Tabaco y comida a migrantes en Ceuta: la polémica que divide a la ciudad
Cada noche, un grupo de mujeres aparca un vehículo en la Plaza de Azcárate de Ceuta y reparte comida, tabaco y otros enseres entre las personas migrantes que pernoctan en el barrio. Los vecinos afirman que la escena se repite de forma rutinaria, y las grabaciones difundidas durante las últimas horas han convertido a estas mujeres —conocidas en las redes como «CharoChiicas»— en el centro de una tormenta política que mezcla solidaridad, sospecha y contrabando.
¿Ayuda voluntaria o venta ilegal?
La primera pregunta que surge es la naturaleza del gesto. El tabaco tiene en España un precio fijado por ley, y su venta ambulante está prohibida sin licencia. El dato que circula en los comentarios apunta a que la cajetilla de Lucky Strike se ofrecía a unos 4,85 euros, una cifra que invita a pensar en un pequeño mercado negro nocturno. Pero también cabe la lectura altruista: mujeres que consideran un deber entregar a los recién llegados un producto que, quién sabe si por ironía o pragmatismo, se percibe como una necesidad.
Ceuta, el laboratorio de la frontera
La ciudad autónoma vive la presión migratoria en carne propia. Cada oleada de llegadas genera un choque de sensibilidades entre los residentes, que a menudo se sienten abandonados por el Estado, y los activistas que reclaman más humanidad. Repartir tabaco, en lugar de un alimento, puede leerse como una provocación: es un bien con impuestos especiales, y su distribución fuera de los estancos roza la ilegalidad. Hay quien argumenta que ese tipo de acciones solo agrava la tensión social; otros responden que es precisamente esa tensión la que obliga a gestos así.
Traidoras o ángeles de la madrugada
Las reacciones han ido mucho más allá del hecho puntual. Se ha acusado a estas mujeres de actuar contra los intereses de sus vecinos, de pertenecer a organizaciones no gubernamentales sin chaleco identificativo, o incluso de estar financiadas desde el exterior para desestabilizar la ciudad. El debate ha cobrado un cariz ideológico que trasciende a las protagonistas: se habla de la caída de Occidente, de la supuesta connivencia con la inmigración irregular y de la necesidad de endurecer los controles.
El caso seguirá abierto mientras las mujeres sigan acudiendo cada noche. Y la pregunta incómoda permanece: ¿por qué tabaco, y no solo comida? Probablemente, la respuesta dice más de quien la formula que de quien reparte.