Seis casas en la Gran Vía: el ladrillo de Mario Vaquerizo
Mientras medio país hace cuentas para llegar a fin de mes, Mario Vaquerizo las hace de otro tipo. El cantante de Nancys Rubias ha revelado en el pódcast de Vicky Martín Berrocal que posee
seis casas en la Gran Vía madrileña, la misma calle por la que paseaba de niño para ir al cine los sábados. Su estrategia cabe en cuatro palabras: «Creo en el ladrillo». Lo dijo entre risas. Un edificio a medio conquistar y una pregunta que no se va: ¿inversión o especulación sobre un bien básico?
De un piso con Alaska a seis en la Gran Vía
El propio Vaquerizo explica el origen: «Yo venía de pequeño a los cines de Gran Vía y pasaba aquí el sábado. Antes no estaba tan globalizada y yo decía que quería tener un piso ahí. El primer piso me lo compré con Alaska y ahora tengo seis». La pareja lleva
26 años junta y ella ronda los 61, así que aquella primera compra se remonta bastante atrás. Alguien intentó fecharla y se lió con la resta: primero se dijo que Alaska tenía 45 años cuando se conocieron; la corrección —tenía unos 35— dejó el error a la vista. Con esa edad y 26 años por delante, hijos habrían podido tener unos cuantos, como apuntó otro usuario.
La portería como vestidor y el edificio como hotel
El plan ya no es acumular pisos sueltos. Vaquerizo ha comprado la portería del inmueble en el que vive para convertirla en vestidor, y su objetivo declarado es quedarse con el bloque entero. «Queremos quedarnos nosotros con la casita rosa y que el resto sea un hotel», detalla. La hoja de ruta incluye los dos locales de la planta baja y un calendario vital: «Cuando tenga 80 años no voy a seguir con las Nancys Rubias, tengo que pensar en otras cosas. Es por la tranquilidad del futuro». Traducido: negocio de alojamiento en una de las arterias más transitadas de Madrid.
La casa rosa, la azul y la amarilla
Las viviendas tienen nombre y decoración propia, según detalló un forero. La rosa es la residencia habitual; la azul imita el restaurante abierto 24 horas de un casino de Las Vegas y alberga una biblioteca de aire decimonónico; la amarilla se inspira en Versalles. En la conversación ha salido además otro inmueble familiar: un usuario preguntó si el piso rosa no sería en realidad el de la madre de Alaska en la calle Libreros, de
140 metros cuadrados. Que una casa de seis no sea una gran fortuna, como sostiene algún escéptico, depende de dónde esté la sexta.
¿Inversión o especulación? El pleito de fondo
Aquí se calienta la cosa. Una corriente sostiene que comprar vivienda en el centro de una gran ciudad es una de las mejores operaciones posibles y que el dinero quieto en el banco pierde valor con la inflación. Otra responde que hay diferencia entre invertir y especular, y que una inversión en vivienda se apoya precisamente en la especulación. El matiz importa: ese mercado está regulado, supervisado y en parte monopolizado por el Estado, y las plusvalías tributan. Un usuario pone el ejemplo de un estudio de
40 metros cuadrados comprado por 100.000 euros, con 15.000 de reforma y alquilado a 950 euros al mes. El escenario contrario es el de una generación que no puede emanciparse.
El precedente británico que se cita en la comparación
Hay quien trae a colación el caso del Reino Unido: cuando se legitimó la compra de las viviendas sociales, su precio se multiplicó por seis y los alquileres subieron todavía más, con cinco millones de viviendas estatales menos en el mercado. Antes de aquello, se argumenta, la vivienda era mucho más barata y para especular bastaban las casas de los ricos. La conclusión que se extrae es incómoda: el tablero cambió de reglas y casi nadie se enteró.
Por qué no fue padre
Vaquerizo ha explicado el motivo sin rodeos: «Mi mujer no tiene el instinto maternal. A ella le encantan los niños, pero no le apetecía tener un hijo. A mí sí me hubiera apetecido ser padre porque creo que hubiera sido un buen padre, pero si no era con mi mujer, yo no quería». Añadió un segundo argumento, menos solemne: no quería renunciar a su vida de fin de semana con Nancys Rubias.
La etiqueta política que arrastra
También ha aflorado el perfil ideológico. Se le ha señalado su paso por las juventudes del PP y una frase suya sobre su voto: «Si digo a quién voto me echan de España». De Alaska se recuerda que ha declarado en alguna entrevista ser de derechas y que su familia, de padre asturiano y madre cubana, salió de la isla tras la llegada de Castro, según varios usuarios, que rechazan la etiqueta de progre que se les cuelga. No han faltado los ataques personales e insultos ajenos a la discusión sobre vivienda. Y en un tramo largo el asunto derivó hacia Franco, el Frente Popular y la soberanía nacional. Nada nuevo bajo el sol.
Al final, la pregunta interesante no es cuántas casas tiene, sino qué hará con ellas. Comprar la portería es fácil de entender. Convencer a todos los vecinos de un edificio de la Gran Vía para vendérselo y levantar un hotel es otro nivel de negociación, y ahí el ladrillo choca con la propiedad ajena. ¿Cuántas de esas seis puertas siguen siendo vivienda y cuántas ya son activo?