El crucero ruso Moskva se hundió, según un foro, con dos cabezas nucleares a bordo
¿Qué hace un buque insignia de la Flota del Mar Negro con dos cabezas nucleares en la panza? La pregunta no es retórica. El hundimiento del Moskva dejó sobre la mesa un dato que nadie en Occidente ha desmentido con contundencia, según sostienen algunos participantes en un debate de foro: el buque se fue al fondo con armamento nuclear a bordo. Según las versiones que circulan, solo hubo
50 supervivientes y todos fueron rescatados por Turquía. El barco, insisten,
nunca fue remolcado: se fue al fondo del mar. Dos medios extranjeros lo confirman, aunque cada uno pone el acento donde le interesa.
Qué pasó con el Moskva y sus 500 tripulantes
El relato oficial ruso habló primero de un incendio y después de una tormenta durante el remolque. La versión que se impone en los círculos menos sospechosos de rusofilia es otra: impacto de misiles ucranianos, hundimiento y un balance de víctimas que Moscú nunca ha reconocido. La cifra que se repite es
500 fallecidos. No hay comunicado oficial que la confirme, pero tampoco hay desmentido serio.
Lo llamativo no es el número. Lo llamativo es que un crucero de esa categoría navegara con dos cabezas nucleares en una zona de guerra activa, según las versiones que circulan. La pregunta que sobrevuela todo el asunto es quién baja a rescatarlas. Y la respuesta, por ahora, es nadie.
¿Quién rescata las cabezas nucleares del fondo del mar
Hay quien sostiene que Vladímir Putin enviará a alguien a traer «esas cabezas agarradas de las orejas». Otros recuerdan que ya hubo precedentes: el
K-129 soviético y el
USS Scorpion estadounidense, ambos hundidos en plena Guerra Fría, ambos con historias oficiales que no cuadran. La diferencia es que entonces no había cámaras ni redes sociales.
La opción de no hacer nada también tiene defensa. Recuperar material nuclear del fondo del mar Negro es una operación que exige medios que
Rusia, a estas alturas, no parece tener disponibles. Y hacerlo bajo la vigilancia de la OTAN convierte cualquier intento en un espectáculo.
La venganza rusa que nunca llega
El argumento más repetido en los mentideros es que Rusia devolverá el golpe. Que hundirá un barco de la OTAN. Que los nietos de quienes comían ratas en Leningrado no se arrodillan. El problema es que ese golpe lleva meses sin materializarse. Según un cálculo que circula en el debate, le han matado
15.000 hombres, le han bajado aviones y helicópteros y le han incinerado el
25% de su parque de blindados, y Rusia sigue sin declarar la guerra a la OTAN.
Hay una explicación incómoda: no le interesa. Una guerra abierta contra la OTAN la pierde o la convierte en algo peor para todos, Europa incluida. Así que pataletas, amenazas nucleares y denuncias. Poco más.
El Kursk, el Indianapolis y la memoria selectiva
Cuando se saca el
Kursk a colación, conviene recordar el
USS Indianapolis. Los dos se hundieron, los dos dejaron cientos de muertos y los dos fueron gestionados con una opacidad que hoy sería impensable. La memoria selectiva es un deporte nacional en todas partes.
Lo que sí es cierto es que el Moskva era la nave insignia de la Flota del Mar Negro. Que llevara algunos «pepinos» a bordo no debería sorprender a nadie. Que llevara exactamente dos es lo que se discute.
Ucrania y el cálculo de la provocación
La hipótesis más retorcida que circula es que Ucrania simule un intento de recuperar el armamento nuclear para atraer más flota rusa y cazarla. Los rusos se pondrían nerviosos, cometerían errores y la guerra acabaría antes. Es una teoría, no un plan confirmado.
Lo que sí tiene lógica es que Ucrania no quiera usar armamento nuclear aunque pudiera. Meter un arma no nuclear en Moscú ya supondría un riesgo tan alto que la guerra escalaría de forma incontrolable. Y las cabezas nucleares, en cualquier caso, no se detonan por quien las capture: llevan códigos y medidas de seguridad que hacen imposible un uso alegre.
El fondo del mar como cementerio nuclear
Hay una corriente que sostiene que las cabezas están caducadas y podridas, que el encargado no hacía mantenimiento y se llevaba el presupuesto a la saca. Si eso es cierto, el riesgo de detonación es bajo. El riesgo de contaminación es otra cosa.
El fondo del mar Negro ya tiene suficiente chatarra como para añadir material radiactivo. La diferencia es que esta vez hay testigos, medios y una guerra en curso. Nadie va a bajar a comprobarlo con una cámara.
Así que la pregunta sigue sin respuesta. ¿Quién baja a rescatar las nucleares? Nadie. Y si alguien baja, no lo contará.