El debate sobre las profesiones 'de pinta y colorea' y quién las sostiene
Hay una cifra que descoloca: en una oficina de empleo de Dos Hermanas (Sevilla) figuran **322 funcionarios adscritos y solo 7 u 8 trabajando**, según un cálculo que circula en el debate. La cifra sirve de munición para una tesis más amplia que recorre toda la conversación: existe una capa de empleos —nutricionistas, psicólogas, entrenadoras, coach, especialistas en diversidad— cuyo nivel de vida visible en redes no cuadra con la actividad económica que declaran. La pregunta que vertebra el asunto no es tanto qué hacen, sino **de qué viven**.
De qué viven: padres, pareja o Estado
La primera respuesta que aparece es la más obvia y la menos romántica: **de la familia**. Un participante lo resume en tres palabras: «viven de la familia, obviamente». Otro añade la pata que suele faltar en el relato: la **subvención afectiva**, esa pareja que cubre cientos de euros al mes de alquiler, cenas y viajes mientras el perfil de Instagram factura postureo. La tesis se completa con el tercer pilar: el **sector público**. Psicólogas colocadas en departamentos de recursos humanos, nutricionistas que empiezan a tener plaza en la sanidad pública de algunas comunidades, trabajadoras sociales en ONG o en administraciones. Trabajo social, logopedia y psicología, se sostiene, son carreras con salidas mejor pagadas de lo que sugiere su fama.
La burbuja no es solo femenina
Aquí el análisis se parte. Frente al diagnóstico inicial, varios mensajes recuerdan que el ecosistema del **vendehumo** es mixto: coach, crossfiteros, preparadores físicos y vendedores de creatina y proteína son mayoría masculina, y nadie les dedica un hilo. La crítica, se argumenta, se aplica con distinto rasero según quién la ejerza. También se señala que las redes sociales han multiplicado la **repercusión** de un fenómeno antiguo: el enchufe y el pelotazo siempre existieron; lo nuevo es LinkedIn, Instagram y TikTok como escaparate de un éxito que a veces no resiste una auditoría.
El caso que desató la comparación: el enchufado de 18 años
Entre los ejemplos concretos que se comparten hay uno que ilustra el mecanismo mejor que cualquier estadística: un joven de **18 años colocado como CEO** en el negocio de un amigo de su padre, con empleados haciendo el trabajo mientras él se limitaba a supervisar. Sin ADE, sin ingeniería, con un ciclo formativo a medias. La anécdota sirve para enlazar con el fenómeno del **funcionario fantasma**: el hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez, aparece mencionado como la punta del iceberg de una práctica que, según los cálculos más agresivos del hilo, alcanzaría **cientos de miles de enchufados** con nómina y sin cartera en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y ministerios.
El voto cautivo y la deuda que lo paga todo
La conversación deriva hacia la aritmética electoral. Se enumeran **9.000.000 de jubilados, 2.470.000 perceptores del IMV, 1.500.000 pensiones no contributivas, 2.500.000 parados crónicos, 3.800.000 funcionarios y 2.000.000 de funcionarios fantasma** para concluir que existe un bloque de voto cautivo de más de 21 millones de personas atado al PP y al PSOE. La conclusión económica la pone otro mensaje: todo esto se sostiene con **deuda**, dinero impreso que pagarán las generaciones siguientes.
El perfil que completa el cuadro: la opositora de 30 y tantos
Un testimonio concreto cierra el círculo. Una mujer con una carrera de turismo, dos años en Londres para aprender inglés y vuelta al pueblo a los treinta y tantos, opositando a Guardia Civil mientras sus redes muestran viajes y cenas pagadas por su pareja, un cuarentón al que, según este relato, mandará a la mitad en cuanto apruebe. La anécdota conecta con una observación más estructural: el título universitario funciona como **dote moderna**, una credencial que se exhibe antes de abandonar la carrera laboral para dedicarse a la crianza.
¿Cuánto de este diagnóstico es una burbuja real y cuánto es la enésima capa de resentimiento contra quien vive mejor? El dato de Dos Hermanas, si es cierto, merece una auditoría. Los demás, de momento, son capturas de pantalla.