Rusia pierde 868 carros: del T-72 al regreso del T-62
El 8 de julio de 2022, en una lista que llevaba meses sumando bajas rusas, apareció por primera vez un
T-62M. Un carro soviético sacado del arsenal profundo para volver a un frente donde el T-72 se acumulaba por centenares. Ese detalle, más que cualquier discurso, resume el estado del parque acorazado ruso tras cuatro meses de guerra en Ucrania.
El recuento que se siguió en el hilo parte de una base concreta:
2.780 carros operativos entre T-72, T-80 y T-90, con la reserva guardada en almacenes. Sobre ese número se fueron apuntando las pérdidas con evidencia visual, una a una, hasta llegar a las 868 unidades y al
31,22% de la flota activa a mediados de julio. La cifra no es oficial y no lo pretende; sale de sumar fotografías y vídeos de carros destruidos, dañados, abandonados o capturados. Una estimación que varios participantes consideran a la baja.
¿Cuántos carros de combate ha perdido Rusia en Ucrania?
El último dato que cierra la serie es de 868 unidades, un 31,22% del total operativo. Pero el valor está en la evolución. El 30 de abril se contabilizaban 594; el 13 de mayo, 667; el 30 de mayo, 739. En 11 días de mayo desaparecieron 68 carros. Son
seis al día. Después el ritmo se frenó: 2,75 diarios en junio y 1,625 a mediados de ese mes. El propio autor de la serie apunta que frenar no es buena señal: los modelos que caen son cada vez más raros, más T-80 y algún T-90, lo que sugiere que los T-72 disponibles ya escasean y que mover reservas deja huecos en el mapa.
Hay dos umbrales marcados a fuego en la serie. El del
30%, que se cruzó el 8 de julio con 848 unidades, y el del
50%, fijado en 1.390 carros, cuando el pronóstico era de 228 días para llegar. La lógica del autor es sencilla: por debajo de ese suelo, la guerra vuelve a 1917, a trincheras, a infantería, a artillería. Un paso atrás de un siglo.
¿Está obsoleto el carro de combate?
Aquí el análisis se parte en dos. Una corriente sostiene que la caballería blindada tal y como la conocíamos ha muerto: un
quad con un misil antitanque guiado, conducido por un lugareño, revienta un carro de cincuenta toneladas; un dron de cuatro peras suelta una granada sobre la escotilla. Quien defiende esto plantea que un ministro de Defensa no debería gastar un euro en blindados y sí en vehículos ligeros, más baratos, más ágiles y más fáciles de esconder en un garaje.
La respuesta es que la ametralladora barata en una posición fortificada desbarata cualquier ataque de quads, y que los ucranianos precisamente piden carros para sus ofensivas. El debate se replantea en términos de carrera tecnológica: la carga hueca llevó a las faldillas metálicas, la detonación retardada al blindaje reactivo, y ahora llegan nuevos proyectiles que obligan a rediseñar protección.
Escudo contra lanza, sin final a la vista. También se recuerda que la ruptura de trincheras en 1918 se logró con artillería e infantería antes que con tanques, y que el valor real del carro está en explotar el éxito y perseguir al enemigo, la vieja tarea de la caballería.
Oryx y el problema de contar la guerra con propaganda
La objeción recurrente es que las cifras occidentales son propaganda. Quien las defiende recuerda que Oryx documentó con el mismo método las pérdidas del ejército afgano y del iraquí, y que se trata de un recuento visual, no de un anuncio. Quien las ataca señala intereses y contexto: en foros militares se le tiene fichado desde hace años. La discusión tiene un tono circular: si la base de datos está sesgada, el análisis entero se cae. A lo que se responde que la cifra de carros operativos también es propaganda, y que nadie tiene el número real.
Si metes basura, obtendrás basura, resume quien descarta el ejercicio. El problema es que la alternativa son cero datos.
El regreso del T-62 y las tripulaciones perdidas
El carro que se destruye importa menos que quien lo conduce. Un T-64, un T-72 o un T-90 llevan tres o cuatro tripulantes formados, y ese capital humano no se repone con chatarra. Sacar T-62M del fondo del armario no arregla nada: es mandar un féretro rodante a un campo de minas donde ya hay cuatro carros atrapados. Y aun así, se envió otro a ver qué pasaba.
Con 868 bajas sobre 2.780, el horizonte del 50% quedaba a menos de ocho meses de distancia. Pero el recuento solo incluye lo que una cámara alcanza a fotografiar. El agujero negro entre lo contado y lo real es, probablemente, la cifra que descoloca a todo el mundo.