Ford pierde 36.000 dólares por cada eléctrico y recorta 12.000 millones
Ford vendió más coches eléctricos que nunca en el tercer trimestre y, aun así, perdió más dinero que nunca con ellos. La unidad Model e cerró el periodo con un resultado operativo negativo de
1.300 millones de dólares, frente a los 1.100 millones del trimestre anterior y más del doble que un año antes. Traducido a unidad vendida, la compañía dejó
unos 36.000 dólares por cada vehículo eléctrico que entregó, por encima de los 32.350 dólares por coche del segundo trimestre. El fabricante espera cerrar el año con 4.500 millones de pérdidas en su negocio eléctrico.
La reacción no se hizo esperar. Ford recorta alrededor de
12.000 millones de dólares de inversión planificada, frena parte de la producción del Mustang Mach-E y retrasa una de las dos plantas de baterías que levanta en Kentucky junto a SK On. La otra planta y el complejo Blue Oval City, en Tennessee, siguen adelante. La compañía no puso fecha a ese aplazamiento.
Más ventas, más pérdidas: el problema no es la demanda, es el precio
Los números de volumen invitan al optimismo. Ford colocó
20.962 eléctricos en el trimestre, por delante de General Motors por un margen estrecho, y las entregas subieron un 44%. El Mustang Mach-E aportó 14.824 unidades, un 42,5% más, con 5.872 solo en septiembre. Los ingresos de la división eléctrica crecieron un 26% interanual hasta 1.800 millones.
El problema está en el otro lado de la cuenta. La dirección lo atribuye a la inversión continua en vehículos de próxima generación y a una dinámica de mercado incómoda:
muchos clientes norteamericanos interesados en un eléctrico no están dispuestos a pagar sobreprecio frente a un gasolina o un híbrido. Esa resistencia presiona los precios y, con ellos, el margen. El director financiero, John Lawler, lo resumió en la conferencia de resultados: la narrativa de que los eléctricos no crecen es falsa, crecen, pero a un ritmo más lento del que la industria esperaba. La demanda se ha
suavizado, y con ella la necesidad de capacidad a corto plazo.
¿Por qué Ford no cancela sus eléctricos de segunda generación?
Porque parar la inversión es más caro que mantenerla. Lawler confirmó que no se cancelan los planes de vehículos de nueva generación, incluido un utilitario de tres filas y una camioneta de tamaño completo. El argumento que recorre el análisis del sector es que las pérdidas no vienen solo de fabricar y vender cada unidad, sino de la montaña de dinero en I+D que exige ponerse al día: Tesla lleva años de ventaja y los fabricantes chinos van a la par. Dejar de producir un modelo es una decisión reversible; dejar de investigar, no. Quien se baje de esa rueda se queda fuera del mercado dentro de una década, cuando el margen de maniobra tecnológico sea cero.
La huelga del UAW y el coste laboral que viene
El acuerdo tentativo con el sindicato automovilístico añade otra capa de presión. El pacto incluye una subida salarial del 25% para 57.000 trabajadores en cinco años y, según la compañía, encarecerá entre
850 y 900 dólares el coste laboral por vehículo. A eso se suma el impacto de la huelga de 41 días: 80.000 vehículos de producción perdida y 1.300 millones de dólares de coste, que se comieron 1.200 millones de ingresos del trimestre.
La infraestructura de carga, el cuello de botella que nadie discute
Estados Unidos tardó más de un siglo en tejer su red de gasolineras. Replicarla para el
coche eléctrico exige hacerlo en una década, y ahí no hay atajo. En 2022 el Congreso aprobó financiación para 500.000 nuevos cargadores, una cifra que da la medida del agujero. Mientras esa red no exista, el comprador potencial hace cuentas y concluye que el sobreprecio no le compensa. La paradoja de fondo es que el país que más empuja el discurso de la transición es también el que produce petróleo a ritmo récord: la producción de crudo superará los 12,9 millones de barriles diarios por primera vez y rebasará los 13 millones a principios de 2024, según la Administración de Información Energética.
China y el cementerio que nadie quiere mirar
El país asiático concentra el 60% del mercado mundial de eléctricos y alrededor de la mitad de todos los vendidos. No todos ruedan: miles de unidades se pudren en solares vacíos repartidos por el territorio. Es la cara B de un mercado subsidiado y sobrecapacitado, y el aviso de lo que puede pasarle a quien fabrique por encima de lo que el cliente paga. En Europa, mientras, la queja recurrente es la contraria: se abandonó la mejora del diésel, donde el continente era puntero, para apostarlo todo a una tecnología en la que China partía con ventaja.
El punto donde el análisis se atasca es siempre el mismo. Ford vende más, ingresa más y pierde más. Recorta inversión sin cancelar productos. Y el comprador, mientras, sigue mirando el precio del kilovatio y el enchufe más cercano.