La «defensa elástica» de Manstein reaparece 80 años después en Ucrania
Erich von Manstein pasó a los manuales por la defensa elástica. De la Segunda Guerra Mundial salió entregado a los británicos y con dieciocho años de condena por crímenes de guerra. Ochenta años después de Kursk, su apellido ha vuelto a circular para explicar el frente ucraniano: la vieja receta de ceder terreno para desangrar al atacante, aplicada ahora tras la contraofensiva lanzada en Járkov. El paralelismo tiene gancho. El problema es que arrastra un segundo frente mucho más incómodo: quién pagó de verdad la victoria soviética de 1945.
¿Qué fue la defensa elástica y por qué fracasó Manstein?
El concepto es tan viejo como la guerra: en lugar de aguantar cada metro, la línea se repliega, deja que el atacante estire sus suministros y devuelve el golpe cuando la logística enemiga se rompe. Manstein la aplicó en Járkov en 1943 —el mismo escenario que hoy— y lo intentó después sin éxito. No logró romper el cerco de Stalingrado con la operación Wintergewitter, perdió en Kursk, la mayor batalla terrestre de la historia, y fue incapaz de evitar que los soviéticos se hicieran con todo el sur de Ucrania en el cruce del Dniéper.
Su historial tampoco resiste el retrato heroico. Según la investigación citada en el debate, el mariscal aceptó de forma tácita las actividades de los Einsatzgruppen y no hizo nada por impedirlas. Terminó la guerra entregándose a los ingleses.
Járkov y la maniobra que reabre la comparación
En el frente actual, la contraofensiva ucraniana rompió el sector que menos resistencia esperaba. Al frente de las Fuerzas Armadas de Ucrania está Valerii Zaluzhnyi, un teniente general de perfil bajo que se mueve con escolta reducida para visitar a sus tropas y cuyo nombre saltó a la luz pública al detener el asalto sobre Kiev. La comparación con Manstein la lanzan quienes ven en la operación una defensa elástica al revés: dejar que el adversario se confíe y golpear donde no cubre.
No todos compran el símil. Hay quien recuerda que Manstein también perdió y que la elasticidad de la que se le hace responsable acabó con el terreno en manos ajenas. Y hay quien sostiene que la rigidez de las líneas no es mérito del defensor, sino consecuencia de la falta de medios del atacante.
El Préstamo y Arriendo: los números de un reproche viejo
Según las cifras que se citan en el debate, el programa estadounidense repartió material por valor de 31.000 millones de dólares al Reino Unido y 11.000 millones a la URSS: el 43% del total frente al 28%. De los aproximadamente 20.000 blindados enviados a los soviéticos, la mitad eran Carriers, Stuarts y Valentines, modelos ya desfasados de apoyo a la infantería.
Las cifras que más se repiten son las de la fase crítica. La ayuda de 1941 supuso apenas el 2,1% del total del programa, pero equivalió al 15% de los recursos soviéticos de ese año, con los alemanes plantados a las puertas de Moscú. En 1942 el porcentaje llegó al 14%, cuando las industrias trasladadas a los Urales todavía no rendían a pleno. Nikita Jruschov, que dirigió la URSS entre 1953 y 1964, dejó dicho que sin la ayuda estadounidense la Unión Soviética no habría ganado la guerra. Otros añaden que, sin los camiones Studebaker, no habría sido posible trasladar las tropas necesarias, y que junto a los vehículos llegaron botas, jeeps y correaje.
Rusia no ha ganado una guerra en solitario
El repaso histórico que circula en paralelo es aún más incómodo. Rusia suma tres grandes victorias: la Gran Guerra del Norte, cerrada en 1715 con Prusia como aliada y subsidios británicos; la Sexta Coalición contra Napoleón, con Prusia, Austria y más dinero inglés; y la Segunda Guerra Mundial, con Gran Bretaña y Estados Unidos en el bando y la chequera estadounidense detrás. Sin aliados europeos y sin financiación anglosajona, el balance es de derrotas.
El matiz que se introduce es que el Estado ruso tal y como se entiende hoy tampoco existía en las invasiones de la estepa de los siglos III en adelante, y que desde la generalización del mosquete y el cañón la ventaja tecnológica cambió de bando.
¿Se repite 1943 en el este de Ucrania?
El pronóstico sobre el terreno sigue abierto. Una parte sostiene que agosto marcó el punto de inflexión, que la ofensiva rusa del Donbás encalló con avances medios de 300 metros diarios y que ahora empieza un proceso de colapso que empujará a negociar con gas y petróleo como moneda de cambio. Otra recuerda que los ríos del este ucraniano ya frenaron a los alemanes en 1943 y frenarán también a quien avance ahora, y que Crimea queda lejos de los puntos calientes del frente.
Y un tercer grupo se limita a mirar el mapa y admitir el escalofrío. Hay quien apunta que en 1944 los alemanes tenían 66 divisiones en Francia, once de ellas panzer, y que los aliados desembarcaron con diez. La superioridad aérea y una logística destrozada hicieron el resto. Aquella lección tampoco la inventó Manstein.
Hay quien sostiene, además, que el 90% de los equipos de radio del Ejército Rojo llegaron por Préstamo y Arriendo. Los alemanes y los aliados occidentales montaban una radio por compañía. Los soviéticos, una por batallón.