El IVA encarece cada eslabón de la cadena hasta llegar al consumidor
¿Cuántas veces paga IVA el mismo euro antes de salir de tu cuenta? Tantos tramos como empresas toquen el producto. Un coche no sale de una fábrica, sale de cientos: salpicadero, neumáticos, amortiguadores, cableado, tornillería. Lo mismo una lavadora, un televisor o un tomate. Cada eslabón factura con IVA y cada eslabón liquida su diferencia con Hacienda. Al final, quien compra paga el
21% sobre el precio final, y ese tipo visible no es más que la última capa de la cebolla.
Qué se paga en cada eslabón de la cadena
La tesis de partida es que el consumidor soporta cientos o miles de liquidaciones de IVA a lo largo de la vida de un producto. Del fabricante de la pieza al transporte, el almacenamiento en frío, la distribución y la venta. En alimentación el fenómeno se repite con tipos más bajos y márgenes más estrechos: del campo a la cocina hay recogida, frío, transporte y manipulación, y cada paso arrastra su factura.
De ahí salen dos afirmaciones gruesas. Una: el Estado recauda con el IVA, en muchos casos, más de lo que cuesta toda la trazabilidad del producto. Dos:
solo con el IVA se mantendría un aparato estatal considerable. No son cifras cerradas, son estimaciones de urgencia, y como tales conviene tratarlas.
Lo que el IVA a pagar revela del margen de cada empresa
Aquí el relato se parte en dos. La mecánica es conocida: la empresa soporta IVA en sus compras, lo deduce y repercute IVA en sus ventas. Si el repercutido supera al soportado, ingresa la diferencia. El ejemplo que se maneja es limpio: con un margen de
100.000 euros el IVA a pagar asciende a
21.000; con un margen de
10.000, a
2.100.
Eso implica que el IVA a ingresar mide el valor añadido de la operación. El único que no puede deducir nada es el consumidor final: paga el 21% completo y toda la cadena se lo ha ido pasando por delante hasta dejarlo en su recibo. Quien defiende el tributo añade un matiz que casi nunca se cita: el IVA sustituyó al antiguo
ITE, que gravaba cada transacción por su importe íntegro, de modo que las cadenas de valor más largas pagaban más veces. Bajo ese prisma, el IVA de hoy sería más neutro que su antecesor. El desglose paso a paso de cómo se compensa en cada factura es lo que da o quita razón a cada bando.
¿Es el IVA una doble imposición junto al impuesto de sociedades?
Técnicamente no lo es, aunque el argumento circula con fuerza. Quien sostiene lo contrario plantea que una empresa tributa dos veces por el mismo beneficio: el 21% del IVA sobre el valor añadido y alrededor del
25% del impuesto de sociedades sobre las ganancias. La réplica es que el IVA no se deduce de las ganancias del empresario, sino que sale de las ventas a sus clientes, así que la empresa solo actúa de intermediaria.
Donde sí se acepta la doble imposición es en el impuesto de patrimonio: se grava un ahorro que ya había pagado impuestos al generarse. En esa lista aparecen también sucesiones e IRPF, señalados como la mayor penalización a quien ahorra, con la inflación de fondo comiendo el mismo terreno.
El IVA que se aplica sobre otros impuestos
La factura de la luz es el caso que se repite: se suma el consumo, los impuestos diversos y los impuestos especiales, y sobre ese total, ya gravado, se aplica el
21% de IVA. Hasta el canon digital aparece gravado con ese mismo porcentaje. En vivienda el tipo se mueve entre el
6% y el 10% sobre un bien de precio elevado, lo que obliga a ahorrar más y empuja a algunos vendedores a subir el precio para recuperarlo. En Canarias la figura equivalente, el IGIC, se queda en el
7%.
- IVA general: 21%
- IVA en vivienda: del 6% al 10%
- IGIC en Canarias: 7%
- Impuesto de sociedades: en torno al 25%
Autónomos convertidos en recaudadores gratuitos
El coste no es solo el tipo. Hay que facturar, declarar y liquidar cada trimestre, un trámite ajeno a la actividad que obliga a pagar gestoría y contabilidad. Si el IVA sale negativo, se apunta a un plazo de hasta
cinco años para compensarlo. Y hay gastos cuyo IVA no se puede deducir, como los carburantes: ahí la factura la acaba pagando también el empresario.
Queda abierto si subir el IVA trasladado al precio final hunde las ventas. Una corriente sostiene que el precio con impuesto condiciona la demanda; otra responde que en bienes como coches, ropa o vivienda
hay más demanda que oferta, y que una empresa no vende porque su producto no lo quiere nadie, no porque el IVA lo encarezca. El desacuerdo no se cerró.
Cuánto cuesta el Estado de verdad
La cifra que cierra la cuenta es el
gasto público, alrededor del 50% del PIB, financiado por los ciudadanos de una forma u otra. Y el cálculo más agresivo que circula asegura que, sin impuestos, los precios de las cosas bajarían
el 50%.
Con estos números, la pregunta no es cuánto se paga, sino cuántas veces. El sistema es tan eficiente que cobra el impuesto varias veces por el mismo bien y deja al último de la fila la tarea de no poder deducir nada.