Bruselas sitúa a España en riesgo crítico de exclusión y pobreza infantil
La Comisión Europea publicó un informe sobre empleo, políticas sociales y bienestar en los 27 socios comunitarios. En él, España aparece como una de las grandes economías que más crece, motor económico de la Unión, alabada incluso por
The Economist por su desempeño en 2024. Pero el mismo documento coloca al país en una situación «crítica» en riesgo de exclusión social y en pobreza infantil, un diagnóstico que solo comparte con Bulgaria en el primer caso y con Letonia y Grecia en el segundo.
El contraste entre las grandes cifras macroeconómicas y la realidad social es el eje del informe presentado por el vicepresidente de Prosperidad y Estrategia Industrial, Stéphane Séjourné; la vicepresidenta de Derechos Sociales y Competencias, Roxana Mînzatu, y el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis.
Pobreza infantil: el 34,5% de los niños en riesgo
El dato más llamativo es el de la tasa AROPE infantil, que mide el riesgo de pobreza o exclusión social entre los menores. Se mantuvo estable en el
24,8% frente al 24,7% de 2022, pero con un aumento de más de dos puntos porcentuales hasta el
34,5%, lo que sitúa a España en una «situación crítica» junto a Bulgaria. Países como Eslovenia, Finlandia, República Checa, Dinamarca y Países Bajos registran tasas inferiores al 16%.
El riesgo de pobreza o exclusión social general también es uno de los más elevados de la UE. Solo Letonia y Grecia comparten la valoración «crítica» con España. Bruselas señala además los malos resultados de las transferencias sociales en la reducción de la pobreza, un factor directamente relacionado con los dos indicadores anteriores.
Abandono escolar y paro juvenil: los lastres estructurales
El informe subraya dos problemas que lastran el mercado laboral español. El primero es el abandono escolar temprano: la proporción de personas que abandonan la educación y la formación disminuyó ligeramente en 2023 hasta el
13,7%, pero sigue siendo alta y se considera una «situación crítica». El segundo es el desempleo juvenil, el más alto de la UE por encima de Grecia: a cierre de 2023, el paro entre los jóvenes de 15 a 24 años era del
28%, casi el doble de la media comunitaria.
El documento reconoce mejoras en el conjunto del mercado laboral. La tasa de empleo aumentó sustancialmente hasta el
70,5% en 2023, frente al 75,3% de la UE, pasando de una «situación crítica» a «débil pero mejorando». La tasa de desempleo (12,2%) y su componente de larga duración (4,3%) también se califican como «débiles pero mejoran», aunque los niveles siguen siendo muy elevados, especialmente entre los trabajadores de más edad y en las Islas Canarias.
El relato oficial frente al dato social
El informe llega en un momento en que el Gobierno exhibe crecimiento económico y creación de empleo como avales de su gestión. La Comisión no niega esa mejora, pero pone el foco en la brecha entre las cifras agregadas y la situación de los hogares. Hay quien sostiene, sin que el informe lo respalde, que el crecimiento se apoya en gasto público financiado con deuda y en un mercado laboral con altas tasas de temporalidad y bajos salarios, lo que explicaría que la pobreza infantil no baje pese al aumento del PIB.
El análisis más optimista asume que las mejoras en empleo acabarán trasladándose a los indicadores sociales. El escenario pesimista parte de que las transferencias sociales no están corrigiendo la desigualdad y que el abandono escolar y el paro juvenil cronifican la exclusión. La Comisión no cierra el diagnóstico: señala mejoras, pero mantiene la etiqueta de «crítica» en los indicadores que más afectan a los menores y a los jóvenes.
Qué dicen los datos sobre la vivienda y el coste de vida
En el trasfondo del informe aparece un problema que la Comisión no cuantifica pero que domina el debate público: el acceso a la vivienda. Hay quien sostiene que con un tercio del salario mínimo neto destinado a una habitación la emancipación juvenil se complica y el riesgo de exclusión se hereda. La relación entre pobreza infantil, abandono escolar y paro juvenil no es casual: los hogares con menos ingresos son los que antes sacan a los hijos del sistema educativo y los que más dependen de transferencias que, según Bruselas, reducen la pobreza menos de lo que deberían.
El dato que descoloca no está en el informe, sino en la aritmética: España crece por encima de la media europea y, al mismo tiempo, tiene la tasa de pobreza infantil más alta de su entorno. Las dos cosas son verdad. La pregunta es cuánto tiempo pueden convivir sin que una corrija a la otra.