Seis colegios de Ceuta, entre okupados y destrozados a dos semanas del curso
A dos semanas del inicio del curso escolar, seis centros educativos de Ceuta han quedado en condiciones insalubres tras ser ocupados de forma intermitente por personas migrantes en situación irregular. La denuncia, difundida a través de un artículo de OKDIARIO, apunta al CEIP José Ortega y Gasset como uno de los más afectados, con destrozos, heces y basura. El sindicato policial Jupol añade un dato más grave: agentes y militares habrían sufrido agresiones con armas blancas, robos e incluso contagios de sarna durante los desalojos.
Pero la versión oficialista -por decirlo suavemente- tiene un matiz que conviene no perder. La crisis migratoria iniciada a finales de julio de 2026 forzó al Ministerio de Juventud y a las autoridades locales a habilitar provisionalmente varios colegios para acoger de urgencia a menores extranjeros no acompañados. Lo que se describe como “invasión” tiene ahí su origen: intrusiones nocturnas, vandalismo y suciedad denunciadas por los centros, aunque no hay evidencia oficial de un plan organizado para destruir los edificios.
Una denuncia real con un relato inflado
La diferencia entre el incidente y la narrativa extrema es abismal. Mientras el artículo original habla de “invasores marroquíes” y de violencia generalizada, otras voces señalan que los episodios de vandalismo son reales pero anecdóticos en comparación con el drama humanitario. El Gobierno central, dicen las informaciones, procesa pocas devoluciones al día y la UE presiona para repatriar a los menores. La pregunta incómoda: ¿se está usando el vandalismo en colegios como coartada para endurecer la política migratoria, o la dejadez administrativa está dejando pudrir un problema que estallará en septiembre?
El puzzle de las responsabilidades
A dos semanas del inicio de curso, la comunidad educativa exige respuestas que no llegan. Quién autorizó usar colegios como centro de acogida, quién debía mantenerlos custodiados, y quién pagará la limpieza. Son preguntas que, a la fecha de esta discusión, nadie responde con claridad. La sensación de que el relato se tensa según el medio que lo cuente no ayuda. Mientras tanto, los libros de texto esperan en almacenes, y los que van a ocupar las aulas saben que el curso empieza con el olor de la improvisación.