El plan tras la sustitución demográfica: nadie tiene el timón
¿Qué se busca? La pregunta parece sencilla, pero lleva 353 días sin respuesta cerrada. Un pub histórico de Londres se convierte en mezquita y la reacción inmediata es buscar un culpable con nombre y apellidos. La teoría más repetida apunta a una élite supranacional que planifica la sustitución de población autóctona por migrantes para abaratar costes laborales y desactivar cualquier resistencia organizada. El problema es que esa misma élite vive en Londres, se toma pintas en pubs y manda a sus hijos a estudiar allí. Si el plan fuera destruir el país, no cuadra.
La tesis del reemplazo como estrategia económica
La hipótesis más extendida sostiene que el objetivo es
depauperizar las sociedades occidentales para convertirlas en masas dóciles, adictas al consumo y sin capacidad de reacción. Se argumenta que un trabajador que ha escapado de la miseria rinde más que uno criado en la comodidad, y que la destrucción de la familia tradicional elimina el último reducto de resistencia. El hombre sin castillo, sin herencia y sin arraigo es un pelele manejable.
Hay quien añade que la gran beneficiada es la industria farmacéutica y alimenticia: hacer adictos, idiotas y consumidores. La ecuación es simple:
pobreza igual a necesidad, necesidad igual a rentabilidad. Los que dirigen el cotarro no necesitan trabajar ni crear empresas; les basta con extraer rentas de una población estabulizada en zulos de alquiler.
¿Por qué no cuadra la teoría del gran plan?
La contradicción salta a la vista. Si tienes robots e inteligencia artificial, no necesitas mano de obra humana de ninguna raza ni color. Y si el objetivo fuera eliminar a los blancos, no tiene sentido importar población que, según los propios teóricos, quiere arrasarte.
No parece un buen plan.
La contrahipótesis más citada apunta a que simplemente no hay capitán en el timón. Los que mandan son viejos con demencia senil y familiares aún más incompetentes. No hay plan maestro, solo inercia burocrática y fondos de inversión buscando rentabilidad a corto plazo. Las tendencias demográficas, el agotamiento de recursos y los estertores del capitalismo explican más que cualquier conspiración coordinada.
El papel del dinero del Golfo y la City
Otra línea de análisis señala a los
petrodólares del Golfo como motor directo de la expansión islámica en Europa. No hace falta untar a todos los árbitros, basta con pagar al que reparte la pasta. Los demás, con tal de no perder su ración mensual, venden a su madre. Es la misma lógica que en el fútbol: con sobornar al vicepresidente ya tienes el partido.
Pero aquí entra la City de Londres. El imperio británico ya no está en Inglaterra: está en paraísos fiscales como Islas Caimán, Bermudas, Belice o Gibraltar. Las élites inglesas custodian capital opaco de otras élites y no necesitan ni el país ni los pubs ni los ingleses. Por eso les da igual lo que pase en los barrios.
El negocio está en otro sitio.
La extinción demográfica ya está en marcha
Los datos apuntan a que la población autóctona se reduce de forma gradual sin necesidad de conspiración alguna. La incorporación de la mujer al mercado laboral y el hedonismo consumista han logrado lo que ninguna política explícita habría conseguido. Incluso China tiene ese problema.
Estamos matemáticamente extintos, según algunos cálculos: nos empezamos a morir hace 30 años y nos remataron hace 20.
La paradoja es que los migrantes que llegan follan para tener larvas como si no hubiera mañana. Si el plan fuera reducir la población, no cuadra. Si el plan fuera sustituirla, tampoco: los que vienen no van a estar unidos bajo ninguna bandera común. En dos décadas Europa será musulmana, pero no necesariamente bajo un mando único.
El problema-reacción-solución como método
La teoría más cínica sugiere que primero se abre la puerta a la inseguridad y la inmigración descontrolada. Cuando la cosa sea insostenible, aparecerá un salvador que arreglará el sindiós. Lo hará, sí, pero de paso meterá en el talego a todo disidente sin derechos humanos. Y la masa aplaudirá. Es el guion de
1984,
Un mundo feliz y
Fahrenheit 451 combinados.
La élite no necesita convencer a nadie de renunciar a sus derechos. Le basta con que la gente los ceda voluntariamente a cambio de seguridad.
El miedo es el mejor ingeniero social. Y los que hoy gritan contra la inmigración serán los primeros en pedir mano dura cuando el barrio se les vuelva hostil.
La lectura histórica: los imperios caen así
Todas las caídas de imperios de la Humanidad han seguido el mismo patrón. Las élites dejan de mantener un imperio próspero y se centran en sus privilegios. Las naciones vecinas siguen creciendo. El imperio colapsa, la delincuencia aumenta y alguien de fuera aprovecha la debilidad.
Roma controló Europa occidental hasta tal punto que la mayoría de capitales europeas fueron fundadas por romanos: Londres, Viena, París, Córdoba, Belgrado, Colonia.
El problema es que hoy no hay un imperio creciente que venga a conquistar. China espera silente. El islam no es una fuerza material, sino una religión que no se mueve por incentivos económicos. Y ahí está el quid:
el materialismo no entiende lo que no se compra.
Al final, la respuesta más honesta es que nadie tiene la respuesta. Unos culpan a los judíos, otros a los árabes, otros a los ingleses, otros a los comunistas. Todos coinciden en que algo se está haciendo mal, pero ninguno presenta el acta de la reunión donde se aprobó. Quizá porque nunca hubo reunión. Quizá porque el plan es simplemente que no hay plan.