Dejad de quejaros de la vivienda: la receta de Bernardos
Gonzalo Bernardos, 63 años, lo tiene claro: quejarse no abarata un piso. El economista ha pedido a los jóvenes que dejen de lamentarse por el precio de la vivienda y a quienes tienen entre 52 y 60 años que sigan remando unos años más. La frase suena tajante y ordenada, casi de pizarra. El problema es que el mercado que describe no se comporta igual en todos los sitios.
«Dejad de quejaros»: qué hay detrás de la frase
El mensaje de Bernardos divide el problema por edades y por actitud. A los jóvenes les pide menos lamento y más aguante; a la franja de 52 a 60, que no aflojen porque aún les quedan años de aportación. Hay quien compra en parte ese diagnóstico para el interior y las provincias, donde el esfuerzo de compra sigue siendo asumible. En cambio, traslada ese mismo consejo a Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga o Bilbao y el cálculo se rompe: en esas plazas, se sostiene que ni juntando a cuatro jóvenes se cubre el acceso a una vivienda.
Un historial de predicciones que no siempre clavó
La credibilidad del profesor arrastra su propia hemeroteca. En 2004 sostuvo que si la gente compraba era porque no resultaba caro y que no había burbuja. En 2008, con el desplome encima, animó a comprar rápido porque la vivienda volvería a subir en 2010. En 2012 y 2013 repitió que ya no podía caer más y siguió cayendo. En 2017 auguró cinco buenos años, recogiendo cable sobre un posible frenazo al año siguiente. Durante la pandemia pronosticó una caída a plomo de la economía que nunca llegó. Quien repasa esa secuencia concluye que se trata de un economista con intereses y sobresueldo televisivo que explica muy bien lo que ya ha pasado.
Provincias sí, grandes capitales no
El argumento de la compra asequible solo aguanta lejos del centro. En una capital de provincia, dicen, el consejo de Bernardos tiene sentido. En las grandes áreas metropolitanas, no. Y hay un matiz que complica la salida clásica: quien compra un piso de 50 metros cuadrados no podrá revenderlo para dar la entrada de otro de 800.000 euros, primero porque los precios serán aún más altos y, segundo, porque a esa edad la hipoteca ya no se concede.
El batido de 10 euros y el consumo joven bajo sospecha
Hay también una lectura de costumbres. Circula el ejemplo de un gimnasio con cuota de 200 euros al mes donde más de la mitad de los socios no llega a los 25 años y suma batidos de 10 euros. Una pareja joven, con el gimnasio y los batidos, no baja de 600 euros al mes, argumento que se usa para señalar que no todo es falta de ingresos, sino prioridades de gasto. Frente a eso pesa el dato austero: el esfuerzo de acceso a la vivienda y el precio por metro cuadrado, no el ocio.
El propio Bernardos tiene, sobre el papel, quien sostiene que aún le quedan cerca de dos décadas de tribuna. Su predicción más probable es que seguirá teniendo razón en provincias y seguirá fallando en las grandes ciudades, que es justo donde el problema se decide.