Opositores rusos: la lista de muertes que no cesa
El 16 de febrero de 2024, Alexei Navalny, el principal opositor ruso, moría en una prisión del Ártico. Su muerte cerraba —de momento— una lista que empezó a gestarse mucho antes y que incluye envenenamientos, tiros y caídas desde ventanas. La conversación que se ha desarrollado durante casi cinco años en torno a este goteo de muertes sospechosas permite reconstruir un patrón: desde el envenenamiento de
Viktor Yushchenko en 2004 hasta el fallecimiento de Navalny, pasando por el caso Skripal en Salisbury o el asesinato de
Anna Politkóvskaya, los nombres se acumulan con una regularidad que invita a preguntarse cuántos caben en una lista antes de que deje de ser casualidad.
De Yushchenko a Navalny: dos décadas de casos sin resolver
El hilo arranca con la propuesta de hacer un recopilatorio de personas asesinadas o envenenadas bajo el mandato de Vladimir Putin. El primero en aparecer es
Alexei Navalny, que por entonces aún estaba vivo. La lista crece rápido:
Viktor Yushchenko, expresidente ucraniano envenenado con dioxinas durante su campaña electoral;
Serguéi y Yulia Skripal, envenenados con un agente nervioso en Reino Unido;
Alexander Litvinenko, muerto por polonio-210 en Londres;
Anna Politkóvskaya, periodista asesinada a tiros en el portal de su casa;
Boris Nemtsov, tiroteado junto al Kremlin;
Boris Berezovski, hallado muerto en circunstancias nunca del todo aclaradas;
Natalia Estemírova, activista de derechos humanos secuestrada y asesinada en Chechenia;
Alexander Perepilichny, empresario caído mientras corría en Surrey;
Nikolai Glushkov, estrangulado en Londres;
Roman Tsepov, envenenado;
Vladimir Kara-Murza, envenenado dos veces y superviviente;
Piotr Verzilov, también envenenado y superviviente;
Stanislav Markelov y Anastasia Baburova, abogado y periodista asesinados a tiros en Moscú;
Lecha Islamov, muerto en circunstancias violentas;
Serguéi Yuchenkov, fallecido en extrañas circunstancias. La nómina es larga y, como señala uno de los mensajes finales, «la lista de periodistas muertos en
Rusia es interminable».
El patrón de las ventanas y los venenos
Más allá de los nombres, el hilo destila un patrón inquietante. Los envenenamientos se repiten con una frecuencia que roza lo industrial: Yushchenko, Litvinenko, Kara-Murza, Verzilov, Perepilichny, Tsepov, los Skripal. En paralelo, las caídas desde ventanas o alturas se suceden como método alternativo. Un mensaje final recuerda el caso de un supuesto espía ruso hallado muerto tras caer desde una ventana de la embajada rusa en Berlín. La combinación de venenos sofisticados y accidentes domésticos ha llevado a más de uno a hablar de un manual de estilo siniestro.
¿Qué pasó con los atentados de 1999 en Moscú?
Los atentados con bomba de Moscú, Buynaksk y Volgodonsk en 1999, que causaron 307 muertos, son señalados en el hilo como un posible punto de inflexión. Según varios mensajes, estos atentados, atribuidos por muchos al FSB —entonces dirigido por Putin—, proporcionaron la excusa para iniciar la guerra de Chechenia y dispararon la popularidad de Putin, que hasta entonces tenía indicadores bajos. La teoría, no confirmada, sostiene que sin esas más de 300 víctimas Putin habría quedado fuera de la política. El hilo no cierra el asunto: lo deja como una sombra que planea sobre el resto de la lista.
Guantánamo, el 11-M y la comparación con EE.UU.
La conversación deriva hacia la comparación con Estados Unidos. Un mensaje sostiene que «si pusiéramos la lista de los asesinados por EEUU, ganaría por goleada». Otro recuerda Guantánamo y las bases secretas. La discusión se enreda con teorías sobre el 11-S y el 11-M, y con la idea de que la propaganda occidental exagera los crímenes de Putin mientras ignora los propios. El hilo no llega a un consenso: la comparación sirve tanto para relativizar como para subrayar que el fenómeno no es exclusivo de Moscú.
El caso Sobchak: el origen de la carrera de Putin
Un mensaje final rescata la figura de
Anatoly Sobchak, alcalde de San Petersburgo que dio a Putin un cargo en la Comisión de Relaciones Externas tras la caída del Muro. Según este relato, Putin habría medrado con comisiones de comercio ilícito y un intercambio de recursos minerales con Europa a cambio de una ayuda que nunca llegó, con 175 millones de dólares posiblemente embolsados. La muerte de Sobchak en 2000, y las lágrimas de Putin en su funeral, se citan como el momento en que el nuevo presidente mostró una emoción que nunca volvería a repetir en público.
La lista sigue abierta. Navalny, que empezó el recuento como envenenado, terminó como fallecido. Cada nuevo nombre añade una pieza a un rompecabezas que nadie ha conseguido cerrar del todo, y la pregunta de cuántos más faltan sigue sin respuesta.