DANA de Valencia: tornados reales y las teorías del clima sin pruebas
La DANA del 29 de octubre de 2024 metió un tornado en la autovía A-3 y riadas capaces de tumbar puentes y apilar coches en la provincia de Valencia. Junto al desastre físico creció un segundo relato, el de la manipulación del clima, que atribuye lo ocurrido a
HAARP, a los chemtrails o a un plan de ingeniería social. Los daños están documentados. La autoría, de momento, no.
Qué ocurrió el 29 de octubre de 2024 en la provincia de Valencia
El tornado cruzó la A-3 con fuerza suficiente para volcar camiones. En Paiporta la riada se llevó un puente entero; en Carlet aparecieron coches apilados unos encima de otros, con gente atrapada dentro; en Alginet y Picassent se sucedieron los cortes. La misma jornada, en
Letur (Albacete), una inundación relámpago entró en el casco urbano tras acumular hasta
200 l/m² en la cabecera del arroyo. Los propios meteorólogos la describieron como un flash flood «de libro»: de la calma al torrente en un minuto.
No es un fenómeno inédito en la península. El
15 de marzo de 1671, un tornado arrasó Cádiz con más de 60 víctimas mortales y vientos estimados en 300 km/h, uno de los episodios más violentos registrados en el país. La diferencia no está en la existencia del tornado, sino en lo que se decide contar sobre él mientras el agua sigue subiendo.
Un balance que pasó de una víctima a cincuenta
El primer recuento que se difundía era de una persona fallecida. A la mañana siguiente, ese mismo recuento hablaba ya de
50 muertos. Esa progresión, de un dato suelto a una cifra redonda en pocas horas, es la que suele alimentar la desconfianza: si el número cambia tan rápido, mucha gente deduce que alguien esconde el resto.
La explicación es más aburrida. En catástrofes de este tipo los recuentos se construyen a medida que los equipos acceden a las zonas anegadas, y las primeras horas solo ofrecen cifras parciales. Eso no impide que, sobre ese hueco, se injerten audios y cadenas que hablan de camiones frigoríficos y de cifras ocultas. La pieza que faltaba para que el relato cuajara era, precisamente, un vacío informativo.
HAARP, chemtrails y el «shark tornado»: las teorías sin respaldo
En el terreno de las causas, la conversación derivó rápido hacia la geoingeniería: el proyecto HAARP como generador de tormentas, los chemtrails como siembra de nubes, el gasóleo y las flatulencias del ganado como desencadenantes.
Ninguna de esas hipótesis cuenta con respaldo científico, y así conviene decirlo sin adornos.
Hay un matiz que sí aparece en el hilo: el problema no sería el tornado en sí, sino su frecuencia y su violencia crecientes. «Los tornados no, que haya muchos más tornados y sean mucho más violentos sí», resume una intervención. Y luego está la versión fuerte, la que sostiene que el propio flash flood fue artificial, justamente por lo difícil que resulta preverlo: un salto de la nada al desastre en apenas un minuto. La etiqueta que circuló para describirlo, medio broma medio diagnóstico, retrata el ambiente de esos días.
Palantir y los voluntarios que instalaron un CRM
A los bulos meteorológicos se les sumó una capa tecnológica. Según los relatos que circularon, un grupo de unos
trece voluntarios, algunos de ellos vinculados a Palantir, habría desplegado en la Comunidad Valenciana un sistema de gestión de recursos para coordinar la ayuda. La propia discusión rebaja el alcance: no era Palantir entero al mando, sino un CRM, un software de gestión de clientes y recursos que, además, habría sido razonablemente necesario.
Ahí está el detalle incómodo, y no es conspirativo: ese tipo de herramienta debería haber estado operativa en las primeras horas, y existen alternativas libres que se instalan en minutos. Que alguien llegue tarde con una solución básica no demuestra un plan secreto; demuestra que la coordinación se improvisó.
El «capitalismo de desastres» y la fiebre de las expropiaciones
La capa siguiente ya es narrativa pura. Una corriente del análisis sostiene la tesis del capitalismo de desastres: destruir para reconstruir controlando el proceso y el beneficio. De ahí sale la analogía entre comunidades endeudadas que aprovechan una catástrofe para desbloquear fondos centrales, y la idea de que cualquier suelo quemado o inundado es susceptible de expropiación para ensayar modelos de ciudad.
Son conexiones que se presentan como evidencias y no pasan de sospechas sin prueba. En el mismo paquete aparecen nombres de multinacionales, referencias a las ciudades de quince minutos y a promotores inmobiliarios con intereses en suelo inundable. El material es sugestivo y el salto lógico, enorme. Confundir la coincidencia con la causalidad es el error más caro de este tipo de catástrofes.
AEMET, los avisos y la movilidad restringida hasta el lunes
La previsión también quedó en el centro del fuego. Hubo críticas duras contra
AEMET por, según quien las lanzó, fallar en el aviso mientras atendía otras prioridades. Conviene separar dos cosas: que un organismo pueda equivocarse en la gestión de sus alertas y que exista un plan deliberado para no darlas. Lo primero es discutible con datos. Lo segundo no se ha acreditado.
A eso se añadió, según lo recogido en el hilo, la decisión de restringir la movilidad en las zonas cero hasta el lunes siguiente. La medida generó perplejidad: limitar los desplazamientos justo cuando más vehículos y manos hacen falta para limpiar y rescatar. La respuesta institucional fue la seguridad y el estado de las vías; la lectura popular, que se estaba estorbando a quien intentaba ayudar.
Con estos mimbres, lo previsible es que el debate no se cierre. Cada cifra que se corrija alimentará durante semanas las dos versiones: la del fallo humano y la del plan oculto. La primera admite auditoría. La segunda, como todas las teorías que no pueden perder, solo necesita que alguien siga preguntando.