Daimiel pide cita al médico y se la dan para 28 días
El periodista Antoni Daimiel fue al ambulatorio de su municipio a pedir cita para el médico de familia. Le ofrecieron dos opciones: presencial dentro de 28 días o telefónica dentro de 31. Lo contó en la red social X y el mensaje superó las 400.000 visualizaciones y los 2.000 'me gusta' en menos de 24 horas. Casi 1.000 respuestas después, la conversación derivó hacia un asunto más incómodo: la atención primaria ya no es el filtro del sistema, es el cuello de botella.
Qué ha pasado con la cita de Daimiel
Daimiel no reveló el motivo de la consulta. Solo el plazo. La cita disponible, según la captura que compartió, era a partir del 9 de mayo. El mensaje original decía: «He ido a pedir cita para médico de familia en el ambulatorio del municipio donde vivo. Me ofrecen opción para dentro de 28 días (presencial) y para dentro de 31 días (telefónica). ¿Cómo está la cosa en vuestros municipios?».
La respuesta no fue uniforme. Varios testimonios aseguraban que en sus centros de salud, la mayoría en Madrid, les dan cita en pocos días. Otros confirmaban esperas similares o peores. Una usuaria compartió una captura de la aplicación de su centro con el mensaje «en estos momentos no es posible gestionar su cita, contacte con su centro de salud». Llevaba un mes con ese aviso. Por teléfono, decía, no lo cogen.
La atención primaria como síntoma, no como causa
El caso de Daimiel no es una anomalía. Es la punta de un sistema que ha ido trasladando el problema hacia arriba. Un usuario anónimo, identificado como «Urgencias Hospital del Mar», compartió imágenes de la saturación de su servicio: 165 pacientes en urgencias al cambio de turno, 54 de ellos superando las 24 horas de estancia. El mensaje terminaba con una pregunta directa a la administración: «¿Pensáis hacer algo? O solo ofrecer incentivos económicos a médicos de cabecera para que tramiten altas a diestro y siniestro?».
La lógica es circular. Si el médico de familia tarda 28 días, el paciente acaba en urgencias. Si urgencias se satura, el sistema se degrada para todos. Un participante lo resumía con crudeza: «Eso no es problema si en caso de urgencias le atienden ese mismo día. El problema es que igual va por una urgencia, y tampoco les da tiempo a atenderle».
Depende del código postal
La variabilidad geográfica es uno de los hallazgos más repetidos. Un mismo sistema nacional produce esperas de un día en unos municipios y de tres semanas en otros. «Depende mucho del centro de salud, yo vivo en Villalba y la atención primaria es un estercolero, las dos semanas en la cita no te las quita nadie, en cambio mi familia que vive en Leganés les dan cita de un día para otro», relataba un participante.
Otro aportaba un contraste similar: «A mí mujer le daban cita para 3 semanas y a mí para dentro de 2 semanas esta misma semana. Al final fui de urgencia y me atendió en 10 minutos otro médico». La conclusión que se extrae no es que el sistema funcione o no funcione, sino que funciona de forma distinta según dónde vivas y qué centro te toque.
Los impuestos suben, la espera también
Una de las líneas de análisis más repetidas apunta a la relación entre presión fiscal y calidad del servicio. «Hace veinte años era normal que te dieran cita el mismo día o al día siguiente. Dos como mucho. Lo que sí tardaba meses era ir a un especialista, pero para el médico de cabecera no tardaba. Es curioso cómo llevamos veinte años de subidas de impuestos porque los impuestos pagan la
sanidad pero cada vez te atienden peor en el consultorio», sostenía un participante.
El argumento contrario también aparece: el sistema atiende a más población, más envejecida y con tratamientos más caros. «Había 13 millones menos de habitantes y la población no estaba tan envejecida. En la sanidad han mejorado muchas cosas como el equipamiento, pero han empeorado otras como la cantidad de personal disponible», señalaba otro. La discusión sobre el gasto sanitario deriva, casi siempre, hacia la misma pregunta: si el dinero está o si está mal repartido.
El elefante en la sala: quién usa el sistema
Una parte de la conversación derivó hacia el impacto demográfico sobre la sanidad pública. Se argumenta que el aumento de población, con aportaciones fiscales bajas y alta demanda de servicios, tensiona el sistema. «Millones de personas más en España con un aporte en impuestos muy bajo pero que demandan toda clase de servicios públicos. Si importas pobres aumentas la pobreza, como es obvio», sostenía un participante. Otro lo atribuía a la universalidad: «En cualquier centro de salud español tienen que atender obligatoriamente a los 8000 millones de habitantes del planeta. Desde que la sanidad es universal para todo el orbe. Poco tiempo me parece».
Estas opiniones aparecen en el debate sin respaldo de datos que las cuantifiquen. Lo que sí es verificable es el aumento de población y el envejecimiento, factores que cualquier sistema sanitario público europeo afronta con dificultad. La discusión sobre quién cotiza y quién recibe es, en realidad, una discusión sobre el modelo de financiación.
El cierre: el dato que descoloca
Mientras Daimiel esperaba 28 días para ver a su médico de familia, un servicio de urgencias hospitalario acumulaba 165 pacientes al cambio de turno, con 54 superando las 24 horas. La atención primaria no es el problema. Es el termómetro. Y el termómetro marca fiebre.