.
¿Sobran profesores o faltan buenos profesores?
Aquí el asunto se parte en dos. Una corriente sostiene que el problema no es la cantidad sino la selección: sin incentivos ni competencia real, no llegan los mejores, y los que llegan quedan blindados frente a cualquier evaluación. La respuesta desde el otro lado es que el problema es de quien paga los impuestos que financian la nómina, no de quien la cobra. Y una tercera, transversal, apunta al alumnado: los resultados del informe PISA, en la cola de los comparables, no mejoran aunque haya menos alumnos por clase.
Sobre la mesa está también la inteligencia artificial. Hay quien vaticina que sobrará la mitad del profesorado, y quien recuerda que ya se anunció algo parecido con cada tecnología anterior mientras el aula siguió necesitando a alguien delante. La conversación, por cierto, acabó derivando hacia hojas de cálculo y lenguajes de programación, que es lo que pasa cuando un sector lleva dos años dando vueltas al mismo nudo sin desatarlo.
Con la natalidad cayendo, las jubilaciones en marcha y una ratio que oscila entre los dos alumnos de un pueblo y los mil de un centro de costa, el cálculo de cuántos docentes hacen falta no cuadra en ninguna dirección. Nadie ha enseñado todavía la cuenta completa.