Un trastero de 26 metros en Malasaña: 800 euros al mes
La cocina es una nevera. Encima de la nevera, un microondas. Sobre el microondas, dos fuegos. Ese es todo el espacio para guisar en el «piso» de la calle del Tesoro, en pleno Malasaña, que se ofrece por
800 euros al mes y declara
26 metros cuadrados. Tercero sin ascensor. Un vídeo que corre por TikTok lo enseña sin adornos: la cama encajada detrás de un pladur, el baño sin puerta. La indignación no cabe en el habitáculo, y eso ya es decir mucho.
¿Cuántos metros tiene de verdad el piso?
Los 26 metros del anuncio no cuadran con lo que se ve. Desde los primeros comentarios se duda de la cifra: «Eso no tiene 26 metros cuadrados ni de coña. A lo mejor la inmobiliaria quería decir 26 metros cúbicos», resume una de las réplicas más repetidas. Otro cálculo, este con regla en mano, sostiene que la superficie útil no llega a los
10 metros cuadrados y que multiplicada por los 2,6 metros de altura salen justos los 26 metros cúbicos del titular.
Como unidad de comparación se ha usado de todo. Desde habitaciones en Tailandia —29 metros con cocina, baño, terraza, piscina y gimnasio por unos 300 euros al mes— hasta celdas penitenciarias reales: varias imágenes de celdas de prisiones españolas circulan en la misma conversación para demostrar que el mobiliario penitenciario está mejor resuelto. Y un detalle que remata el conjunto: hay quien señala que el espacio está mal aprovechado y que las cucarachas entran por un hueco de tubería sin sellar.
¿Es legal alquilar un trastero como vivienda?
Aparece la palabra que decide la legalidad de todo esto:
cédula de habitabilidad. Sin ese documento, un inmueble no puede destinarse oficialmente a vivienda, y varios comentarios señalan que un cuarto trastero reconvertido no la obtendría: ni salida de aire, ni condiciones mínimas de salubridad. La conclusión que se repite es incómoda: si no hay cédula, lo que se está alquilando por 800 euros no es una vivienda. Hay quien pide sanciones disuasorias para el propietario o el anunciante —hasta
30.000 euros de multa por cada mes alquilado— y quien recuerda que un espacio así, sin ventilación, es candidato directo a problemas respiratorios, crisis de ansiedad y taquicardias para quien lo habite.
Por qué el centro de Madrid se paga a precio de oro
El argumento que más veces se repite es el de manual: si hay mil personas con intención de alquilar y cien viviendas disponibles, los precios suben. Punto. La oferta no se estira de un día para otro y la demanda se concentra en un puñado de barrios.
La prueba está en la propia comparación: en la misma zona se encuentran pisos de dos habitaciones por alrededor de
1.500 euros al mes, casi el doble de caro y con una puerta de verdad en el baño. Quien mira el portal de anuncios de referencia sostiene que en Madrid capital hay viviendas de tamaño adecuado por menos dinero, y que salir de Malasaña cambia el producto: por apenas 50 euros más hay apartamentos nuevos en otras zonas de la capital. Lo que se paga, en el fondo, es la dirección.
A quién se culpa del precio de la vivienda
Aquí la conversación se parte en varios bloques. Una corriente sostiene que el problema nace de la inseguridad jurídica del arrendador, agravada por las últimas reformas legales del
alquiler, que habrían reducido la oferta disponible. Otra apunta a la administración autonómica, que tiene las competencias de vivienda y no las ejerce. Y una tercera replica que el encarecimiento es general en las comunidades autónomas, gobierne quien gobierne, así que buscar un culpable concreto es perder el tiempo.
En el extremo opuesto está la posición más liberal del conjunto: si el precio no le gusta a nadie, que nadie lo pague; el propietario puede pedir lo que quiera por su trastero y el mercado decidirá.
Dónde se vive mejor por menos dinero
La salida que se propone es geográfica. Cuenca, Castellón, Santander o Valladolid aparecen como alternativas donde el mismo sueldo compra otra vida. Hay testimonios de quien paga una hipoteca de
300 euros por una casa de 110 metros con patio de 250 en el pueblo, con teletrabajo al 80%. Y hay quien ha hecho el cálculo extremo: una furgoneta camper de segunda mano con cristales tintados y una plaza de garaje comunitaria con aseo sale más barata que el alquiler, y al menos tiene ruedas.
El zulo de Malasaña cuesta 800 euros. La hipoteca citada por esa casa de 110 metros con patio cuesta 300. Nadie ha explicado todavía qué se paga exactamente en los 500 euros de diferencia: la luz del atardecer sobre la calle del Tesoro, dicen, no tiene precio.