Rusia limita la gasolina y Europa paga el gas a precio de 2023
El gas natural europeo volvió a los niveles de la crisis energética de 2023. El detonante no fue esta vez un gasoducto ruso ni un paquete de sanciones: fue un mensaje de madrugada del presidente estadounidense Donald Trump en Truth Social declarando un «Día D económico» contra Irán. Con el estrecho de Ormuz en el aire, el precio del gas se disparó en el mismo continente que lleva cuatro años discutiendo cómo dejar de depender del gas ruso. En ese cruce —Ucrania, Irán, precios energéticos y una Europa que mira cómo otros deciden por ella— se ha movido el grueso del análisis de las últimas semanas.
Trece misiles Zircon en 18 minutos sobre Kiev
Un ataque nocturno ruso sobre Kiev dejó un muerto y dos heridos, según informaron las autoridades locales. Restos de un dron cayeron sobre un centro comercial del distrito de Holosiivskyi y provocaron un incendio; los equipos de rescate siguieron buscando dentro del edificio. El alcalde, Vitali Klitschko, sostuvo que la infraestructura crítica de la capital había sido atacada de forma deliberada esa tarde, el primer golpe de ese tipo en varios meses, con riesgo de interrupciones en el suministro de agua caliente.
La secuencia de la oleada, tal como circuló en los seguimientos: 13 misiles hipersónicos Zircon lanzados en 18 minutos, ocho Iskander-M y dos KN-22 contra objetivos en Kiev; después, misiles de crucero Kalibr desde la zona del puerto de Novorossiysk y la aviación estratégica sumada al ataque. En total, según las fuentes manejadas, unos 70 misiles y una tanda de drones Geran. En el mismo paquete informativo aparecieron almacenes logísticos en llamas cerca de la capital, entre ellos instalaciones de la estadounidense FedEx, utilizadas según estas versiones para logística militar desde el inicio del conflicto.
En paralelo, la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa ucraniano publicó un inventario estimado del arsenal ruso: 600 misiles Onyx, 450 Kalibr y 400 RM-48U. La reacción inmediata fue señalar lo que falta en esa lista —el sistema Oreshnik— y preguntarse para qué se publica un recuento parcial justo después de una noche de bombardeos. La lectura más repetida es incómoda: el dato sirve para desplazar la atención del daño real sobre el terreno.
De Moscú a San Petersburgo: la gasolina se raciona
La escasez de combustible dejó de ser un problema exclusivamente moscovita. Varias petroleras rusas impusieron restricciones a la venta de gasolina en San Petersburgo, donde los límites ya se notaban en las gasolineras, según el medio local en el exilio Boumaga. Gazprom Neft reintrodujo un tope de 60 litros por repostaje y prohibió llenar más de un bidón. Tatneft fijó el límite en 50 litros para las gasolinas A-92 y A-95, los dos índices de octano estándar en Rusia.
Es el tipo de dato que no aparece en los partes militares y que, sin embargo, ordena la política interior de un país en guerra. Rusia golpea el refino ucraniano y Ucrania responde contra el refino ruso; el resultado es una cola en el surtidor en la segunda ciudad del país. De ahí que la propuesta de tregua parcial sobre infraestructura energética haya pasado de plantearse como gesto humanitario a justificarse como gestión de precios.
¿Existe ya una tregua energética entre Rusia y Ucrania?
No hay ningún acuerdo definitivo. Trump afirmó que Rusia y Ucrania se habían comprometido a no atacar sus respectivas infraestructuras energéticas y atribuyó a esa guerra, no a Irán, la subida global del precio del diésel. Horas después, Volodimir Zelenski dijo que Kiev está dispuesta a un alto el fuego y a dejar de atacar refinerías rusas si Moscú cesa los ataques contra infraestructura ucraniana, y amplió la lista a puertos, alimentación y transporte. El corresponsal jefe del Financial Times para Ucrania, Christopher Miller, citó fuentes ucranianas para rebajar el anuncio: lo que se presentó como cerrado seguía en negociación y sin detalles claros.
Orejov, el avance que no sale en portada
Orejov, unos 15.000 habitantes en Zaporizhzhia, está cayendo en manos rusas según los datos que se manejaban. No es una ciudad grande, pero es nudo de carreteras y punto de partida de la contraofensiva ucraniana de 2023 hacia Robotyne. Con avances simultáneos a izquierda y derecha, el problema no es tanto la pérdida del núcleo urbano como la apertura de ejes. A eso se suma el argumento logístico que se repite: cuando cae la línea de combate, el siguiente objetivo es la logística, y ahí la necesidad ucraniana es de combatientes de primera línea, no solo de operadores de drones.
Irán, Ormuz y el gas que acaba pagando Europa
Seis meses después de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán y de la muerte de su Líder Supremo, la guerra sigue abierta. Trump declaró «misión cumplida»; según los datos que se seguían, Irán cerró el estrecho de Ormuz, bloqueó el 20% del petróleo mundial y recuperó el 90% de sus emplazamientos de misiles. El alto el fuego de Islamabad duró tres semanas. Según esa misma versión, el banco central iraní confirmó la entrada de 7.500 millones de dólares en ingresos petroleros, una cifra que cubriría el 99% del presupuesto de los cuatro primeros meses del año fiscal persa, canalizados a través de refinerías privadas chinas. Ese es el grifo que sostiene el pulso y explica por qué el precio del gas europeo responde a un anuncio presidencial en Truth Social y no a un gasoducto del Báltico.
Nestlé, Auchan y Leroy Merlin pasan a manos rusas
Un decreto de Putin publicado un jueves transfirió los activos en Rusia de la suiza Nestlé, la francesa Auchan y el antiguo grupo Leroy Merlin —rebautizado Lemana Pro en 2024— a una misma empresa rusa. La justificación que circuló: esas compañías congelaron inversiones desde 2022 pero no se fueron, manteniendo plantas a medio gas y frenando la competitividad nacional. Es el mismo procedimiento aplicado antes a Danone y Carlsberg, y dibuja un patrón claro: el capital extranjero que se queda no permanece como socio, permanece como rehén.
El agujero de 27.000 millones y la frase de Rutte
Ucrania afronta un agujero de 27.000 millones de dólares en su presupuesto de defensa, casi cuadruplicado en varios meses, y los funcionarios europeos empiezan a mostrarse inquietos por cómo se cubre, según las informaciones que se citaban. En ese contexto se leyó la declaración del secretario general de la OTAN, Mark Rutte: «Rusia no es más grande que Bélgica y los Países Bajos juntos, así que no pueden derrotarnos». La frase provocó estupefacción incluso entre quienes siguen la guerra con distancia; el argumento geográfico ignora, se respondía, que el problema no es la extensión del territorio sino la capacidad industrial, los recursos y la población.
Alrededor del mismo eje: un mensaje difundido en el hilo aseguraba que más de 80 soldados ucranianos habían desertado en Sajonia-Anhalt; Bielorrusia anunció una comprobación de la preparación combativa de su ejército y la expansión de bases en la región de Gomel, con la posibilidad de una ofensiva sobre el norte de Ucrania; y el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú. El Kremlin aclaró que Putin no se reunió con él y que solo se le informó de su llegada y de su encuentro con los servicios de inteligencia rusos. El Wall Street Journal sostuvo que el viaje tenía que ver con supuestos planes de movilización rusa y con una advertencia sobre la determinación de la OTAN. En Corea del Norte, Kim Jong Un inspeccionó del 16 al 18 de septiembre las empresas de la industria armamentística, y su Dirección General de Misiles probó el día 20 «un nuevo sistema armamentista de gran relevancia», sin efectos negativos para la seguridad de los países vecinos según el comunicado oficial.
El coste que no se mide en misiles
Entre tanta cifra militar, una agente de aduanas de la región de Odesa resumía el otro frente: los propietarios de barcos no quieren arriesgar mercancía de cientos de miles de dólares, la reestructuración de las cadenas de suministro se traslada a precios y salarios, y la pregunta que dejaba caer era si eso sigue siendo ganar. No es retórica. Un caso relatado desde Manhattan sirve de espejo: una visita a urgencias por un cólico nefrítico, dos dosis de morfina y un contraste, con seguro médico, 3.000 dólares; sin seguro, 30.000. Y en medio de todo esto, alguien anunciaba que su PSA había bajado a cero tras un tratamiento oncológico y otro se despedía temporalmente porque leer cada día noticias sobre el fin del mundo le estaba agravando la depresión.
Con esos mimbres, la pregunta operativa es otra: ¿cuánto de esta guerra se decide ya fuera de Ucrania —en un surtidor de San Petersburgo, en un anuncio en Truth Social, en una refinería privada china— y cuánto margen real le queda a quien la combate sobre el terreno?