Sevilla 2015: 90 m² por 120.000€ y una hipoteca de 60.000€
Comprar vivienda en 2015 era, según el sentir mayoritario en aquel foro, un error de manual. Y aun así, quien firmó ese año un piso de 90 m² en el casco histórico de Sevilla por 120.000 euros sostiene hoy que la operación puede valer el triple. La compra se cerró en febrero de 2015, tras una década esperando la gran corrección de precios que nunca llegó.
La etiqueta que resume la jugada es «tocatejismo»: pagar al contado todo lo posible y financiar solo lo imprescindible. Aquí fueron
60.000 euros de hipoteca sobre un piso de 120.000. Buena parte del préstamo no fue para el inmueble, sino para gastos de compraventa, reforma y no dejar los ahorros a cero.
El piso «del cuéntame» y la letra pequeña de la operación
El inmueble es un piso de los sesenta o setenta, habitable pero anclado en el tiempo. No exigía obra para entrar a vivir; sí para no sentir que uno viaja a otra época. El comprador ya tenía otra vivienda, adquirida en 1997, que puso en alquiler para cubrir la nueva cuota. Entre hipoteca y comunidad, el desembolso mensual ronda los
120 euros, según su propio recuento.
La reforma acabó siendo integral y por
menos de 25.000 euros. El resultado, dice, es un piso con acabados de promoción nueva. Al bloque se le añadió un ascensor, algo poco común en edificios bajos de los setenta, y las calles del entorno cambiaron de cara al calor del turismo, que convirtió muchas casas viejas en apartamentos.
¿Cuánto ha subido la vivienda en Sevilla desde 2015?
Un participante del hilo da por hecha una
revalorización media del 100% en la zona, mientras que el comprador sostiene que el piso puede valer hoy el triple del precio pagado. Un año después de la compra ya anotaba que los precios del centro histórico eran mayores que el ejercicio anterior.
En la misma línea se cita otro caso: 110 m² útiles en una capital de provincias, comprados por 80.000 euros y reformados por unos 10.000, alquilados por
600 euros brutos al mes. El argumento es que pisos similares se vendían por 240.000 euros o más antes de la crisis y no duraban una semana en el mercado.
Las objeciones: derramas, okupas y el «piso del banco»
El coro de advertencias fue amplio. Que el piso no es del comprador mientras exista hipoteca, sino una garantía del banco. Que una
derrama de 5.000 euros se lleva por delante la gracia del alquiler. Que la ocupación ilegal o el impago pueden reventar la operación. Y la más repetida: si la inflación ya no arrastra los salarios, un piso viejo no protege de nada.
La respuesta llegó con los años. Quien lleva tiempo como propietario sostiene que nunca ha pagado una derrama y que, de aparecer, el alquiler la cubriría. También se recuerda el otro extremo: alquileres de
150 euros al mes con garaje y piscina en una localidad murciana, con el argumento de que un jubilado puede vivir donde quiera. La réplica es que una familia asentada y los achaques de la edad no entienden de traslados.
«Nuncabajismo» y «siemprebajismo»: dos caras de la misma moneda
El contraataque de fondo es conceptual. Negar el ciclo económico con la vista puesta siempre en el mismo lado conduce al mismo error, tanto si se predice una caída eterna como si se da por hecho que nunca bajará. Reconocer que
2013-2015 fue una ventana y que ahora quizá no lo sea no es incoherencia: es leer el mercado.
Queda la objeción práctica para quien sueña con multiplicar. Vender para comprar tres pisos no funciona si todo lo demás subió lo mismo. El propio protagonista lo admite: la idea nunca fue especular, sino fijar la vivienda definitiva. Paga menos por Internet que por su hipoteca, asegura, y ahorra más de la mitad de lo que ingresa sin proponérselo.
Lo que nadie puede asegurar diez años después
Con revalorizaciones de ese calibre, hay quien sostiene que cualquiera con ahorro y estómago debería haber comprado. Muchos no lo hicieron, y hoy esa ventana parece cerrada o, como mínimo, más estrecha. Si la corrección llega algún día, este piso de 120.000 euros lo contará desde dentro. Si no llega, la historia ya está escrita.