Expulsar a Rusia de la ONU se topa con el veto y con China
Según la lectura que hacen los participantes del debate, Rusia no va a ser expulsada de Naciones Unidas. Ni mañana ni con una votación relámpago en Nueva York. El rumor —lanzado con la etiqueta de
«inconfirmado»— auguraba que el presidente de Estados Unidos,
Joe Biden, pondría esa propuesta sobre la mesa y añadía el corolario de manual: si iba en serio, quedaban «unos pocos días» para ver caer las armas nucleares de un lado y de otro. La respuesta mayoritaria fue una carcajada. No por ingenuidad, sino porque la
aritmética interna de la propia organización convierte ese movimiento, según ese mismo razonamiento, en algo prácticamente imposible.
¿Qué decía el rumor sobre expulsar a Rusia de la ONU?
El punto de partida es un mensaje corto, sin fuente, con la palabra «inconfirmado» por delante y una advertencia nuclear por detrás. En él se asegura que hay rumores de una propuesta formal en la ONU, en Nueva York, para sacar a Rusia de la organización, y se da por hecho que eso abriría la puerta a un intercambio de armas nucleares entre bloques. Nada de eso se ha confirmado. Lo revelador no es el rumor en sí, sino lo que vino después: una discusión sobre si el procedimiento existe siquiera. Y la conclusión, en casi todas las versiones, fue idéntica. No existe.
La aritmética que hunde la propuesta: 193 miembros y cinco vetos
La ONU tiene
193 miembros. La OTAN,
29. Ni duplicando los votos de la alianza atlántica se llega a la mayoría necesaria en una asamblea donde están todos los países del planeta, según ese planteamiento. Pero el obstáculo real aparecería antes. En el Consejo de Seguridad se sientan cinco países con derecho a veto, y dos de ellos son Rusia y China. Sobre el papel, una expulsión se votaría en la Asamblea General, donde Washington tendría ventaja; antes haría falta una recomendación del Consejo de Seguridad. Y ahí está el nudo: se discute si Rusia podría ejercer su veto en un asunto que le afecta directamente —extremo dudoso—, pero China seguiría en la mesa, y resultaría un sorpresón mayúsculo que no votara en contra de la recomendación.
El precedente de Yugoslavia: se puede, pero no sirve de manual
El precedente existe y está documentado. Yugoslavia fue expulsada de la ONU en su día. Las circunstancias, sin embargo, eran muy distintas: el representante del país no ejerció el veto y acabó votando a favor de su propia salida, y China se abstuvo en las dos votaciones al considerar que el asunto no le incumbía. Repetir ese
guion con Moscú exigiría algo que nadie ha puesto encima de la mesa: que Rusia renuncie a defenderse con el instrumento que la propia carta le concede. Es la diferencia entre un precedente y un manual de instrucciones.
Si Rusia sale de la ONU, ¿qué le pasa a la organización?
Hay quien argumenta que la salida de Rusia arrastraría la de India, China y Brasil, y que la existencia misma de la organización podría peligrar. Otros sugieren que Pekín y sus socios funden una ONU alternativa. Y otros sostienen que la organización valía poco ya antes de todo esto: una estructura surgida en
1945, que ha avalado guerras ajenas, que convive con lo que ocurre en Palestina y que ha permitido despojar de territorio a Serbia. Ese diagnóstico, que recorre el hilo con distintos acentos, es el caldo de cultivo perfecto para cualquier rumor de ruptura. Si la ONU deja de tener sentido para unos y para otros, el día que se rompa nadie va a salir a defenderla.
El ruido de fondo: discurso retrasado y amenaza nuclear
El rumor no cayó en el vacío. Ese mismo
20 de septiembre de 2022, la prensa recogía que el presidente ruso había retrasado
24 horas su discurso a la nación, aumentando la incertidumbre sobre una posible movilización general. En ese clima, la supuesta propuesta de expulsión se leyó como una pieza más de un
tablero donde todo se mueve a golpe de titular. Hubo quien vaticinó un escenario de guerra total y una reducción del 70% de la población mundial. Son predicciones, no datos, y conviene tratarlas como tales. La ironía recurrente llegó por otro lado: los mismos que discuten la vía del referéndum para cambiar de país se sorprenden cuando esa vía se usa.
Con los datos disponibles, la expulsión de Rusia de la ONU es un titular imposible en el corto plazo, y el propio texto que lo lanzó lo reconocía al marcarlo como no confirmado. Si algo puede alterar ese cálculo no será una propuesta en una sala de Nueva York, sino que Moscú o Pekín lleguen a la conclusión de que la organización ya no les sirve. Ese día la ONU dejaría de existir tal y como la conocemos. Por ahora, todo eso sigue siendo un rumor sin confirmar.