Sociedad: Menores españoles ultrasádicos de la red 764 a mitad de camino de Satán y del psiquiatra: la policía española teme que su delirio encuentre un arma

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Red 764: cuatro menores, un psiquiátrico y el temor policial a que el delirio encuentre un arma Cuatro casos, cuatro destinos clínicos: una unidad psiquiátrica, un internamiento terapéutico, un centro especializado y un autor que ni siquiera fue identificado.

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Menores españoles ultrasádicos de la red 764 a mitad de camino de Satán y del psiquiatra: la policía española teme que su delirio encuentre un arma​

Adornan sus amenazas con pentagramas y esvásticas, pero su programa de acción consiste esencialmente en un perturbado culto nihilista a la violencia. De los cuatro casos relacionados en España con la red 764, uno terminó en una unidad psiquiátrica hospitalaria, otro en internamiento terapéutico cautelar, un tercero en un centro especializado para menores y, en Canarias, el autor ni siquiera llegó a ser identificado públicamente


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Frase en la pared en mención a la red 764 creada por Bradley Chance.Redes Sociales / Guardia Civil
Ferran Barber

Actualizado Martes,11agosto2026-00:06
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A principios de año, el abogado Antonio Sánchez Marquet se dirigió a la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional para pedir que revocara el internamiento terapéutico cautelar en régimen cerrado de su cliente: un muchacho de 15 años al que la Fiscalía investigaba por un presunto delito de autoadoctrinamiento extremista violento. El Ministerio Público no tenía la menor duda de que el fruta consumía, editaba y difundía propaganda del Daesh, buscaba manuales para fabricar explosivos, glorificaba atentados e intentaba contactar con miembros del Estado Islámico.

La defensa no negó los hechos pero subrayó que eso no implicaba que hubiera cometido acciones delictivas. Literalmente, Sánchez Marquet describía las afirmaciones del menor como "las fantasmadas adolescentes de alguien que sufre un problema psiquiátrico" y "siente fascinación por los asesinatos y por la violencia en general, lo que a su vez implica una patología extraña".

Era, visto así, un pobre chiquillo con problemas mentales que había convertido el asesinato en una obsesión, igual que otros pasan las tardes viendo vídeos de parkour.

Pero la Audiencia Nacional no le compró la tesis al abogado. Para los magistrados, el adolescente no era un curioso ocasional que se asomaba al pavor desde la pantalla de su móvil. Había sido detectado ya con trece años en los mismos ecosistemas y, dos años después, seguía administrando cuentas desde las que consumía y repartía esa inquietante propaganda tóxica.

El menor no sólo buscaba la manera de unirse al Estado Islámico. También decía pertenecer a la red 764, que es una comunidad nacida en los sótanos de internet donde el prestigio se mide por la capacidad de humillar, manipular o destruir a otros adolescentes.

En uno de sus mensajes proponía pasar a la acción y escribió: "Seríamos los más vergas si lo hiciésemos". Su universo mental parecía una estantería cochambrosa donde convivían sin orden ni concierto el yihadismo, el neonazismo y la fascinación por las matanzas. No había en la cabeza de ese chico una ideología sólida, sino una identidad completamente rota, una jaula de grillos furiosos conectados por la hiperviolencia.

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Dibujos relacionados con la red 764 en el cuaderno de un detenido en España.Redes Sociales / Guardia Civil
¿En verdad son peligrosos los menores que desde hace un par de años invocan en España el nombre de la Red 764? Digamos que la policía española se lo está tomando muy en serio.

El pasado 2 de agosto, se dio a conocer el caso de otro menor guipuzcoano, de 17 años, que llevaba meses dejando mensajes violentos en internet como quien marca con tiza las puertas de sus futuras víctimas. Entre enero y abril anunció tiroteos contra colegios, ayuntamientos, bibliotecas, asociaciones, organismos públicos y centros de ocio.

La detención se produjo, en realidad, el 16 de julio, cuando la Guardia Civil, los Mossos d'Esquadra y la Ertzaintza registraron dos inmuebles vinculados al adolescente. Interior lo presentó después como el "principal referente en España" de 764. Nuevamente, el episodio llevaba a preguntarse si el menor era en verdad un extremista violento en ciernes o un pobre diablo con la cabeza desmochada (o una mezcla de ambas cosas).

Más aún: ¿qué significa realmente "pertenecer" a 764? Porque, a diferencia de ETA, Al Qaeda o el propio Daesh, nadie rellena un formulario de ingreso, nadie recibe un carné y nadie jura obediencia a un jefe. 764 se parece menos a una organización que a un bicho. No ocupa un territorio: coloniza imaginarios.

Los agentes le atribuyen campañas de "doxing" —obtención y difusión de datos personales— y "swatting" —avisos falsos de emergencias graves— contra al menos dos personas, una en Euskadi y otra en Cataluña, y sostienen que participaba en chats donde menores vulnerables eran empujados hacia humillaciones extremas.

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Simbología relacionada a la red 764Redes Sociales / Guardia Civil
No se informó del hallazgo de armas, explosivos ni preparativos materiales para una matanza. Pero ése es precisamente el escenario que inquieta a los especialistas que siguen a 764 y The Com: que uno de estos adolescentes consiga un arma y ese cóctel de perturbación psíquica y nihilismo desemboque en algo parecido a Southport.

Antes del caso guipuzcoano y del expediente de la Audiencia Nacional, la marca 764 ya había aparecido otras dos veces en España.

Concretamente, el 27 de noviembre de 2025, en el campus de Tafira de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, un correo firmado por un supuesto integrante de la red anunció una matanza y obligó a desalojar preventivamente dos facultades. Hasta donde se sabe, todo lo que había era un buzón de correo electrónico, un individuo necesitado de ayuda terapéutica y una firma internacional utilizada para infundir miedo. Jamás fue identificado.

Ese mismo año, el 27 de febrero de 2025, un joven de 23 años provocó la suspensión de las clases en 27 centros educativos de Chiva, Cheste, Buñol, Yátova, Turís y Siete Aguas enviando un correo en el que prometía cancelar «a tantas personas como fuera posible». También decía pertenecer a 764.

La Guardia Civil lo detuvo en un centro de atención psicológica de Paterna. Dos días más tarde, después de que fuera examinado por un médico forense, un juez ordenó su ingreso en una unidad psiquiátrica hospitalaria.

En suma, cuatro casos conocidos, mucha violencia verbal, mucho desequilibrio mental y ninguna estructura española plenamente iluminada, lo que no significa que 764 sea una extravagancia. La red fue creada en 2021 por Bradley Chance Cadenhead, un adolescente de Stephenville, Texas, que tomó el nombre de los tres primeros números del código postal de su ciudad. Cadenhead acabó condenado a 80 años de prisión, pero para entonces había construido una gramática del sadismo que cualquier usuario podía copiar sin pedir permiso a nadie.

764 funciona como una franquicia sin sede central. Sus miembros y admiradores buscan a menores vulnerables en redes sociales, plataformas de videojuegos y aplicaciones de mensajería. Se aproximan con el lenguaje de la amistad, consiguen una imagen íntima o una confesión comprometedora y cierran la trampa. A partir de ahí comienza el descenso: fotografías sensual, autolesiones, nombres grabados en la piel, animales torturados, humillaciones retransmitidas y amenazas contra familiares.

 
Al margen de si esta noticia es del todo real o una exageración, sí que es cierto que los menores suelen ser bastante más sádicos. En un conflicto bélico, si te quedas a merced del enemigo y este es un menor, él no va a tener piedad, no se le va a activar ningún mecanismo de empatía.
 
El de la red 764 era un libanés o sirio, el típico friki que vivía en UK, había otro en Alemania y otro en Canadá, esos eran los más importantes pero había más. Ellos no hacían nada, chantajeaban a otros, generalmente adolescentes, para que cancelar a otros niños y/o se suicidaran. La red esa ya la desarticularon hace años Interpol, FBI, NSA... No hay duda de que es un intento de incivil a la extrema derecha aunque han mezclado cosas de forma poco rigurosa.
 
Algunos os pensabais que el ateismo era una broma.
La figura del dios cristiano se creó para evitar esto.
 
Al margen de si esta noticia es del todo real o una exageración, sí que es cierto que los menores suelen ser bastante más sádicos. En un conflicto bélico, si te quedas a merced del enemigo y este es un menor, él no va a tener piedad, no se le va a activar ningún mecanismo de empatía.
Has leído "El señor de las moscas"?
Te gustará...
Un saludo y cuidaos...
 

Menores españoles ultrasádicos de la red 764 a mitad de camino de Satán y del psiquiatra: la policía española teme que su delirio encuentre un arma​

Adornan sus amenazas con pentagramas y esvásticas, pero su programa de acción consiste esencialmente en un perturbado culto nihilista a la violencia. De los cuatro casos relacionados en España con la red 764, uno terminó en una unidad psiquiátrica hospitalaria, otro en internamiento terapéutico cautelar, un tercero en un centro especializado para menores y, en Canarias, el autor ni siquiera llegó a ser identificado públicamente


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Frase en la pared en mención a la red 764 creada por Bradley Chance.Redes Sociales / Guardia Civil
Ferran Barber

Actualizado Martes,11agosto2026-00:06
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A principios de año, el abogado Antonio Sánchez Marquet se dirigió a la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional para pedir que revocara el internamiento terapéutico cautelar en régimen cerrado de su cliente: un muchacho de 15 años al que la Fiscalía investigaba por un presunto delito de autoadoctrinamiento extremista violento. El Ministerio Público no tenía la menor duda de que el fruta consumía, editaba y difundía propaganda del Daesh, buscaba manuales para fabricar explosivos, glorificaba atentados e intentaba contactar con miembros del Estado Islámico.

La defensa no negó los hechos pero subrayó que eso no implicaba que hubiera cometido acciones delictivas. Literalmente, Sánchez Marquet describía las afirmaciones del menor como "las fantasmadas adolescentes de alguien que sufre un problema psiquiátrico" y "siente fascinación por los asesinatos y por la violencia en general, lo que a su vez implica una patología extraña".

Era, visto así, un pobre chiquillo con problemas mentales que había convertido el asesinato en una obsesión, igual que otros pasan las tardes viendo vídeos de parkour.

Pero la Audiencia Nacional no le compró la tesis al abogado. Para los magistrados, el adolescente no era un curioso ocasional que se asomaba al pavor desde la pantalla de su móvil. Había sido detectado ya con trece años en los mismos ecosistemas y, dos años después, seguía administrando cuentas desde las que consumía y repartía esa inquietante propaganda tóxica.

El menor no sólo buscaba la manera de unirse al Estado Islámico. También decía pertenecer a la red 764, que es una comunidad nacida en los sótanos de internet donde el prestigio se mide por la capacidad de humillar, manipular o destruir a otros adolescentes.

En uno de sus mensajes proponía pasar a la acción y escribió: "Seríamos los más vergas si lo hiciésemos". Su universo mental parecía una estantería cochambrosa donde convivían sin orden ni concierto el yihadismo, el neonazismo y la fascinación por las matanzas. No había en la cabeza de ese chico una ideología sólida, sino una identidad completamente rota, una jaula de grillos furiosos conectados por la hiperviolencia.

(imagen visible para usuarios registrados)
Dibujos relacionados con la red 764 en el cuaderno de un detenido en España.Redes Sociales / Guardia Civil
¿En verdad son peligrosos los menores que desde hace un par de años invocan en España el nombre de la Red 764? Digamos que la policía española se lo está tomando muy en serio.

El pasado 2 de agosto, se dio a conocer el caso de otro menor guipuzcoano, de 17 años, que llevaba meses dejando mensajes violentos en internet como quien marca con tiza las puertas de sus futuras víctimas. Entre enero y abril anunció tiroteos contra colegios, ayuntamientos, bibliotecas, asociaciones, organismos públicos y centros de ocio.

La detención se produjo, en realidad, el 16 de julio, cuando la Guardia Civil, los Mossos d'Esquadra y la Ertzaintza registraron dos inmuebles vinculados al adolescente. Interior lo presentó después como el "principal referente en España" de 764. Nuevamente, el episodio llevaba a preguntarse si el menor era en verdad un extremista violento en ciernes o un pobre diablo con la cabeza desmochada (o una mezcla de ambas cosas).

Más aún: ¿qué significa realmente "pertenecer" a 764? Porque, a diferencia de ETA, Al Qaeda o el propio Daesh, nadie rellena un formulario de ingreso, nadie recibe un carné y nadie jura obediencia a un jefe. 764 se parece menos a una organización que a un bicho. No ocupa un territorio: coloniza imaginarios.

Los agentes le atribuyen campañas de "doxing" —obtención y difusión de datos personales— y "swatting" —avisos falsos de emergencias graves— contra al menos dos personas, una en Euskadi y otra en Cataluña, y sostienen que participaba en chats donde menores vulnerables eran empujados hacia humillaciones extremas.

(imagen visible para usuarios registrados)
Simbología relacionada a la red 764Redes Sociales / Guardia Civil
No se informó del hallazgo de armas, explosivos ni preparativos materiales para una matanza. Pero ése es precisamente el escenario que inquieta a los especialistas que siguen a 764 y The Com: que uno de estos adolescentes consiga un arma y ese cóctel de perturbación psíquica y nihilismo desemboque en algo parecido a Southport.

Antes del caso guipuzcoano y del expediente de la Audiencia Nacional, la marca 764 ya había aparecido otras dos veces en España.

Concretamente, el 27 de noviembre de 2025, en el campus de Tafira de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, un correo firmado por un supuesto integrante de la red anunció una matanza y obligó a desalojar preventivamente dos facultades. Hasta donde se sabe, todo lo que había era un buzón de correo electrónico, un individuo necesitado de ayuda terapéutica y una firma internacional utilizada para infundir miedo. Jamás fue identificado.

Ese mismo año, el 27 de febrero de 2025, un joven de 23 años provocó la suspensión de las clases en 27 centros educativos de Chiva, Cheste, Buñol, Yátova, Turís y Siete Aguas enviando un correo en el que prometía cancelar «a tantas personas como fuera posible». También decía pertenecer a 764.

La Guardia Civil lo detuvo en un centro de atención psicológica de Paterna. Dos días más tarde, después de que fuera examinado por un médico forense, un juez ordenó su ingreso en una unidad psiquiátrica hospitalaria.

En suma, cuatro casos conocidos, mucha violencia verbal, mucho desequilibrio mental y ninguna estructura española plenamente iluminada, lo que no significa que 764 sea una extravagancia. La red fue creada en 2021 por Bradley Chance Cadenhead, un adolescente de Stephenville, Texas, que tomó el nombre de los tres primeros números del código postal de su ciudad. Cadenhead acabó condenado a 80 años de prisión, pero para entonces había construido una gramática del sadismo que cualquier usuario podía copiar sin pedir permiso a nadie.

764 funciona como una franquicia sin sede central. Sus miembros y admiradores buscan a menores vulnerables en redes sociales, plataformas de videojuegos y aplicaciones de mensajería. Se aproximan con el lenguaje de la amistad, consiguen una imagen íntima o una confesión comprometedora y cierran la trampa. A partir de ahí comienza el descenso: fotografías sensual, autolesiones, nombres grabados en la piel, animales torturados, humillaciones retransmitidas y amenazas contra familiares.

Menores españoles.
 
Tres meses 24/7 asfaltando carreteras de 8 a 18 h y se les quitan las ganas de pensar en estas cosas..... Eso sí, luego alguien comete un delito grave y no paga "por enfermo mental".......mucho garrote falta.
 

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