El MEI se come otro 0,7% del sueldo para la hucha de pensiones
¿Cuánto te van a quitar de la nómina el año que viene y para qué? La respuesta oficial cabe en una línea: un
0,7% del salario bruto para engordar la reserva que debe sostener las pensiones. El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), nombre con el que se ha bautizado la nueva contribución, arrancó en enero de este año y en 2024 se elevará hasta ese porcentaje. Con él, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social recibirá
3.702 millones de euros. Quienes lo notan en la nómina son los casi
21 millones de afiliados que sostienen el sistema. No hay sorpresa posible: el mordisco ya está aplicado.
Qué es el MEI y cuánto sube en 2024
El MEI no es un impuesto nuevo con casilla propia: es una cotización más. Viaja dentro de las contingencias comunes de la nómina, se calcula sobre el salario bruto de cada empleado y se reparte entre la parte del trabajador y la de la empresa. Un participante asegura ver ya en su recibo un
0,10% adicional en ese apartado, antes de que la subida alcance su nivel definitivo el año que viene.
El destinatario tiene nombre: el Fondo de Reserva, el colchón que la nueva cotización pretende rellenar con dinero corriente. Rellenar, no blindar. El mecanismo no cambia ni una coma de la fórmula que decidirá cuánto cobra cada jubilado mañana. Solo cambia quién paga hoy. Y quien paga hoy es, literalmente, quien tiene una nómina.
¿Por qué solo lo pagan los que trabajan?
La objeción más repetida no es el porcentaje, sino el perímetro. Hay quien sostiene que en
España solo lo pagan quienes trabajan, los jóvenes y quienes no van a tener más que pensiones de subsistencia, mientras buena parte del colectivo que ya cobra queda fuera del reparto. La comparación con Francia aparece una y otra vez: según los cálculos que circulan, allí el mecanismo equivalente se mueve
entre el 6% y el 10%, grava rentas del trabajo y del capital e incluye a los jubilados. «En Francia si no me equivoco es un impuesto de entre el 6% y el 10% para todo el mundo, jubilados incluidos. Rentas del trabajo y del capital», resume uno de los cálculos que circula.
El detalle importa más de lo que parece. Si el gravamen solo alcanza a las nóminas, el sistema se sostiene sobre una base que se estrecha cada año, la misma que ya carga con las cotizaciones ordinarias y que sufre la precariedad. Otros apuntan que en Francia el tipo equivalente ya ronda el 9% y que la idea es subirlo poco a poco,
como la rana en la olla.
¿Sirve de algo llenar el Fondo de Reserva?
Aquí el escepticismo es transversal. «Lo absurdo es que todo el mundo sabe que el sistema de pensiones va a saltar por los aires y que cualquier medida solo retrasa lo inevitable, y aún así siguen destruyendo la economía con tal de alargar unos años el engendro institucional que son las pensiones», sostiene uno de los mensajes más secundados del debate. La queja no es solo por el dinero: es porque no se toca la estructura. Con la hucha más llena, el problema de fondo seguiría ahí.
Hay una versión más dura del mismo argumento: si cada año entra más y el balance no mejora, el problema no es de ingresos. Y una versión más pegada al recibo: elevar el SMI mientras la cuota se come parte del incremento deja la mejora en una línea de la nómina, la de arriba, y la resta en otra, la de abajo. Otra corriente señala que la discusión no es cuánto entra, sino en qué se gasta, y apunta a partidas y transferencias territoriales como el agujero real. Sin cifras que lo respalden, es una sospecha, no un diagnóstico.
De Suiza a Argentina: los destinos que se citan
La conversación salta de país en país en cuanto se habla de nómina. «Saludos desde Zurich, donde se paga un 20% de IRPF por 100k y un 30% por 200k», resume un mensaje convertido en referencia. La idea de fondo es que existen sistemas con tipos mucho más altos donde, aun así, el contribuyente tiene la sensación de que su dinero se queda más cerca. Otros miran a Argentina y a Milei con la esperanza de que un ajuste sirva de ejemplo; y hay quien avisa de que el camino, de momento, pasa por más deuda y por una ruina mayor a largo plazo.
En el fondo de casi todas las posturas asoma el mismo cálculo incómodo, resumido en uno de los mensajes más secundados: se sube la cotización de quien cobra 20.000 euros al año para sostener pensiones de 30.000. Y hay quien va más allá y añade que esos pensionistas acumulan además patrimonios inmobiliarios valorados en miles de millones. El principio de
equidad intergeneracional que da nombre al mecanismo funciona, visto lo visto, como su mejor refutación.
Con estos mimbres, lo único que crece con la reforma es la certeza de que la nómina de 2024 vendrá con una raya más. La hucha, mientras, sigue sin que nadie le ponga puerta por abajo.