Rusia raciona la gasolina mientras lanza una oleada de misiles sobre Ucrania
A finales de agosto de 2026, la guerra de Ucrania dejó de ser solo un asunto de trincheras para convertirse también en un problema de surtidor. Rusia lanzó una oleada de misiles contra Kiev —trece hipersónicos Zircon en dieciocho minutos, ocho Iskander-M, dos KN-22 y misiles de crucero Kalibr desde la zona del puerto de Novorossiysk— y, según las fuentes que se citaban, alrededor de setenta misiles y drones Geran contra objetivos en territorio ucraniano. En paralelo, varias petroleras rusas empezaron a limitar cuánta gasolina puede comprar un conductor de una sola vez. El mismo país que sostiene una campaña de castigo aéreo a mil kilómetros de su frontera raciona el carburante en Moscú y San Petersburgo.
¿Por qué el gas europeo vuelve a los precios de 2023?
Porque el detonante no está en Ucrania sino en el estrecho de Ormuz. El 20 de agosto de 2026 los precios del gas natural en la UE se dispararon hasta niveles no vistos desde la crisis energética de 2023, después de que el presidente estadounidense anunciara por la noche en Truth Social un «Día D económico» contra Irán. El anuncio elevaba la probabilidad de una interrupción del suministro en la zona.
La lectura que se hace de ese movimiento va más allá del episodio: Estados Unidos intentaría reconstruir su hegemonía no recuperando superioridad industrial, sino controlando cuellos de botella estratégicos —energía, transporte, tecnología y finanzas—. El diagnóstico de fondo es que el reciclaje del dólar sostuvo la posición global norteamericana desde los años setenta, primero con bancos centrales comprando deuda del Tesoro y después con flujos privados hacia activos estadounidenses, y que ese mecanismo se agota. Un cálculo que circula ilustra el desgaste con una comparativa doméstica: el poder de compra del dólar se habría dividido aproximadamente entre diez en los últimos 54 años, medido con el precio de una entrada de parque temático. Es un ejercicio grueso, pero apunta a lo mismo que los tipos y el déficit.
Trece Zircon en 18 minutos y el inventario que publica la inteligencia ucraniana
La Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano (GUR) publicó cifras sobre los supuestos depósitos de misiles rusos: 600 Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U. En el hilo, la publicación se interpretó más como una forma de desviar la atención de lo que había caído la noche anterior que como un ejercicio de transparencia.
Y lo que cayó fue un paquete considerable: trece Zircon, ocho Iskander-M y dos KN-22 en dieciocho minutos contra Kiev, seguidos de misiles de crucero Kalibr lanzados desde Novorossiysk y, después, aviación estratégica. En total, unas setenta unidades contra territorio ucraniano según las fuentes que se citaban, más drones Geran.
El reproche que se repite en el hilo no es por exceso, sino por defecto: la Duma y el palacio presidencial de Kiev siguen en pie. La idea que se repite es que Moscú «juega a empatar» y que no está empleando toda su capacidad. El contrapunto llega con las cifras de daño civil: al menos 27 personas murieron y 42 resultaron heridas en un ataque contra un almacén cercano a la capital, donde la detonación de material almacenado multiplicó los efectos sobre los edificios vecinos. En torno a ese punto circula un argumento insistente —que se almacenan municiones en zonas civiles y que el propio Zelenski lo habría reconocido, matizando que existen regulaciones para evitarlo—. Se trata de una afirmación atribuida, no verificada de forma independiente.
Gasolina racionada en Moscú y San Petersburgo
Tras Moscú, la escasez de combustible llegó a San Petersburgo. Gazprom Neft reintrodujo un límite de 60 litros por repostaje y prohibió llenar más de un bidón; Tatneft limitó las ventas a 50 litros para las gasolinas A-92 y A-95. En Ekaterimburgo se difundieron imágenes de colas largas en las estaciones de servicio.
Sobre esa contradicción se construyó buena parte del análisis económico del mes: Rusia conserva la capacidad de destruir la economía ucraniana —incluida la ayuda financiera y armamentística de Estados Unidos, la OTAN y la UE—, mientras que sus adversarios ya no pueden arruinar la economía rusa. La refutación es igual de directa: quien raciona carburante en su segunda ciudad tiene un problema de oferta doméstica que ninguna victoria en el Donbás resuelve.
El reparto del dinero también entró en la discusión. Mientras, según una cifra que se maneja en el hilo, el salario medio neto ruso ronda los 78.000 rublos al mes —unos 800 euros—, se sostiene que buena parte del excedente va a parar a los grandes nombres del aparato. La cifra de renta convive mal con la imagen de Mercedes y apartamentos en el extranjero.
Ochenta desertores ucranianos y un arresto en Varsovia
Según un mensaje difundido en el hilo, más de ochenta soldados ucranianos desertaron en Sajonia-Anhalt. La discusión derivó inmediatamente al terreno legal: un forero sostenía que, si los implicados se registran como solicitantes de asilo, la Alemania gobernada por Merz los repatriaría en cuestión de semanas. La deserción, aquí, no es un drama militar, es un expediente administrativo.
El segundo asunto de seguridad fue polaco. El servicio de seguridad ABW anunció la detención en Varsovia de un ucraniano de 63 años, Serhiy P., sospechoso de haber colocado un artefacto explosivo bajo el vehículo de un representante de la industria de defensa ucraniana en Irpin, en la región de Kiev, presuntamente por orden de los servicios rusos. El dispositivo debía detonarse a distancia con un teléfono móvil y no explotó por un fallo.
A esto se sumó, según una información difundida en el hilo, el frente interno ucraniano: registros de la Oficina Nacional Anticorrupción y de la Fiscalía Especial Anticorrupción en la oficina de un funcionario de la Fiscalía General, un día después del choque entre el SBU y el GUR, en el que la Fiscalía se alineó con el primero. La pugna por el control del aparato se lee como un juego de poder dentro del propio entorno presidencial.
El coste cotidiano aparece en los testimonios que se difunden: una agente de aduanas de la región de Odesa se quejaba de la falta de productos en los supermercados y avisaba de que el encarecimiento de la cadena de suministro acabaría recayendo en salarios y precios, porque los propietarios de barcos no quieren arriesgar mercancía de cientos de miles de dólares.
Alemania, la UE y el tubo de Nord Stream que sigue intacto
La líder de Alternativa para Alemania, Alice Weidel, sostuvo que su país «está acabado» por la política ecologista, que ya no es competitivo y que lo primero que hará su partido será negociar con Estados Unidos y después con Rusia para importar gas barato. La discusión derivó a un dato atribuido a Putin en un mensaje del hilo: quedaría un tubo de Nord Stream sin dañar, con 27,5 billones de metros cúbicos de gas, y Alemania podría reducir su gasto energético si se abriera el grifo. La conclusión que se extrae es que quien decide es Washington, no Berlín.
En ese marco se citó al secretario general de la OTAN, Rutte, con una frase que circuló como ejemplo de sobreexposición: Rusia «no es más grande que Bélgica y los Países Bajos juntos», así que no pueden derrotarnos. La recepción fue de estupefacción generalizada.
El dato que mide el desgaste político europeo es francés: la popularidad de Macron cayó al 16%, el mínimo desde el inicio de su presidencia en 2017, según una encuesta de Ipsos BVA. A ello se sumó el recado de Marine Le Pen sobre que Francia no tolerará que una potencia extranjera dicte su política mediante intimidación o presión psicológica.
Bloomberg ya no fija el final en 2026, sino en 2027
La información que cambió el tono de la conversación fue la de Bloomberg: en Estados Unidos y Europa se da por hecho que la guerra continúe en 2027. La última iniciativa de paz estadounidense, con el viaje de Witkoff y Kushner, no habría dado resultados apreciables, y Putin no habría suavizado su postura. La previsión que se atribuye a Rusia es intensificar durante los próximos seis meses los ataques contra infraestructura.
En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró que Ucrania ya no existe porque el régimen de Kiev habría eliminado los fundamentos jurídicos sobre los que Moscú la reconoció como Estado, y añadió que si Zelenski quiere una reunión, vaya a Moscú, ya que sigue vigente su decreto que prohíbe negociar.
El otro movimiento diplomático fue el viaje del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú, presentado por The Wall Street Journal como advertencia sobre supuestos planes de movilización rusa y de puesta a prueba de la determinación de la OTAN. Se señaló, además, que el tono conminatorio pudo no ser el que se presumía. En medio de ese tráfico, el Financial Times y Der Spiegel desmintieron la noticia difundida por medios ucranianos de que Boris Johnson viajaba en el tren atacado: las delegaciones europeas iban en otros convoyes de la misma ruta.
Redes contra drones y un torneo ruso-estadounidense en Mytishchi
En el capítulo técnico, el centro de investigación y producción Ushkúinik, con sede en Veliki Nóvgorod, presentó un sistema bautizado Páseka que reconoce drones FPV y lanza redes al aire de forma automática, sin operadores, con cobertura de 360 grados. La anécdota del mes la dio el torneo de lucha Real American Freestyle, celebrado en Mytishchi, a las afueras de Moscú, con luchadores rusos y estadounidenses en el mismo ring, bajo la dirección de Umar Kremlev, y con Khamzat Chimaev, Tyron Woodley, Abdulrashid Sadulaev o Kyle Snyder entre los participantes. Organizar algo así en plena guerra no fue un detalle menor. Ese mismo registro simbólico tuvo la intervención de un representante del Banco Central ruso en el Foro Económico de Viena, que comparó la economía del país con un camello por su capacidad de supervivencia.
La tensión regional añadió otra pieza: Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano, advirtió de que el gatillo del ejército norcoreano está amartillado y que ante la mínima provocación pasaría a fuego de barrido inmediato.
Hay quien sostiene que Europa es ya irrelevante, que no se sentará en ninguna mesa donde se impongan condiciones a la OTAN y que la discusión real es entre Moscú y Washington. Enfrente pesa un argumento sencillo: quien raciona gasolina mientras sus socios recomponen cadenas de suministro no parece estar ganando la partida económica, y quien la pierde difícilmente impone condiciones.
Lo más honesto es lo que no se sabe. Un país raciona carburante pero lanza decenas de misiles en una noche; otro pierde ochenta soldados que no vuelven al cuartel y negocia con la logística de por medio. La pregunta sigue sin respuesta con datos: qué tiene que romperse antes —una refinería, una línea de suministro, una mayoría parlamentaria— para que alguien firme algo. De momento, el calendario que circula no termina en 2026.