Járkov: entre 20 y 30 km de avance y un pulso sobre Izium
«En un solo día, los ucranianos han penetrado más de 30 kilómetros y los rusos no tienen tropas para defender la zona». La frase, puesta en circulación por un analista de YouTube que sigue la guerra, se repite con la seguridad de quien tiene la línea de frente delante. Enfrente, otra lectura del mismo tramo de mapa, la de un forero: el avance de la pinza norte se mueve
entre 20 y 30 kilómetros, pero encajado en un corredor estrecho que va pegado a una carretera, mientras la pinza sur solo ha arañado unos pocos kilómetros. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Y ahí empieza el problema, porque el titular épico y la geometría del terreno rara vez coinciden.
Durante semanas el relato dominante situaba la ruptura en
Jersón. De golpe aparecen dos ofensivas simultáneas y una duda razonable: ¿es un movimiento real o la parte visible de una operación mayor? Hay quien sostiene que el esfuerzo principal sigue en el sur —donde los rusos habrían recuperado una localidad y hecho retroceder a las tropas ucranianas unos
8 kilómetros— y que lo de Járkov es el ataque oportunista que se activa cuando el rival mueve reservas lejos.
Una finta de toda la vida, resumido en cuatro palabras.
Qué se sabe del avance ucraniano en Járkov
El detalle que más se repite es la asimetría entre las dos pinzas. La del norte ha penetrado en profundidad, pero por un pasillo tan angosto que recuerda al patrón de Jersón; la del sur apenas ha avanzado unos pocos kilómetros.
Balakliia resiste: varios intentos de tomarla habrían sido rechazados, y el discurso ha girado, según ese relato, hacia no querer ocuparla y dejarla copada. Traducido: quien no entra en la ciudad no tiene que explicar por qué no la ha tomado.
¿Y
Izium? La localidad funciona como bisagra de todo el sector. Hay quien afirma que acabó siendo tomada por el ejército ucraniano, lo que zanjaría el pleito sobre quién leyó bien el frente. Hay quien, un mes después, seguía pidiendo dar por cerrado el asunto y señalar como desinformación al canal que anunciaba la ruptura. Entre esos dos extremos, varios participantes reclaman prudencia y sostienen que los datos fiables están en los estados mayores de los ejércitos, no en los medios de comunicación.
La aviación que no aparece
La sorpresa más citada no es el avance terrestre, sino la ausencia de aviación. Llevar un avión a menos de cinco kilómetros de la línea del frente se ha convertido, en palabras de un forero, en
jugarse un cara o cruz con un antiaéreo. Ese mismo participante sostiene que los misiles de largo alcance, los drones y la defensa antiaérea han convertido el cielo en un espacio donde el caza clásico aporta menos que un aparato pequeño con una cámara decente.
La explicación que circula pasa por la falta de misiles guiados, que obliga a soltar bombas convencionales desde altitudes y distancias que dejan al avión dentro del alcance de la defensa antiaérea enemiga. Si el precio de volar es perder el aparato, se deja en tierra. El resultado es una guerra sin dominio aéreo, contra lo que se esperaba al principio, cuando, como recuerda otro forero, todo el mundo daba por hecho algo parecido a Tormenta del Desierto.
El dinero: 40.000 millones frente a 833.000
La pugna sobre quién aguanta más se juega en euros y dólares. Según el cálculo aportado en el hilo, Estados Unidos habría gastado en Afganistán
833.000 millones de dólares oficiales a lo largo de veinte años; en Ucrania, la cifra oficial ronda los
40.000 millones, en torno a un 5% de lo anterior. A juicio de quien aporta esas cifras, el argumento de la chequera infinita se sostiene mal: ni Vietnam ni Afganistán acabaron como estaba previsto.
Del lado ruso, el cálculo que se maneja es que en seis meses de guerra se habría consumido el 40% de lo que gastaba al año en Afganistán. La otra pata es el coste europeo: un cálculo difundido sitúa en
140.000 millones de euros la pérdida de PIB para España. Economía finita, líneas logísticas largas y ningún bando con margen para el paseo militar.
Refugiados: 7,15 millones y el mapa del reparto
La guerra también se mide en gente que se va. Los registros de ACNUR contabilizan
7.154.448 refugiados ucranianos en Europa, más unos 200.000 entre Estados Unidos y Canadá. Rusia figura como primer destino, con
2.490.480, por delante de Polonia (1.365.810), Alemania (1.003.029), República Checa (427.696) e Italia (159.968).
El reparto admite lectura demográfica, aunque las conclusiones son de los foreros. Uno ironiza con que Alemania no tendrá crisis demográfica entre sirios y ucranianos; otro sostiene que la misma aritmética pesa en Moscú, donde la natalidad y los abortos se parecen más a los españoles que a los de la URSS que ganó la Segunda Guerra Mundial, y que por eso Rusia no puede permitirse enviar a decenas de miles de jóvenes a la picadora.
Moscovia, el Rus de Kiev y una discusión de quinientos años
Cuando el frente se atasca, alguien saca el manual de historia. El Rus de Kiev fue la patria de los rus, es decir, de los actuales ucranianos, bielorrusos y rusos; el Estado ruso actual, en cambio, nace de Moscovia, vasalla de la Horda de Oro. Iván III asumió el título de zar tras casarse en
1472 con una nieta de Constantino XI y, en
1547, Iván el Terrible convirtió el Gran Ducado de Moscovia en Zarato. El título imperial llega con Pedro el Grande en
1721.
De ahí sale el argumento, defendido en el hilo, de que la continuidad entre el Rus de Kiev y la Rusia actual es una construcción posterior. En el debate, la historia se usa para cuestionar la legitimidad del Estado ruso actual, y ese es el motivo de que el asunto se caliente tanto.
Con los datos disponibles, la predicción razonable incomoda a los dos bandos: ni la ruptura ucraniana se convierte en un derrumbe ruso en cadena ni el frente se congela. El corredor estrecho de Járkov puede consolidarse o cerrarse según lo que llegue a los flancos, y la movilización de reservas y el desgaste económico apuntan a una guerra larga, con avances de pocos kilómetros que se venden como gestas históricas. Si alguien acierta de pleno, que lo demuestre con números. El examen sigue abierto.