El Corte Inglés a 12 meses: la prosperidad que se paga en marzo
Carros llenos, roscones de 40 euros, jamones y vinos de reserva. La escena navideña en los grandes almacenes se repite y hay quien la lee como la prueba definitiva de que la economía va como un cohete. El detalle incómodo aparece en la letra pequeña:
tarjetas a 12 meses sin intereses y compras que no se empiezan a pagar hasta finales de febrero. Dos meses de carencia. La fiesta se financia, no se paga.
Qué se compra y con qué dinero
El menú de estas fechas es conocido: roscones de
40 euros, vinos, jamones y caprichos que en un carro de supermercado normal no aparecerían. La tesis que circula es que ese consumo no sale del ahorro, sino del crédito blando del gran almacén. Hay quien lo resume con sorna:
gastar como si no hubiera un mañana del 25 al 5, vivir como ratas a partir del 6.
La carencia de dos meses es la clave del asunto. Quien firma en diciembre no nota el primer recibo hasta marzo, cuando la cuesta de enero ya se ha convertido en cuesta de primavera. La expresión «la cuesta de enero no se llama así por casualidad» reaparece cada año y este no es distinto.
La NEP: paguitas, SMI y velocidad del dinero
El marco macro que se maneja en la conversación tiene nombre propio: la
NEP, la nueva economía popular que se atribuye al Gobierno. Subida del SMI, pensiones no contributivas, ayudas y una masa de dinero que circula rápido por los canales del consumo. El argumento es que esa velocidad monetaria sostiene a corto plazo bares, supermercados y grandes superficies, aunque el efecto a largo plazo sea otro.
Se sostiene que una familia con dos salarios mínimos más negocios al margen puede acabar cobrando como un funcionario del grupo A. El problema, dicen, llega cuando el grifo se cierre y el político de turno anuncie en televisión que los brotes se han marchitado. Entonces la violencia social puede ser el verdadero titular.
Propietarios, inquilinos y el nuevo proletariado
El otro eje del asunto es la vivienda. La llegada de población a Madrid se nota en los alquileres: pisos que se alquilaban por
600 euros pasan a
1.200 si el inquilino mantiene nómina o pensión. Quien no es propietario acaba compartiendo piso. La conclusión que se repite: no se puede crecer solo ampliando población y deuda, porque frenar duele hoy y acelerar duele más tarde.
De fondo, una sospecha incómoda: los índices, los metales, la vivienda y hasta el bitcoin suben desde la pandemia porque la moneda en la que cotizan vale menos. El efecto Cantillón hace el resto. Todo lo que suben los activos es aproximadamente lo que se empobrecen las clases medias y bajas. Las altas no, porque tienen el dinero invertido.
El perro en el pasillo y la involución del consumo
Hay escenas que se repiten en los grandes almacenes: un perro cagando en el pasillo central de la primera planta, carros a rebosar, colas de última hora. La queja no es solo estética. Se habla de
involución hacia lo simiesco y de una vuelta al centro comercial como parque temático de fin de semana.
El contrapunto llega desde el otro lado: quien sostiene que todo esto son excusas de quien lleva veinte años anunciando el hundimiento y nunca llega. La prosperidad, dicen, se ve en las terrazas y en las cajas. La respuesta es tan vieja como el foro: las terrazas llenas también se financian.
Devoluciones, crédito y el dato que descoloca
Queda un indicador que casi nadie mira: las devoluciones de enero. Ahí se verá si las ventas eran reales o si el carro navideño vuelve a la estantería. Y queda la letra pequeña de los préstamos preaprobados: intereses que se mueven entre el
18% y el 22%, presentados como ventaja comercial. Un chollo, en fin.
Con esos tipos, la fiesta de diciembre se paga con creces en primavera. La prosperidad que muestran los carros llenos tiene fecha de caducidad y un tipo de interés. El dato que descoloca no es cuánto se compra, sino cuándo se empieza a pagar.