El cartón de 24 huevos sube 90 céntimos en una semana
Un cartón de 24 huevos pasó de 3,85 a 4,75 euros en una semana, según relata un participante del debate. Noventa céntimos de golpe en un producto que hasta hace poco era la proteína barata por excelencia. El hallazgo se produce en la estantería del supermercado, no en un informe del Ministerio, y la reacción inmediata es buscar explicación: solo un medio autonómico, Canal Sur, se pronuncia sobre el asunto en los primeros compases del debate, según el mismo usuario.
La subida no es un caso aislado. En otra cadena, la docena de calibre M sube 60 céntimos de un día para otro, según otro usuario. En una tercera, la docena XL se paga a 3,86 euros. Y en una cuarta, la docena se mantiene a 1,80 euros. El mismo producto, el mismo país, precios que bailan según el establecimiento. La pregunta ya no es si suben, sino por qué suben tanto y tan rápido.
¿Por qué ha subido el precio de los huevos en España?
La explicación más repetida apunta a la gripe aviar. No en España, sino en otros países productores. Si la cabaña ponedora se sacrifica en el extranjero, los compradores internacionales buscan huevo español, y con la misma oferta y más demanda, el precio se tensa. Es la ley de la oferta y la demanda en su versión más cruda: no hace falta que el problema esté en casa para que la factura llegue a casa.
Hay un segundo factor que aparece en varios análisis: la normativa europea sobre bienestar animal. Sacar a las gallinas de las jaulas suena bien en un titular, pero tiene consecuencias operativas. Las gallinas ponen en el suelo, los huevos se contaminan con más facilidad, se rompen, se los comen. La recolección manual en un aviario es más costosa y más lenta. Un productor lo resume sin adornos: es un cambio buscado, no puntual, y los huevos subirán mucho más.
El tercer ingrediente es el coste energético. Calefacción, iluminación y ventilación de las naves dependen de la electricidad, y la electricidad no ha bajado. A eso se suma el pienso, los seguros, las cotizaciones. Cada eslabón empuja al siguiente. Como dicen en el sector, son fichas de dominó tumbándose unas a otras.
El precio de los huevos en Mercadona, Lidl y otras cadenas
La comparación entre establecimientos deja un mapa desigual. Un comprador detecta diferencias de 30 a 40 céntimos entre un cash de primeras marcas y Mercadona en productos equivalentes. Otro sostiene que los huevos ecológicos de productor local cada vez cierran más la brecha con los de supermercado. Y un tercero apunta que en su zona la docena se mantiene a 1,80 euros. No hay un precio único, hay un abanico.
Lo que sí parece común es la dirección. La docena sube, el cartón de 24 sube, el pincho de tortilla sube. Un participante recuerda que en Madrid costaba 2,20 euros y ahora anda por los 4 o 5. Otro avisa de que las patatas y las cebollas aún no han dicho su última palabra. La tortilla de patatas, ese símbolo de la cocina barata, se convierte en artículo de lujo.
La gripe aviar y el cierre de importaciones: el contexto internacional
El foco internacional no es menor. Hay falta de ponedoras, que se venden al mejor postor para reponer las sacrificadas por millones a causa de la gripe aviar, según un usuario. Varios países cierran importaciones de carne de pollo y huevos, lo que estrecha el mercado, según el mismo usuario. Y encima llega Mercosur, con carne de pollo congelada desde Brasil y México, unas 500.000 toneladas según los cálculos que circulan.
En Estados Unidos la situación es más extrema. Se habla de un dólar por huevo en Nueva York, de dos dólares por unidad en algunos puntos. La gripe aviar ha diezmado la cabaña y el precio se ha disparado. Quien mire ese espejo entiende que lo de aquí, de momento, es una subida moderada.
¿Es especulación o es el mercado?
Aquí el diagnóstico se parte. Una corriente sostiene que es pura especulación con alimentos de primera necesidad, y recuerda que en Jordania unas décimas en el pan han provocado revueltas en las ciudades. Otra corriente responde que es el libre mercado funcionando: si el precio sube, el consumidor puede no comprar. Y una tercera apunta a la regulación: más de 1.500 páginas de normativa para granjas ponedoras, dicen, y el coste se traslada al consumidor.
Lo que casi nadie discute es el efecto sobre el bolsillo. La inflación del 2,8% que repiten las televisiones no cuadra con lo que se ve en la cesta de la compra. Un zumo que costaba 1,99 pasa a 2,77. El aceite de oliva es lo único que baja. El resto, hacia arriba.
Queda la pregunta incómoda: si el huevo es la proteína más barata y su precio se dobla en cinco años, ¿qué queda para quien no puede pagar pollo, pescado o carne? La respuesta, por ahora, la da el refranero: cuando seas padre, comerás huevos. Y ni eso.