Zelenski descarta ceder el Donbás y apuesta la guerra al Este
¿Puede Ucrania recuperar el Donbás y Crimea? Es la pregunta que planea sobre cada declaración del presidente ucraniano, y Zelenski acaba de responderla en una entrevista con
CNN: Ucrania no entregará sus territorios del este a Rusia para poner fin a la guerra y su ejército combatirá en el Donbás, un choque de tropas que él mismo califica de
decisivo. La frase entierra la vía de una rendición territorial y confirma un escenario que ya venía enquistado desde 2014, cuando el mapa oficial y el control real empezaron a divergir en el este del país.
Qué se puede negociar y qué no
Según la lectura que más se repite, el gesto admite dos planos. En el primero, Zelenski cierra la puerta a entregar provincias a cambio de paz, algo que sostiene desde el arranque del conflicto. En el segundo, deja intacto un margen estrecho: la neutralidad de Ucrania o un desarme sobre el papel sí serían materia de negociación. Lo que no se negocia, bajo ese marco, es la
soberanía.
Ahí está el detalle que se suele pasar por alto. Sobre el papel, Kiev tampoco reconocería la soberanía rusa sobre
Crimea, y no tanto por cálculo militar como por cálculo político: reconocerlo se lee como humillación, así que no se espera que ocurra aunque el control efectivo sea otro. En la práctica ocurre lo mismo que con Abjasia y Osetia del Sur respecto a Georgia: en los mapas pone una cosa y la realidad es otra.
¿Se pueden reconquistar Crimea y el Donbás?
De momento, no hay respuesta técnica. Quien defiende la vía militar se apoya en el apoyo exterior; quien la duda pregunta con qué medios se recupera un territorio que lleva años fuera del control de Kiev y que Rusia ya considera propio. La discusión se atasca siempre en el mismo punto: sin una superioridad clara sobre el terreno, reconquistar es una intención, no un plan.
El pronóstico más repetido no habla de victoria, sino de tiempo. Hay quien sostiene que el choque se resolvería antes de que acabe el verano; los escenarios más pesimistas se van al año siguiente.
Guerra para rato, resume la lectura más extendida.
Mariupol y la contabilidad que nadie cuadra
Donde el debate se vuelve numérico es en el recuento de bajas. Un cálculo que circula en el seguimiento del conflicto cifra en más de
20.000 los soldados ucranianos caídos, heridos o rendidos solo en Mariupol, con casi 2.000 integrantes de fuerzas extranjeras entre ellos y unos 5.000 todavía sitiados. La misma fuente estima en torno a
40.000 las bajas ucranianas totales si Rusia ha admitido 20.000 propias.
Son estimaciones, no balances oficiales, y por eso conviene tratarlas como lo que son: aritmética de guerra hecha a ojo. Lo que sí admiten casi todas las partes es la dirección del movimiento. Cada semana que pasa, Rusia controla mayor extensión territorial; el apoyo militar exterior ralentiza el avance, pero no lo detiene. Discutir eso, se argumenta, es discutir contra el tablero de operaciones.
El desgaste y el factor exterior: OTAN, Estados Unidos y China
La otra pregunta es quién aguanta más. El escenario que más se repite sostiene que Estados Unidos seguirá financiando y armando a Ucrania, y que Europa irá de la mano. En una guerra de desgaste, añade, la balanza se inclina del lado ucraniano y Rusia pierde, incluso rápido.
Para el bando contrario, Rusia solo equilibraría la balanza con una ayuda china a gran escala, y esa ayuda no llegaría: el gigante asiático se centraría en su mercado interno y en su zona de influencia. Sobre la mesa queda incluso un escenario más incómodo, el de una China pragmática que se haga con territorio siberiano si el conflicto se desmadra. Todo eso es especulación, pero explica por qué muchos descartan que Rusia pueda sostener el pulso indefinidamente.
Kosovo, Abjasia y Osetia del Sur: los precedentes que se citan de refilón
¿Sirve de algo invocar la integridad territorial? Aquí el escepticismo es transversal. Se recuerda que los mismos organismos internacionales que velaron por la integridad territorial de Serbia acabaron reconociendo un Kosovo independiente, y que aquello mandó a la papelera los acuerdos de Helsinki sobre integridad de los estados. Quien sostiene esa tesis añade que fue la OTAN quien abrió esa etapa de política del cañonero y que, por tanto, nadie tiene autoridad moral para rasgarse las vestiduras ahora.
El contraargumento es igual de viejo: los precedentes no crean derecho, solo precedentes. Y mientras se dirime, el terreno cambia más rápido que los tratados.
Con el mapa moviéndose y las dos capitales sin ceder un milímetro, el pronóstico más honesto es el que no se atreve a poner fecha. La única cifra que nadie discute es la de septiembres que llevamos esperando esa ofensiva que lo decide todo.