Un jefe de IT: «los puestos junior casi han desaparecido»
Un responsable de informática con siete años en una escuela de arte de Nueva York ha dejado el puesto y ha contado lo que se ha encontrado al buscar trabajo:
ofertas senior por un tubo y puestos junior casi extinguidos. Se fue, según su relato, porque le colocaron un nuevo consejero delegado y porque en dos meses se marcharon
seis personas de una plantilla de veinte.
La tesis no es un lamento suelto. Es, según su diagnóstico, la radiografía de un escalón de entrada que se cierra: la
inteligencia artificial, la nube, el software por suscripción y la automatización barata llevan años comiendo terreno y el efecto acumulado ya se ve en las plantillas. El
currito que actualizaba una web o administraba un servidor sobra; el veterano que sostiene la infraestructura sigue cobrando.
Seis bajas de veinte en dos meses: el punto de partida
El escenario es una escuela de arte neoyorquina convertida, según este profesional, en un infierno laboral desde el cambio de dirección. Su equipo era de veinte personas y se han ido seis en dos meses. La respuesta del mercado, en su experiencia, es asimétrica: hay bastantes vacantes para perfiles senior como el suyo y prácticamente ninguna para quien empieza.
Sobre la mesa pone otro dato incómodo:
el 50% de las ofertas de empleo son falsas, según su relato. Estafas, empresas que simulan contratar para enseñar músculo a sus inversores y firmas que solo quieren engordar su base de candidatos «por si acaso». Y el filtro geográfico remata la faena: quien llega de otro estado o de otro país no pasa el corte porque no acredita la
dinámica de Nueva York —trabajar como un descosido bajo presión brutal sin que se te vaya la cabeza—.
Por qué los puestos junior de informática están desapareciendo
La automatización y los asistentes de código han puesto en manos de un técnico medio cosas que antes exigían especialista: scripts de procesos, extracción de datos sin saber SQL, mantenimiento básico, parches en una página. Microsoft Power Automate, cuatro fórmulas asistidas y un cursillo bastan para lo que antes ocupaba a una persona a jornada completa. La nube y el SaaS, con Office 365 o Gmail como estandartes, se llevan por delante la razón de ser de media plantilla técnica en empresas pequeñas.
La puntilla vino, según este diagnóstico, de los tipos de interés. La corrección de las grandes tecnológicas puso en la calle, según su cálculo, a
300.000 informáticos y, siempre según su versión, la cifra sigue subiendo. El resumen: se sigue necesitando informática, pero cada vez menos gente y cada vez más arriba. Quien empieza lo tiene crudo; el consejo textual es hacerse electricista o albañil.
De cuatro informáticos por provincia a uno por empresa
No es una hipótesis de laboratorio. En el mismo hilo aparece el caso de una administración pública provincial donde informática eran cuatro personas y un jefe; dos se fueron, quedaron dos y el jefe, y el servicio se sostiene porque buena parte de la carga se ha desplazado a la nube. Ahí está la clave del adelgazamiento: lo que exigía servidores propios, copias de seguridad y hardware que sustituir es ahora una suscripción mensual.
La foto del antes y el después es elocuente. Hay quien sostiene en el hilo que hacía falta
un técnico por cada 35 empleados para sostener una red local; hoy hay empresas reemplazando a la mayoría de su personal de sistemas por servicios en la nube. En compañías de entre 20 y 200 trabajadores, una sola persona lleva todo el departamento, según el autor. Es el escenario que él mismo describe: la nube no ha llegado solo a las grandes, ha llegado a la ferretería de la esquina.
El filtro de la «dinámica de Nueva York»
Hay una parte del diagnóstico que no va de tecnología sino de puertas. Según su relato, las ofertas llegan por la experiencia previa y por el sello de haber trabajado siete años en una empresa neoyorquina; sin ese aval, el candidato de fuera se queda fuera. No se pide tanto conocimiento como resistencia: se busca gente curtida en un ritmo que, traducido, significa trabajar bajo una presión brutal sin que se te rompa la cabeza.
El detalle tiene miga porque convierte la experiencia local en un arancel invisible. Y explica, según su tesis, por qué el mercado senior sigue vivo: no es que sobre trabajo, es que se reparte entre los que ya estaban dentro.
La réplica: la IA todavía no sustituye a un programador senior
El diagnóstico no es unánime. La objeción más repetida es que la IA generativa, hoy, ahorra muy poco: hay quien la usa a diario y calcula el ahorro en diez minutos de búsquedas. Se recuerda que la herramienta estrella de moda fue desmontada en cuanto se probó en serio, que ninguna IA entrega código con calidad de producción sin revisión y que los trabajos que se citan como desaparecidos —actualizar una web, administrar sistemas básicos— nunca fueron ingeniería.
La segunda objeción es estructural. Se sostiene que el desplome del empleo junior responde a una sobreproducción de titulados, a la externalización global y a un ciclo económico que se rompe, no a la IA. La IA sería la excusa cómoda para justificar despidos que ya estaban decididos. Y una advertencia que suena a manual: los procesos de automatización crean ganadores y perdedores, y quien confía sus datos y sus procesos a un tercero acaba pagando el peaje.
La salida manual: fontanería, soldadura, electricidad
El propio autor ya está mirando oficios. Una empresa de fontanería neoyorquina forma gratis si el candidato se queda un año y, según el enlace que él mismo cita, garantiza
50.000 dólares el primer año y 100.000 a los seis. El detalle que desinfla el entusiasmo: ese salario equivale en España a la mitad, según su cálculo. Otros apuntan a maquinista, cerrajero o soldador especializado, con la vista puesta en la demanda de profesionales para hidrógeno.
La curiosidad del asunto es que, mientras aquí se entierra el puesto junior, el mismo mercado que despide informáticos presiona para importar talento en IA con reglas migratorias más flexibles, como recoge un enlace del hilo. Difícil sostener las dos cosas a la vez sin sonrojarse.
Si el diagnóstico se sostiene, la informática se parecerá cada vez más a la fontanería: pocos profesionales muy bien pagados y ningún aprendiz. Puede que la IA tarde más de lo que prometen sus vendedores en dar el golpe definitivo. El hueco por abajo, en cambio, ya está cerrado, y eso no se reabre solo.