Hiperplasia benigna de próstata: los remedios que la gente dice que funcionan
Un diagnóstico de hiperplasia benigna de próstata a los 40 y pocos años es, en palabras del propio afectado, «un coñazo, sobre todo por la noche». El urólogo le dijo que es normal a partir de esas edades y más aún en trabajos sedentarios, y le recomendó saw palmetto como antiinflamatorio o semillas de calabaza, que a él no le hacen nada. La duda que arrastra es la de fondo: si la próstata se puede desinflamar con plantas, ¿por qué se sigue operando a tanta gente? La respuesta corta es que
inflamación e hiperplasia no son lo mismo, y ahí empieza todo el lío.
Qué diferencia hay entre inflamación e hiperplasia de próstata
La confusión es el eje del asunto. La inflamación es la respuesta del sistema inmunológico a una agresión; la hiperplasia es un aumento del número de células del tejido, por causas endógenas. Un afectado lo resume con precisión: no es lo mismo una respuesta a un daño que un crecimiento sostenido. Por eso los antiinflamatorios naturales pueden aliviar síntomas sin tocar el tamaño de la glándula, y por eso el saw palmetto, las semillas de calabaza o las infusiones de ortiga funcionan a unos y a otros no.
El propio autor del mensaje inicial apunta la sospecha: si la próstata se pudiera desinflamar de verdad, no se operaría a nadie sin que derivara en cáncer. La realidad que se maneja en la conversación es más prosaica. Hay quien sostiene que el crecimiento tiene que ver con la
dihidrotestosterona (DHT), y de ahí salen los fármacos que bloquean su producción. Según un participante, el finasteride en dosis de 5 mg reduce la próstata y, de propina, conserva el pelo; el dutasteride bloquea el 100% de la DHT frente al 80% del finasteride. La contrapartida es la lista de efectos secundarios que recuerda un participante citando la ficha del medicamento:
impotencia entre el 1,1% y el 18,5%, eyaculación anormal en el 7,2%, ginecomastia en el 2,2% y dolor testicular. En un porcentaje pequeño, la dificultad eréctil puede persistir tras dejar el tratamiento.
Finasteride, dutasteride y el precio de bloquear la DHT
Aquí el consenso se rompe. Un participante afirma que lleva
13 años tomando finasteride a diario sin efectos apreciables y recuerda que el prospecto de la aspirina también asusta. Otro avisa de que el medicamento «no es nada inofensivo» y que quien no ha tenido problemas los tendrá. Un tercero apunta un matiz técnico: el dutasteride inhibe dos tipos de 5-alfa-reductasa y el finasteride solo uno, lo que cambiaría el perfil de efectos —menos problemas de libido con el dutasteride, pero más niebla mental y depresión—. Y añade un dato llamativo: hubo estudios en los que
0,2 mg de finasteride inhibían lo mismo que 1 mg con menos efectos, pero se eligió 1 mg por convención.
La advertencia sobre el porcentaje de grasa corporal también aparece: a más grasa, más aromatización y más hormonas femeninas circulando, lo que agravaría los efectos. La recomendación que se repite es la de consultar al urólogo antes de tocar nada, porque aquí nadie receta: se comparte experiencia de barra de bar, como admite uno de los que más datos aporta.
Epilobio, ortiga y semillas: lo que se cuece en casa
El remedio que más entusiasmo genera es el
epilobium parviflorum, una planta que la botánica austríaca Maria Treben popularizó y que se ha ganado fama para problemas de próstata. Un afectado que empezó con pastillas sin ver resultados cuenta que lo toma en infusión por las mañanas y que es lo que mejor le va; lo tiene comprado, sembrado y en semillas. Otro confirma el efecto inmediato: tras empezar a tomarlo, las visitas al baño disminuyeron y la cantidad de orina también, sin necesidad de llegar a los dos litros diarios. La advertencia llega de otro lado: sin pasarse, porque puede provocar molestias estomacales leves.
A la ortiga se le reconoce tradición, aunque el sabor es un obstáculo: «sabe a rayos», dice alguien que no ha podido terminarse una taza. También se menciona la raíz de ortiga, la damiana por su efecto estimulante, y una receta casera curiosa: cocer una semilla de aguacate partida en cuatro trozos a fuego lento en un litro de agua y tomar un vaso al día. «A veces funciona y a veces no, pero es algo inocuo», resume quien la propone.
Cenas ligeras, ejercicio de fuerza y cojines: los ajustes que sí dependen de uno
Más allá de las plantas, el hilo acumula medidas de sentido común que no requieren receta. Cenas más ligeras y beber menos antes de acostarse: si se pasa de levantarse dos o tres veces a solo una, ya es un gran avance. Ejercicio de fuerza tres días por semana, con el argumento de que entrena para «joder a los estrógenos». Y una pregunta que queda en el aire: si los cojines específicos para la próstata ayudan a quienes pasan el día sentados.
La dieta también entra en juego. Una intervención recomienda eliminar cerveza con lúpulo, grasa animal, lino, granada, soja y lácteos, y adelgazar si hay sobrepeso, porque la grasa abdominal produce estrógenos. Es la misma idea que sobrevuela el asunto del DHT: el tejido crece por los estrógenos, no solo por la testosterona.
La operación: cuándo entra en juego y qué se juega
El caso que ilustra el límite de los remedios es el de un padre que aguantó la hiperplasia hasta que un viaje largo en autobús, de tanto tiempo sentado, le cerró la salida: no podía orinar, lo tuvieron que sondar y acabó operado. La operación resolvió el problema, pero el aviso sobre los efectos indeseados —la impotencia— aparece de inmediato. La conclusión que se extrae es que hay especialistas y especialistas, técnicas y técnicas, y que conviene informarse antes de firmar.
Sobre el finasteride y su reversibilidad, la duda queda abierta: si se deja de tomar, ¿vuelve la próstata a su nivel anterior? La respuesta que se da es que, al desaparecer el bloqueo de la DHT, el tejido tiende a recuperar su estado previo, igual que el pelo vuelve a caerse. Nadie lo afirma con certeza absoluta.
¿Y si la próstata no se desinflama, sino que solo se puede frenar, contener o extirpar? La conversación deja esa pregunta sin cerrar, con el epilobio funcionando para unos, el finasteride dividiendo a otros y el quirófano esperando al final del pasillo.