Kazán 2024: los BRICS se reúnen sin moneda común y con el oro de fondo
El dólar no se ha derrumbado en Kazán ni nadie ha bajado de la cumbre con una divisa común bajo el brazo. Y, aun así, la cita de los BRICS+ ha dejado más preguntas incómodas que cualquiera de las anteriores. La ciudad rusa ha reunido a los cinco socios fundacionales, a los cuatro incorporados y a una nutrida cola de aspirantes que ven en el bloque una puerta de salida del sistema financiero anglosajón. La foto es potente. Los acuerdos verificables, de momento, escasos.
Quién se sienta en la mesa de Kazán
Los cinco fundadores —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— más los ya incorporados Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Arabia Saudí figura como invitada, y una docena larga de países ha presentado solicitud formal de entrada, entre ellos Argelia, Azerbaiyán, Baréin y Bangladés. La lista de aterrizajes la han protagonizado el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y el palestino Mahmoud Abbas. También se ha seguido con curiosidad el diálogo entre el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, que han conversado con cordialidad ante los demás asistentes.
Narendra Modi ha puesto el acento en la retórica: diálogo y diplomacia, no guerra. Y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha reconocido que la cooperación de
Turquía con los BRICS es «su derecho soberano». No es un detalle menor: un miembro de la Alianza Atlántica cortejando al bloque rival se cuenta solo.
Las previsiones del FMI que el bloque usa como argumento
El cuadro que más circula es el de las previsiones de crecimiento para 2024: India 7,0%, China 4,8%, Rusia 3,6% y Brasil 3,0%. Al otro lado, Estados Unidos 2,8%, Canadá 1,3%, Reino Unido y Francia 1,1% cada uno, Italia 0,7% y Japón 0,3%. La lectura parece evidente y también es tramposa: son tasas de crecimiento, no niveles de riqueza, y comparar economías emergentes con maduras por su velocidad de expansión siempre favorece a las primeras.
Eso no quita que el dato ruso desmienta el relato del colapso.
Rusia ha superado a Japón como cuarta economía del mundo, con un 3,55% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo, según un informe del FMI difundido al calor de la cumbre. Una cifra que se repite hasta el cansancio en los análisis que estos días reivindican el giro hacia el llamado Sur Global.
Oro, metales preciosos y la moneda que se rumorea
La divisa común de los BRICS existe, por ahora, en el terreno de los rumores. Los inversores en oro han seguido la cumbre pendientes de cualquier anuncio sobre una moneda respaldada por el metal amarillo, y Rusia ha confirmado conversaciones con el bloque para el
intercambio de metales preciosos. Según las informaciones que se han difundido estos días, Arabia Saudí abandonó el petrodólar este verano, y un resumen que circula atribuye al plan un patrón oro. La letra pequeña la pone la propia cumbre: sostener una moneda única obligaría a ceder soberanía monetaria, y ahí ni China, ni India, ni Brasil tienen prisa. Hay incluso quien resume el asunto como un simple
cambio de amos: subrogación en la parte activa y a seguir tejiendo.
Lula, Venezuela y los perdedores latinoamericanos
El presidente brasileño no ha viajado a Kazán: ha intervenido por videoconferencia. Su frase más citada ha sido la de no permitir otra vez la imposición de medicamentos y vacunas como en 2020. Lo polémico, sin embargo, está, según una de las lecturas que circula en el hilo, en el veto a la entrada de Venezuela y Nicaragua en el grupo, que dejaría a Brasil señalado como pieza ambigua, en la órbita de Estados Unidos, y al petróleo venezolano en manos de operadores extranjeros a precio regalado. De ahí que una de las conclusiones que circulan sea incómoda:
los grandes perdedores de esta cumbre serían los países latinoamericanos.
Una guerra que unos quieren y otros no
Putin, en la rueda de prensa final, se ha declarado abierto al diálogo con Occidente y ha respondido tanto a la pregunta de un periodista de la BBC sobre Ucrania como a la de otro sobre la presencia de militares norcoreanos. La tesis que recorre buena parte de los análisis es que a los BRICS no les interesa un conflicto abierto; quien tendría motivos sería Estados Unidos, con una deuda que le impide sostener una guerra económica larga. Como telón de fondo, se sostiene que África está expulsando a militares occidentales de su territorio y que China restringe exportaciones de materias críticas. El cálculo completo de quién gana y quién pierde con el corte del grifo da para rato.
La cumbre se cierra sin moneda, sin comunicado que arregle el mundo y con una foto que Occidente preferiría no ver. En 2025 el testigo pasa a Brasil, que presidirá el bloque y acogerá la cita en Belém, donde se revisa la estrategia quinquenal. Si para entonces sigue sin aparecer un mecanismo de pago alternativo al dólar, la amenaza será más retórica que real. Si aparece, aunque sea a medias, el tablero financiero no se parecerá al de las últimas ocho décadas.