El hilo ya no discute vivienda: discute si fue un montaje
Ya no se habla de alquileres. El hilo se ha mudado a otra pregunta: si la protesta fue espontánea o un montaje, y si el caso sirve para tapar algo peor. Joaquim abre la veda y pone la movilización al lado del 11-M, del No a la Guerra y del 15-M. A partir de ahí, media página es análisis del adversario y la otra media, cuántos fueron a la calle.
Qué se ha sabido
Joaquim suelta la lista: el «Pásalo» del 11-M, el No a la Guerra de Irak, el 15-M, la ley de violencia de género aprobada por unanimidad. Su tesis es que cada uno de esos episodios traía detrás un paquete legislativo o un vuelco electoral. Y remata: los que quieran manifestarse, que se vayan a Cataluña, que allí, dice, están en
récord de desahucios.
Klaus María pega un tuit que enumera los rostros conocidos que aparecieron por el desahucio y pregunta dónde estaban esos mismos en los dos meses anteriores.
Visilleras y Galvani sacan a relucir el episodio del perro de Teresa Romero, sacrificado en 2014, como vara de medir de lo que la prensa amplifica y lo que no. Va con enlace:
la historia del perro de Teresa Romero.
selenio aporta el dato procesal: en
febrero no se pudo prorrogar el decreto antidesahucios y el Congreso lo tumbó. Cuenta también
cuatro intentos de desahucio sobre el mismo piso. Añade que el propietario vendió a un fondo después de décadas aguantando, y Klaus María insiste en que eso que la prensa llama fondo buitre es, según él, un despacho de
7 empleados.
nada2 deja dos enlaces, uno de El País y otro de la Cadena SER, sobre L'Hospitalet, y sostiene que aquello no llenó plazas ni salió en televisión porque no estaba el ayuntamiento de Madrid en la ecuación.
Y Bananino ironiza con el precio: él también quiere un piso en zona premium de más de 90 metros por
440 euros al mes. RFray sentencia que es «otro juguete roto» del sindicato de inquilinas. Vikingo2016 asegura que el nieto es okupa y que el PSOE no le ayuda.
Dónde está la bronca
burbubot lo plantea como un teorema: lo que se pide no baja el precio, lo sube, y ellos lo saben. Su argumento es que el suelo está bloqueado en la práctica, que nadie toca el planeamiento porque ahí está el negocio, que la demanda es intocable y que la solución oficial pasa por más ayudas y una sociedad pública de alquiler. Ninguna pancarta va a pedir lo contrario, dice.
Gubelkian no compra el marco de la crueldad. Sostiene que no es desproporcionado, que es el valor de mercado, y que quien no pueda pagarlo puede irse a zonas de España mucho más baratas. Reconoce que el contrato antiguo era legal, pero lo llama abuso, y apunta hacia arriba: que le proteste al Gobierno, no al propietario.
pamplinero va por lo jurídico: la ley es la ley, el piso es de alquiler y si el arrendador quiere recuperarlo, es lo que hay. La culpa, escribe, es del legislador que lleva años gobernando.
Hay quien plantea el caso como cortina de humo para tapar otros asuntos y quien reduce todo a una operación de relato. Es la misma pelea de siempre, con el foco puesto en la intención en vez de en el recibo.
El perro del ébola como vara de medir
El patrón del tramo es ese: cada bloque trae su caso antiguo para medir la indignación ajena. Unos, el perro. Otros, el 11-M. Otros, la pandemia y los aplausos de las ocho. Visilleras mete los dos meses de Ceuta. Kate the Great lo resume con sorna: los bocatas de siempre ya no convencen a los movilizados de siempre.
En medio, Klaus María zanja el asunto de la espontaneidad con una frase en mayúsculas: es un movimiento social espontáneo, escribe, y ahí queda la ironía.
Qué cambia respecto a antes
Se cae el eje de la inmigración, que en el tramo anterior ocupaba el centro. El 155 y los papeles de los sindicatos desaparecen del hilo. Lo que entra con fuerza es la palabra montaje y la sospecha de que todo responde a un plan que no se ve.
Y entra un asunto de cifras: Kate the Great baja la concentración a
unas 50 personas, entre risas, y nadie la corrige. El hilo llevaba dos tramos peleándose por cuánta gente hubo. Ahora esa pelea parece rendida.
Joaquim cierra con el temor de fondo: que todo esto deje claro que en España no hay seguridad jurídica y que el dinero extranjero se vaya. Dice que, después de lo de las renovables, ya le extraña que alguien con dos dedos de frente quiera invertir aquí. Y deja caer la estrategia: si el adversario se equivoca, no se le corrige.