Sanxenxo busca 400 camareros y nadie coge el teléfono
Sanxenxo tiene 436 establecimientos de hostelería y la mayoría abre solo en verano. Para atenderlos, el Consorcio Empresarios Turísticos de Sanxenxo (CETS) calcula que faltan unos 400 trabajadores. El presidente del consorcio, Alfonso Martínez, lo resume así: «hay muchos establecimientos que no tenían pensado cerrar ningún día y deben hacerlo para poder cuadrar los horarios y la plantilla». El problema no es nuevo, pero este verano llega con más urgencia que nunca.
¿Por qué faltan camareros en Sanxenxo?
La respuesta oficial que dan muchos hosteleros es que «la gente no quiere trabajar». Carmen Borrageiros, propietaria del Restaurante Berberecho, tiene tres vacantes de sala y lo dice sin rodeos: «Tenemos muchos problemas para encontrar personal. Parece que la gente no quiere trabajar». En el bar A Lonxa, en Portonovo, Alicia Piñeiro confirma que ampliar plantilla les costó «muchas entrevistas» y que lo más difícil es encontrar personal de cocina. La queja se repite en cada temporada estival.
Pero el diagnóstico se agrieta cuando se mira el otro lado de la barra. Los locales de ocio nocturno de Sanxenxo y Portonovo no notan esa falta de personal. Jorge Alonso, encargado de DUX Sanxenxo, lo dice claro: «no hemos tenido problema para encontrar camareros, ni este año ni ninguno». Raúl García, dueño del pub Glasgow, añade: «para trabajar de noche casi sobra gente». La diferencia entre un turno de día en un restaurante y uno de noche en un pub no es el salario base, es el horario y las condiciones.
El cálculo que desmonta el relato del hostelero
El argumento de que «la gente no quiere trabajar» choca con una realidad que los propios hosteleros reconocen a medias. En el material del debate aparece un cálculo que circula entre los participantes: con un sueldo de 1.300 euros al mes en negro, 40 grados a la sombra y jornadas de 12 horas, el atractivo es nulo. La cuenta completa, desglosada partida a partida, da una diferencia que sorprende y que explica por qué muchos candidatos ni se presentan a la entrevista.
La hostelería de Sanxenxo compite con el ocio nocturno, que ofrece turnos más cortos, propinas y un ambiente menos maratoniano. También compite con el Ingreso Mínimo Vital, que según algunos participantes desincentiva la búsqueda de empleo. Y compite, sobre todo, con la propia lógica del mercado: si el precio del trabajo no sube, la oferta de trabajo se seca. Como resume un participante: «Alguien debería decirle a los hosteleros que es totalmente legal pagar POR ENCIMA del convenio».
La paradoja del verano: más turistas, menos consumo
Sanxenxo multiplica por cinco su población en verano y los hosteleros esperan repetir los números de temporadas pasadas. Raúl García cree que «va a ser un verano mejor que el anterior». Alicia Piñeiro señala que ya se nota ambiente en las calles. Pero Alfonso Martínez introduce un matiz incómodo: «las reservas en los alojamientos no están nada mal pero tenemos la sensación de que la gente está reduciendo el consumo». El ticket medio en restaurantes baja. Vienen los mismos, pero gastan menos.
Esa contradicción —más gente, menos gasto— explica por qué el sector no puede simplemente subir salarios sin más. Si el cliente aprieta, el margen se estrecha. Pero también explica por qué los camareros no aceptan cualquier cosa: si el trabajo es duro, el horario es brutal y el sueldo no llega, la ecuación no sale. El problema no es que la gente no quiera trabajar, es que el trabajo que se ofrece no compensa.
¿Qué pasa con el ocio nocturno?
El ocio nocturno de Sanxenxo no tiene problemas de personal. DUX Sanxenxo trabaja con doce personas entre semana y amplía a veinte el fin de semana. El pub Glasgow mantiene la misma plantilla todo el año. La razón es simple: los turnos son más cortos, las propinas más generosas y el ambiente menos exigente físicamente que una cocina a 40 grados en agosto. La comparación entre ambos mundos es la prueba de que el problema no es la falta de trabajadores, sino la falta de condiciones.
El verano avanza y las plantillas siguen cojas. Los hosteleros que no pueden cuadrar horarios cierran días. Los que pagan por encima del convenio encuentran gente. Los que no, siguen esperando a que alguien coja el teléfono. La pregunta no es si la gente quiere trabajar, sino si el trabajo que se ofrece merece la pena.