Pagar 500 euros al mes toda la vida: el precio de hipotecarse joven
Un joven de 20 años con 1.000 euros de sueldo afronta dos facturas idénticas:
500 euros al mes de hipoteca o 500 euros al mes de alquiler. En ambos casos le queda lo justo para vivir a base de agua y arroz. Lo que cambia es lo que ocurre después, y ahí casi dos años y medio de discusión no han producido un consenso.
La tesis de partida es dura:
endeudarse durante décadas por zulos a sobreprecio, con intereses calificados de usureros, sería la peor decisión financiera que toma la juventud. Cada centímetro comprado, dinero a la basura. La respuesta más repetida a ese planteamiento es la contraria y cabe en una línea: dadas las circunstancias, es lo mejor que se puede hacer.
¿Compensa más comprar una vivienda o pagar alquiler?
La comparación más citada pone 500 euros de hipoteca contra 500 euros de alquiler y deja la balanza en tablas. El matiz que la rompe es el paso del tiempo:
la cuota de un préstamo a tipo fijo no se mueve, mientras el alquiler se revisa —con un tope del 2% anual en el escenario planteado— y el sueldo, aunque sea de forma imperfecta, acaba acompañando a la inflación. A los diez años, esos 500 euros de hipoteca pueden representar un tercio de la nómina. Los alquileres que costaban 500 euros hace quince años hoy se mueven entre 800 y 1.000 según la zona.
Hay otra forma de verlo. Quien firma una hipoteca asume una obligación que no desaparece si pierde el empleo, y el asalariado con nómina media queda expuesto a cualquier despido: la deuda no entiende de rachas. El préstamo convierte la vida laboral en una condena que se arrastra hasta los 60 o 65 años, cuando por fin se cierra. Para entonces, apunta una de las intervenciones, el cuerpo ya ha pagado la factura.
¿Qué rentabilidad real tiene la vivienda frente a la bolsa?
El argumento cuantitativo más repetido sale de los datos que el economista Jeremy Siegel recopiló en
Guía para invertir a largo plazo. Descontada la inflación,
la rentabilidad real de la vivienda tiende a cero una vez eliminado el efecto de la burbuja de 2008, mientras que la de las acciones se sitúa en el
6,6% anual. Activo improductivo contra activo productivo: gana el productivo.
Con 40.000 euros invertidos a los 36 años y una rentabilidad real del 2% —la bolsa menos la inflación—, el capital se revaloriza durante tres décadas y después empieza a pagar un alquiler de 1.000 euros al mes hasta los 84. El desglose completo, partida a partida, es uno de los ejercicios que más ha circulado en la discusión, y su resultado no invita a tirar cohetes. La letra pequeña depende del punto de partida de la serie: no es lo mismo arrancarla en 1945 que en plena revolución industrial. El oro, de paso, tampoco sale bien parado.
¿Cuántos años debe durar una hipoteca para no arruinarte?
Aquí la horquilla es amplia. Hay quien sostiene que
toda hipoteca de más de 15 años es inviable y hay quien recuerda que la mayoría de los préstamos se firman precisamente así, a 25 o 30 años, y se acaban pagando. El supuesto legal que se cita para los créditos a compradores contempla un plazo de 15 años, con dos de carencia y trece anualidades.
El otro factor es el tipo. Contratar a tipo fijo en la banda del
1,25% al 1,60% cambia por completo la ecuación: quien lo consiguió puede alargar el plazo sin que los intereses devoren la operación. Renunciar a un ahorro de 10.000 euros en intereses a lo largo de 30 años a cambio de una cuota más cómoda parece mal negocio a muchos ojos. Y quien liquida en cuatro o diez años, amortizando capital, sale con patrimonio y sin la soga al cuello.
Comprar para alquilar: 138.000 euros más reforma a 850 al mes
Un caso concreto que se pone sobre la mesa: una vivienda adquirida por
138.000 euros más 20.000 de reforma que se alquila por
850 euros al mes. Con esos números, la renta cubre la cuota y el propietario acumula un activo que puede vender, alquilar o habitar. El mismo inmueble se alquilaría sin problema por 1.000 euros en la zona, lo que empuja el precio para el siguiente inquilino.
El suelo del mercado lo marcan cada vez más las grandes empresas. Donde antes pujaba un particular, ahora compran compañías capaces de pagar lo que haga falta y esperar el tiempo necesario. Eso convierte el mercado en otra cosa: ya no es una burbuja a punto de estallar, es un suelo sostenido por la capacidad financiera de quien compra.
¿Por qué los jóvenes de 2008 no quieren repetir el error?
Los que compraron en el pico de la burbuja y llevan desde entonces pagando una vivienda sobrevalorada son el fantasma que recorre la conversación. Hay testimonios que juegan a favor de la compra: quien adquirió a través de cooperativa, con un
20% de entrada y nómina suficiente para la cuota, ha visto cómo el piso ya pagado
cuesta hoy el doble de lo que le costó. Y quien se hipotecó a los 20 ha podido liquidarla a los 45.
En el otro lado, el alquiler de por vida también pasa factura: llegar a la jubilación pagando 800 euros al mes con una pensión de 1.300 es un escenario que nadie firma. Y aun con la casa pagada sobrevuela la pregunta incómoda de quien descubre a los cincuenta que ya no quiere vivir en el barrio donde compró a los veinticinco. La casa pagada deja de ser patrimonio si nadie la quiere habitar.
Al final, la discusión se atasca en un punto que no resuelven los números. La vivienda se revaloriza o no según la serie que se elija, el alquiler sube o baja según la ciudad y el sueldo aguanta o no según el sector. Comprar por 20.000 euros y comprar por 500.000 no es la misma decisión, y nadie ha formulado todavía una regla que sirva para los dos casos.