La 'verificación' de género, el nuevo pasatiempo de internet
En algún rincón de internet, una foto de una pelirroja anónima ha servido de excusa para algo más que un piropo. En apenas dos días, más de 70 comentarios se han sucedido intentando responder a una pregunta tan simple como perturbadora: ¿le “darías”? Y detrás de esa pregunta, otra más inquietante: ¿estás seguro de que es una mujer? El supuesto “debate” ha mezclado análisis pseudométricos con alusiones obscenas, reflejando una corriente que, lejos de ser marginal, se reproduce en cada rincón digital.
No es un fenómeno nuevo, pero la velocidad a la que se propaga sí. En este caso, la conversación se ha centrado en la posibilidad de que la protagonista no sea cisgénero. Para decidirlo, se aplican curiosas literas: se cita el “ratio espalda-cadera” como prueba, se descarta a quienes llevan piercings o tatuajes, se exigen más fotografías. La ciencia, evidentemente, brilla por su ausencia.
La “ciencia” de adivinar el sexo
Los argumentos no pasan de la anécdota. Un comentario llegó a afirmar que el “sentido arácnido” le alertaba; otro exigía ver la foto en “quinientas posiciones” para opinar con rigor. Entre la ironía y la grosería, se cuela una constante: la mujer es tratada como un objeto de inspección. El debate sobre si tiene o no pene se convierte en el centro, ignorando que el deseo, cuando existe, debería depender de la persona y no de una supuesta verificación.
Del deseo a la descalificación
Las respuestas se dividen en tres bloques. Primero, quienes admiten que “le darían” sin importar el detalle anatómico: un plural que asume el riesgo como parte del juego. Segundo, los que se declaran incapaces de decidir sin más pruebas, y llegan a proponer un “cara o cruz” para resolverlo. Tercero, los que se mofan del propio planteamiento, a menudo con parodias absurdas que incluyen estadísticas inventadas sobre “necrosis púbica” y “programas de reinserción”. La burla, sin embargo, no desactiva el problema: sigue hablando de una desconocida sin su permiso.
Un espejo de la masculinidad digital
Lo inquietante no es que exista deseo ni curiosidad, sino la forma en que se manifiesta: como una auditoría pública del cuerpo ajeno. Este patrón se repite en numerosos espacios digitales donde la mujer es examinada bajo la sospecha de no ser “suficientemente mujer”. El lenguaje utilizado, deliberadamente soez, normaliza la humillación como entretenimiento. Y cuando alguien intenta señalar la falta de respeto, se responde con más agresividad, en una espiral que pocos intentan romper.
En la conversación original se citan referencias tan dispares como Al Pacino o el “sentido arácnido”, pero el análisis completo de estas contribuciones requeriría un debate que no cabe en este artículo.
La respuesta que nadie esperaba
Al final, el autor del mensaje original reveló un detalle: la pelirroja es irlandesa, veintipocos, y tiene novio. Con tres palabras —“es mujera”— zanjó la polémica anatómica. Pero la cuestión de fondo sigue abierta: ¿por qué dedicar tanto tiempo a especular sobre el sexo de alguien que no ha dado su consentimiento? La respuesta, probablemente, la explica el “pasatiempo” en sí: la cosificación se ha convertido en un deporte online, con sus reglas, sus expertos y su público. Y la víctima, como siempre, es la que no tiene voz.