El centro de Roma se queda sin vecinos: el turismo se come la ciudad
Roma presume de ser la Ciudad Eterna, pero el apodo se lo puso alguien que no había visto un anuncio de alquiler vacacional. El centro histórico de la capital italiana se está muriendo de éxito: las calles se han quedado sin residentes, ocupadas por maletas de ruedas, pisos turísticos y visitantes de paso. La paradoja es de manual:
en el centro de Roma vive menos gente que en un pueblo. Y no es un fenómeno nuevo. Mientras en Barcelona quedaban rincones auténticos para los locales hace una década, en Roma el centro ya era
zona 100% turística en los años noventa.
Quién gana y quién pierde con el alquiler turístico
El diagnóstico genera más acuerdo del que parece. Una parte sostiene que los propietarios locales se están forrando alquilando a precios de turista y, de paso, se han marcado un
white flight hacia la periferia o el pueblo. Otra corriente lo ve como simple lógica de mercado:
los pisos son de ciudadanos nativos que alquilan sus viviendas y nadie debería decirles qué hacer con su propiedad. Entre ambos extremos, el argumento recurrente es que si el alquiler vacacional es tan dañino, basta con prohibirlo o gravarlo hasta que deje de ser rentable. Nadie lo hace.
El turismo masivo como burbuja: dumping, suciedad y comercio local
El relato del
turismo como fuente inagotable de riqueza tiene su contraparte. Se argumenta que el turismo masivo no trae dinero, sino
dumping laboral, burbuja inmobiliaria, suciedad, inseguridad y cierre del comercio local, con los grandes fondos como único beneficiario. La tesis que circula es que se expulsa a los vecinos a la periferia y se convierte el centro en un parque temático. Hay quien va más allá y sostiene que vuelos, alojamientos, restaurantes y bazares pertenecen a los mismos dueños, y que la masa turística sirve para blanquear dinero de otras actividades. Es la teoría del todo es circular: una burbuja más, como la inmobiliaria.
¿Es habitable el centro histórico de una ciudad como Roma?
Aquí el análisis se parte en dos. Un bloque defiende que el centro histórico es para hacer turismo, no para vivir: calles estrechas, casas antiquísimas, vigas de madera, sin ascensor, sin coche, zonas peatonales. Reformarlas y mantenerlas sería un disparate, y la única salida sería demoler y rehacer el urbanismo, destruyendo patrimonio. La alternativa sin turismo, dicen, es el centro de Badajoz:
un erial de casas que se caen a cachos, locales cerrados y nadie viviendo. El otro bloque responde que un vecino quiere vivir entre vecinos, no entre turistas, y que el turismo trae impersonalización: un ir y venir de desconocidos. En Roma, además, quedan zonas estupendas para vivir, como el Trastevere o la colina del Gianicolo, donde la presión turística es menor.
Vuelos baratos, subvenciones y el negocio que nadie quiere tocar
La causa última, para una parte del análisis, está en el precio del billete.
Mientras un vuelo Manchester-Málaga cueste menos que un autobús Madrid-Cuenca, no hay nada que hacer. Las tarifas se mantienen bajas porque las aerolíneas están subvencionadas por gobiernos de medio mundo. El turismo se ha convertido en una de las principales actividades económicas legales del planeta, después de la economía financiera, y por eso nadie mueve un dedo para frenar al monstruo. La recaudación pesa: prohibir las plataformas de alquiler vacacional sería rápido con un decretazo, pero nadie renuncia a los millones que ingresan.
El turismo que desplaza y el vecindario que desaparece
El efecto sobre el tejido social es el punto que más se repite. La cultura y las costumbres que hacen singular un lugar las crean quienes viven allí. El turismo masivo los desplaza, por interés económico o por simple incomodidad de vivir en un sitio saturado. Y hay un daño material: el desgaste de monumentos y parajes, como ocurrió con las Cuevas de Altamira, cerradas al público. El éxito masivo arrastra además una demanda de servicios baratos que empuja la precariedad. El centro se vacía de vida y se llena de gente de paso. ¿Cuánto tarda una ciudad en dejar de ser ella misma?