VisualPolitik y el futuro negro del mundo
Un vídeo de VisualPolitik ha encendido el avispero: el mundo del futuro será negro. La afirmación, lanzada sin anestesia, ha servido para que un puñado de analistas de sofá desplieguen sus calculadoras demográficas y sus peores presagios. La tesis del canal no es nueva —llevamos décadas oyendo que la
natalidad se desploma en Occidente y se dispara en África—, pero el tono y el momento han convertido el asunto en un campo de batalla donde se mezclan datos, racismo y mucha, mucha bilis.
El vídeo que lo empezó todo
VisualPolitik, canal de divulgación económica y geopolítica con millones de seguidores, publicó un análisis en el que venía a decir que la evolución demográfica global apunta a un planeta donde la población negra será mayoritaria. La pieza, que no hemos podido verificar en su totalidad, ha sido recibida como una bomba en ciertos círculos. Un participante lo resume con sorna: «Han descubierto América». Otro añade que, si atendemos a la demografía, «pinta a marrón oscuro». La discusión, como era de esperar, derivó rápidamente hacia territorios mucho menos académicos.
Los números que se manejan
En el fragor del intercambio aparecen algunas cifras que conviene poner en contexto. Se afirma que los negros en todo el mundo suman 1.500 millones, que los chinos superan los 1.400 millones y que, sumando japoneses, vietnamitas e indonesios, se alcanzan otros 600 a 800 millones. Los blancos, según estos mismos cálculos, estarían entre 1.100 y 1.300 millones. La riqueza, se argumenta, está en Asia. Y los países musulmanes, desde Marruecos a Irán, rondarían los 1.000 millones. Son cifras redondas, de esas que se lanzan para ganar una discusión más que para sostener un paper.
Lo que sí tiene más fundamento es el dato de la tasa de fertilidad del África Subsahariana: pasó de 5 nacimientos por mujer en 2015 a 4,6 en 2021, según la serie que cita un participante. Sigue siendo alta, pero la tendencia es a la baja. Otro interviniente recuerda que China lleva décadas por debajo de la tasa de reemplazo y que muchos países musulmanes también están en decadencia demográfica. La imagen de un mundo negro uniforme se agrieta cuando se miran los datos con lupa.
El mestizaje y sus defensores
Hay quien sostiene que el mestizaje tiene bondades pero también desventajas, y lo compara con la cría de perros de raza. La analogía canina, además de zafia, ignora que las poblaciones humanas no funcionan como un criadero. Otros van más allá y hablan de un plan deliberado para mezclar a los blancos y eliminar a los «blanquitos inútiles». Es la teoría de la conspiración de manual, aderezada con referencias a la Agenda 2030 y a un supuesto control de los recursos por parte de unos pocos «pura sangre». Nada de esto viene acompañado de una sola prueba.
La discusión sobre el mestizaje deriva en ocasiones hacia el papel de las mujeres. Un mensaje sostiene que las jóvenes blancas «reniegan de sus hombres» y prefieren a negros, lo que a su juicio acelera la desaparición de los europeos. Es una opinión, no un hecho, y como tal se presenta. En China, Rusia, Japón o Irán, añade, esto no ocurriría. La realidad es que la demografía es terca y no entiende de preferencias sentimentales.
África: la bomba demográfica
El consenso más sólido del intercambio es que África se enfrenta a una crisis malthusiana de proporciones bíblicas. No hay fósforo, ni energía, ni agua para 3.000 millones de africanos más. La tasa de fertilidad sigue siendo demasiado elevada y los flujos migratorios son intensos. Alguien apunta que, si se cortaran las ayudas y los flujos migratorios, en menos de un siglo y unas cuantas guerras tribales la población africana volvería a su nivel «real», el de las aldeas. Es una predicción macabra, pero resume el sentir de buena parte de los intervinientes.
La pregunta que sobrevuela es qué pasará cuando el excedente generacional africano choque con la falta de recursos. Un participante lo describe como «cositas muy feas» para equilibrar la balanza. Otro recuerda que África no produce armamento ni tiene fábricas de munición para mantener guerras, y que sin el dinero de las ayudas el castillo se desmorona. La conclusión implícita es que el continente está sentado sobre una bomba de relojería.
China, la gran olvidada
Mientras unos miran a África, otros ponen el foco en Asia. «El futuro será Asia y punto», sentencia un mensaje. China ya se ha metido en África y está manejando el cotarro, según otro. La idea de que el mundo será negro choca con la evidencia de que el poder económico y militar se desplaza hacia el Pacífico. Los chinos, se dice, no permitirán que Europa se hunda sin más: tienen sus propios planes. Y no incluyen ceder el control a nadie.
La discusión deriva hacia la geopolítica: que si China crece porque Occidente lo ha permitido, que si luego podrán controlar al Frankenstein que han fabricado. Son especulaciones, no análisis. Lo único claro es que nadie tiene una bola de cristal.
El hombre blanco, en extinción
El tono general es pesimista. Se habla de que el hombre blanco quedará como un recuerdo, como los neandertales. Se culpa al buenismo y al feminismo de la baja natalidad. Alguien propone invertir en franquicias de pollo frito, ironizando sobre el futuro. Y otro cierra con un dato que descoloca: «El hombre blanco ya no es necesario». La inteligencia artificial y la manipulación genética, argumenta, hacen innecesaria la existencia de una población blanca que, además, es la única que tiene interiorizado el concepto de libertad individual. Es una teoría más, sin evidencia, pero que refleja el ambiente apocalíptico del intercambio.
Al final, la pregunta que queda flotando es si VisualPolitik tiene razón o si, como casi siempre, el futuro es más complicado que un titular. Los datos apuntan a un mundo más diverso, pero también más asiático y más viejo. Lo de que será negro es, cuando menos, una simplificación.